El populismo ya llegó hasta Wall Street
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El populismo ya llegó hasta Wall Street

YieldStreet apuesta a invertir en préstamos exóticos para abarcar a pequeños inversionistas.

Por Josh Saul y Claire Boston
03/12/2018
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Bloomberg Businessweek

En su oficina de Manhattan, Milind Mehere tiene a disposición de las visitas varias copias del libro de J.D. Vance, 'Hillbilly: una elegía rural', una historia que habla sobre la pobreza de la clase trabajadora en Estados Unidos. Mehere también habla sobre cómo las personas comunes son excluidas de las oportunidades para crear riqueza. "Si no cambiamos fundamentalmente la forma en que ahorramos, invertimos y ganamos dinero como sociedad, habrá anarquía en veinte o treinta años", asegura.

Tácitamente nos está vendiendo una idea: que YieldStreet Inc., su compañía de inversión en línea, puede ayudar a democratizar las finanzas, ofreciendo alternativas normalmente reservadas para multimillonarios y fondos. Por ahora, su nueva empresa de financiamiento colectivo ofrece servicios a clientes con posibles inversores acreditados, aquellos que poseen un patrimonio neto de un millón de dólares o ganan al menos 200 mil dólares al año.

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Fundada en 2015 por Mehere y otros dos empresarios de Wall Street, YieldStreet ha sido el vehículo para que los inversores pongan más de 500 millones de dólares en exóticos títulos de deuda. Desde su inicio, las inversiones tienen una tasa interna de retorno esperada de casi 13 por ciento y hasta la fecha no han perdido capital.

En el mismo periodo, el S&P 500 se apreció 9.3 por ciento a tasa anual. Gracias al apetito de rendimiento de los inversores individuales, algunas ofertas se agotan en segundos.

Mehere busca comercializar las inversiones en un público más amplio y los reguladores parece que lo permitirán. El presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), Jay Clayton, señaló en agosto que estaba considerando relajar los criterios para los inversores acreditados. Mientras, YieldStreet ya analiza la estructura de un fondo de inversión que admita a inversores no acreditados.

Todo ello causa nerviosismo, porque lo que vende YieldStreet es, por decir lo menos, inusual. Muchas ofertas involucran el financiamiento de litigios o pleitos judiciales, donde los inversores adelantan dinero en bufetes de abogados o demandantes que esperan un jugoso acuerdo. También está el financiamiento marítimo, donde los inversores participan en préstamos para buques de carga que transportan carbón o grano, o se benefician de un acuerdo en el que los buques se venden como chatarra. Cada oferta está respaldada con garantía, pero a veces eso significa la obligación de un litigante de pagar a los inversores si existe un acuerdo, o el valor de desguace de un buque.

¿Cuántos inversores individuales están preparados para navegar esos mares? Incluso inversores acreditados podrían no estar en condiciones de perder toda su inversión, como bien advierte YieldStreet que puede ocurrir. Debido a que el patrimonio neto y los criterios de ingresos anuales no se ajustan a la inflación desde que se fijaron en 1982, una amplia franja de personas está calificada para poseer títulos de YieldStreet. "El porcentaje de inversores acreditados para quienes esos títulos son adecuados es bastante pequeño", dice Barbara Roper, directora de protección del inversor de la Consumer Federation of America. "Les gusta dar ese tinte populista", agrega, "pero esto no pertenece a ninguna parte de la cartera del pequeño inversor típico".

La compañía, con más de 50 empleados, afirma que sus ofertas proceden de veteranos de la industria que se las llevan a YieldStreet, pero en muchos casos emanan de las otras empresas de los fundadores. De las 109 ofertas en su sitio web, 61 se originaron en las firmas operadas por ellos. De ellas, 44 son del inventario existente de LawCash, una de las firmas. En documentos de la SEC, YieldStreet dice que el doble papel de los fundadores crea un conflicto de interés debido a su patrocinio o empleo, tanto en YieldStreet como en la compañía que patrocina o administra los préstamos ofrecidos. YieldStreet afirma que nunca pasará, pero existe la posibilidad de vender ofertas menos atractivas a aquellos inversionistas que estén enterados del conflicto si leen un documento regulatorio de 31 páginas en el sitio web de YieldStreet.

La firma sostiene que tiene medidas para abordar conflictos potenciales, como no permitir que los fundadores con doble función participen en las discusiones sobre sus ofertas. Lindsey Fielding, quien maneja el marketing y las relaciones con inversionistas, dice que YieldStreet se benefició de los antecedentes que tienen sus ejecutivos en activo, y que los inversionistas "están por encima" de los ejecutivos a la hora de cobrar. Conforme la compañía ha crecido, agrega, las ofertas llegan de más fuentes.

La historia de YieldStreet comenzó cuando Mehere unió fuerzas con Dennis Shields y Michael Weisz para crear una plataforma digital. Shields fundó LawCash, que financia a litigantes y es el creador de docenas de ofertas de YieldStreet que consisten en otorgar anticipos de dinero a demandantes que esperan un acuerdo en casos de lesiones personales (Shields, quien no tenía un rol operativo en YieldStreet, murió en agosto). A principios de 2018, LawCash y otro prestamista pagaron 2 millones 300 mil dólares para resolver una impugnación legal del fiscal general de Colorado, quien los acusó de cobrar un interés abusivo del 100 por ciento.

En 2013, Shields y Weisz fundaron Soli Capital, una compañía de financiación que creó títulos para YieldStreet de todo tipo, como líneas de crédito para bufetes de abogados y para compañías de autos de alquiler.

