Una delicia para derretirse
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Una delicia para derretirse

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Una delicia para derretirse

Con más de 400 opciones, los quesos franceses son una delicia que debe estar en su mesa.

Lizbeth Hernández
14/05/2018
Los quesos franceses tienen más de 40 tipos.

Su degustación y disfrute no precisa un momento del día. Mañana, tarde o noche, los quesos ofrecen un abanico de posibilidades, no sólo por sus sabores, sino también por sus colores y consistencia. Para los franceses, que tienen más de 400 variedades, son un ingrediente indispensable en sus cocinas.

El chef Michel Bras asegura que la variedad obedece a que desde niños se fomenta el gusto por ese manjar. Agrega que cuando hay una verdadera convivencia en la mesa, el queso forma parte de ella. En el país galo hay opciones dulces para los niños, maduros para los paladares exquisitos y sutiles y balanceados para acompañar las comidas.

“Es un pilar cultural. Yo vivo en la región de Aubrac, donde hay 3 mil habitantes por kilómetro cuadrado, enormes pastizales y muchas vacas. Mi familia ha trabajado siempre en el campo, por ello el queso es esencia de nuestra casa”, explica.

Entre las variedades más conocidas están: comté, brie, camembert, emmental, mimolette y azul. La Unión Europea promociona en México la campaña Quesos de Europa, cuya finalidad es dar a conocer las características de sabor y maridaje de cada uno de ellos. Organizan eventos con cocineros reconocidos y ofrecen degustaciones en eventos y festivales culinarios.

“Hay que probarlos, son garantía de calidad y buena cocina. Quizá antes no había tanta familiaridad con sus sabores, pero ahora hay variedad de etiquetas y precios. Sobre todo son sabores originales que remiten lo mismo a la campiña que a un elegante salón de fiestas”, comenta Nicolás Commellec, coordinador de la campaña.

Bretaña es la región francesa en donde se produce más. Una sola rueda puede llegar a pesar 80 kilos, por lo que se vende en partes. Tiene hoyos al interior y es de color crema, su sabor es intenso y poco salado. Es ideal para sándwiches, sopas, bisquets y pastas. Sus sabores resaltan con vino de uvas chardonnay, riesling o merlot.

Su creación se atribuye al Ministro de Finanzas de Luis XIV, que buscaba un producto francés para reemplazar al Edam. El mimolette tiene polvo de semilla de planta de achiote, lo que le da un sabor dulce y su color naranja. Su textura y sabor cambian con el tiempo. Se puede acompañar con avellanas, uvas y carne de cerdo.

Tiene denominación de origen desde 1996. Sólo se produce en siete regiones y su añejamiento es de cuatro semanas en bodegas húmedas. En su interior tiene manchas grises y verdes que se desarrollan gracias al hongo penicillium roqueforti. Tiene un sabor salado y fuerte, va bien con miel, avellanas y peras. Se sirve en ensaladas y tartas.

Se hace en la en la región parisina del mismo nombre. Tiene una corteza blanca y al interior un color marfil. Siglos atrás sólo era consumido por la monarquía. Se puede guardar fácilmente en el compartimento para las verduras porque es el lugar más húmedo y menos frío. La forma más fácil para apreciar sus sabores es untándolo en galletas y pan.

Lo inventó la agricultora Marie Harel en 1791. Tiene una corteza suave de color blanco, se hace con leche de vaca de la raza Normande, y cada pieza pesa 250 gramos. Cuando el queso está maduro y está en su punto, aparecen pequeños agujeros en su interior. Es ligeramente salado, por lo que se ocupa en salsas, soufflé o con galletas y pan.

Es el que se consume más, tiene denominación de origen controlada y protegida. Se hace con leche de vacas que se alimentan con pasto y heno de la zona alpina de Jura. La maduración de sus ruedas tarda al menos cuatro meses. Se recomienda con vino blanco seco o cabernet sauvignon. Útil para pastas, ensaladas y sándwiches.