La próxima crisis financiera quizá la tenemos en las narices
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La próxima crisis financiera quizá la tenemos en las narices

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La próxima crisis financiera quizá la tenemos en las narices

A medida que los recuerdos de la crisis se desvanecen, se ha encontrado que la semilla de la próxima crisis financiera ya está plantada, menciona Barry Ritholtz.

Bloomberg Por Barry Ritholtz
08/10/2018
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La crisis financiera desgarró a Wall Street hace 10 años, empujando a la economía global al borde del abismo.

Uno podría pensar que esas abrazadoras experiencias habrían creado una oportunidad de aprendizaje para manejar los riesgos de una mejor forma, comprender los desequilibrios estructurales en los mercados financieros, incluso aprender un poco sobre cómo nuestro propios procesos cognitivos funcionan mal.

En lugar de eso, tenemos poca sabiduría nueva o autoconciencia para reaccionar ante este traumático evento.

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Esa fue una de las conclusiones clave de una extraordinaria conferencia a la que asistí la semana pasada denominada Riesgo: lecciones retrospectivas y estrategias prospectivas, patrocinada en conjunto por el Instituto de Santa Fe y Morgan Stanley en Nueva York.

Me dejó entusiasmado, abrumado con ideas y curioso sobre cómo podemos hacerlo mejor como inversionistas.

Tomé notas, y nunca tomo notas. Cada tema de discusión tenía profundas implicaciones para los mercados capitales.

El panel de apertura, ‘Lecciones aprendidas’, tuvo al legendario operador de bolsa Bill Miller, al gerente de activos Cliff Asness y al periodista Bethany McLean haciendo el recuento de sus experiencias durante la crisis financiera. Me hizo sentir triste, enojado y esperanzado, todo al mismo tiempo.

Estamos acostumbrados a olvidar cuán impactante fue ese periodo.

Algunas de las conductas de Asness y Miller en diversos fondos de inversión institucionales fueron a la vez graciosas y espantosas.

Un gran fondo, que fue vendido en medio del colapso en contra de la recomendación de Asness, le dijo "No estamos con el 'timing' del mercado, pero probablemente regresaremos a las acciones de los Estados Unidos en primavera". Raramente Asness quedó impresionado.

De la misma manera, Miller contó su historia de la era de la crisis: presentó la idea de comprar bonos basura en diciembre de 2009 al comité de una gran firma de inversiones.

En ese momento, los bonos se cotizaban a 22 centavos por dólar; sin embargo, la idea fue rechazada por el comité porque era muy riesgosa. Cinco años después, el fondo compró los mismos bonos a un precio más elevado y con un riesgo mayor. (Miller no estuvo involucrado en esa transacción).

Estos errores le permitieron a Asness observar que "puedes tener un comité de 10 genios que prueban colectivamente ser idiotas"

El panorama del comportamiento financiero fue igualmente estimulante. Jessica Flack, del Instituto de Santa Fe, discutió la investigación en 'computación colectiva en la naturaleza' que tiene ramificaciones significativas para varias actividades híbridas máquina-humano. Fue difícil no escucharla discutir su investigación sin pensar que hay una advertencia para el comercio de inteligencia artificial.

El comportamiento financiero analiza lo que los actores económicos están haciendo con su dinero o lo que dicen que están pensando cuando toman decisiones financieras.

Colin Camerer, profesor de comportamiento financiero y economía en el Instituto de Tecnología de California, investigó los temas de neurofinanciación. Esto analiza lo que ocurre dentro del sistema cognitivo del ser humano cuando se toman decisiones de riesgo y recompensa.

Después de este panel, discutimos el tema de la falta de comprensión temporal entre inversores. Creo que los seres humanos sólo están experimentando una versión aproximada del ahora.

En realidad, el futuro y el pasado son falsos constructivos. El futuro es poco más que nuestras conjeturas erróneas acerca de un resultado que sobresale de muchas posibilidades; el pasado es un acertijo erróneo establecido de recuerdos, lleno de retención selectiva y sesgos impulsados ​​por el ego.

El trabajo de Camerer va mucho más allá que esto. Él utiliza varias tecnologías que ayudan a las personas a "imaginar de mejor forma cómo podrían ser los diversos futuros".

Una vez que podemos hacer que la gente visualice en la vida real el impacto de su conducta en un futuro, permite hacer cambios profundos en cómo se comporta. Considerando las implicaciones que esto tiene para las tasas de ahorro de los inversionistas para sus jubilaciones.

Hablando de los retiros, Charlie Ellis de Greenwich Associates y exmiembro de la junta directiva de Vanguard, habló sobre la inminente crisis de jubilación en EU, señalando que "el 84 por ciento de los fondos mutuos de EU tienen un rendimiento inferior al de su propio índice de referencia en un periodo de 10 años."

Incluso para las personas pensionadas que son adecuadamente financiadas, la combinación de costos elevados y su bajo rendimiento son como termitas comiendo la estructura de una casa. "No tenemos casi suficiente indexación (ordenar de una serie de datos con un criterio común para facilitar su análisis" dijo, "no estamos ni cerca".

Ellis ha estado presionando para aumentar la edad de retiro de 65 años, un número que dijo es un accidente histórico. Dadas las realidades financieras de una vida más larga, 70 es una edad de jubilación mucho más realista.

En el mismo panel, Henry Kaufmann de Salomon Brothers (también conocido como Dr. Doom), ahora de 91 años, hizo la observación de que, a pesar de que la desregulación era un factor importante en la crisis, a muchos les llevó menos de una década olvidar. "Un mercado financiero desregulado es como un zoológico sin barras (protectoras)", dijo.

A medida que los recuerdos de la crisis se desvanecen en tanto la economía se recupera, encontramos que ya se están plantando las semillas de la próxima crisis.

Son exactamente los mismos problemas de deuda y mal manejo del riesgo y no entendemos nuestras propias limitaciones. Al no aprender de nuestras experiencias anteriores, parece que estamos condenados a repetirlas. Solo tenemos a nosotros mismos como los culpables.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta directiva de Bloomberg y sus dueños, ni de El Financiero.