Weisz trabajó de 2009 a 2013 como analista en una unidad de Centurion Credit Management, un fondo hedge que en 2011 se volvió parte de Platinum Partners. Fiscales más tarde acusarían a seis ejecutivos de Platinun de defraudar a inversores. Weisz dice que la unidad en la que trabajó no tenía relación con ninguno de los cargos penales; él no fue acusado de ningún delito ni cuestionado en el caso.

El sitio de YieldStreet deja a inversores examinar ofertas e invertir modestas cantidades. YieldStreet usa complejas estructuras que a menudo implican constituir una compañía de responsabilidad limitada que alberga un vehículo financiero creado para comprar un préstamo. La compañía luego emite “notas supeditadas al pago del deudor” a los inversores en el acuerdo. Todo esto es posible gracias a una buena dosis de desregulación, cortesía de la Ley Jumpstart Our Business Startups (JOBS) de 2012.

A los clientes no parece importarles la regulación. "Lo que me gusta de YieldStreet son sus ofertas un tanto únicas", dice Peter Renton, cofundador de LendIt Fintech, una compañía de medios que atiende a la industria de los préstamos en línea, el nicho en el que opera YieldStreet. Renton invirtió 35 mil dólares en una oferta de financiamiento de litigios en 2017 y está cobrando los intereses. "No se puede encontrar una inversión similar en otro lugar", dice.

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Y no exagera. Una oferta de 25 millones de dólares en junio dejó que inversionistas participaran en un préstamo a una compañía no identificada de capital privado, propiedad de una familia en Dubái y registrada en la isla caribeña de Nieves. La compañía adquiere barcos para venderlos como chatarra. Algunas partes del acuerdo son atractivas, como el interés objetivo del 10.25 por ciento después de comisiones. La oferta no revela quiénes son los prestatarios, pero la compañía y las garantías personales de sus directivos respaldan el préstamo. Un memo de 15 páginas disponible para los miembros de YieldStreet poco antes de que se abriera la oferta dice que los tres directores aseveran que su patrimonio neto colectivo es de 28 millones de dólares, pero que, "parte de la información puede estar incompleta, ser inexacta o intencionalmente falsa".

Así es como funciona el acuerdo: los 25 millones de dólares se prestan al prestatario no identificado, descrito solo como "uno de los principales compradores del sector del reciclaje de buques" y propiedad de una familia con más de 40 años de experiencia en el negocio de desguace. La compañía ateniense Global Marine Transport Capital, subsidiaria de la firma de inversiones Four Wood Capital Partners LLC, originó el acuerdo y actuará como administradora del préstamo. Durante un periodo de dos años, la compañía no identificada usará el dinero para comprar buques viejos, mientras YieldStreet limita la cantidad de dinero que se puede utilizar para cada buque. Las embarcaciones se venderán a los desguazadores de barcos, ubicados a menudo en India.

Los inversores reciben ocho pagos de intereses trimestrales y, después de dos años, el reembolso de su principal. ¿Qué puede salir mal? Los clientes están advertidos, las condiciones económicas globales pueden cambiar, o la sobreoferta de nuevos buques podría perjudicar el valor de los antiguos. YieldStreet gana una comisión de gestión del 1 por ciento en el acuerdo de desguace de buques y cobra hasta el 4 por ciento en otras de sus ofertas.

Ian Sigalow, cofundador y socio de la firma de capital riesgo Greycroft LLC, que invirtió en YieldStreet, dice que le gusta su misión de democratizar el mercado de deuda, que es cien veces más grande que el mercado bursátil pero está en buena parte acaparado por los inversores institucionales. Dice que YieldStreet ha tenido cuidado de no poner ofertas arriesgadas en el sitio. Las personas que usan la plataforma "son perfectamente capaces de comprender los riesgos y los retornos" de las ofertas de crédito respaldadas por activos, dice.

Roper, de la organización de protección al consumidor Consumer Federation of America, dice que Wall Street dijo lo mismo hace una década cuando titulizó y vendió las hipotecas basura que detonaron la crisis financiera. Algunos asesores financieros también son escépticos. Rob Hernández, un planificador financiero de Queens, dice que las inversiones alternativas de financiamiento colectivo pueden tener sentido para algunos de sus clientes más versados que buscan aumentar la rentabilidad de sus carteras. Él mismo ha invertido en préstamos inmobiliarios a través de PeerStreet, una plataforma enfocada en bienes raíces que compite con YieldStreet, pero le preocupa cómo se comportarían los activos en una recesión. "Es en un mercado bajista cuando vemos quiénes son los ganadores y los perdedores". YieldStreet dice que sus inversiones tienen una baja correlación con las acciones y que por lo general no se ven afectadas por la volatilidad del mercado.

William Reichenstein, profesor en la Universidad de Baylor, cree que se deberían evitar las inversiones alternativas y que sería mejor que compraran bonos de alta calificación para diversificar sus carteras. Las inversiones que ofrecen mayores rendimientos, conllevan mayores riesgos, dice.

Uno de los promotores de la Ley JOBS, el legislador republicano Patrick McHenry, dice que el modelo de negocio de YieldStreet no es lo que tenía en mente originalmente. Sin embargo, le gusta lo que ve y está a favor de relajar las leyes que restringen "enormes cantidades de actividad que deberían ser accesibles para los inversores de a pie". YieldStreet apoya que se flexibilice la definición de inversor acreditado. "Creemos que el concepto está obsoleto", dice Weisz, explicando que tenía sentido cuando el mercado era menos transparente. Si YieldStreet se sale con la suya, estará listo para crecer. No le falta ambición. "Creo que solo tenemos un competidor real", dice Weisz, "y ese sería Goldman Sachs".