Los Ramones, el cerillo que encendió el punk
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Los Ramones, el cerillo que encendió el punk

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Los Ramones, el cerillo que encendió el punk

Punks, les llamaron. Un monosílabo que partió la historia del rock, pero tuvo significados culturales distintos en sus polos hegemónicos.

María Eugenia Sevilla
06/12/2018
The Ramones fue la contraparte estadounidense de los Sex Pistols.
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Nadie lo supo entonces, pero esa tarde de 1976, mientras Nueva York se distraía de la crisis económica entre cervezas y serpentinas por el bicentenario de su Independencia, a 5 mil 500 kilómetros, sobre dos escenarios distintos, algo estalló en el espíritu del tiempo.

Los Ramones dieron su primer concierto en Londres esa tarde –esa noche– de 1976. Tocaron en el Round-house, mientras en Sheffield los Sex Pistols alternaban con una banda que debutaba en público: The Clash. El choque. Nombre auspicioso el de la banda emergente: aquel encuentro, aunque distante, prendió la mecha para la explosión que quebró por la mitad la década de los 70 en los dos polos hegemónicos del rock.

Punk, le llamaron. Un monosílabo que nunca significó lo mismo en ninguna de las dos tierras.

Es curioso que los dos iconos que se conocen como los padres del punk, los primogénitos Ramones, en EU, y los Sex Pistols, en el Reino Unido, no se reconozcan, ninguno, como punks. Los primeros, porque se veían a sí mismos como una banda de rock and roll, surf y pop “a 100 kilómetros por hora”; los segundos porque –para Rotten, su vocalista– terminaron por encarnar todo aquello a lo que se oponían.

Lo cierto es que ambos son las estatuas ecuestres de aquella revolución que descarriló aquel tren con sobrecarga que era la música de la época –del progresivo más sofisticado al pop “más insípido de la historia”, dice el historiador Bob Stanley– y que en el territorio británico reordenó eso que Foucault llamó el estar-juntos.

Pero, ¿quién llevaba el cerillo en la mano?

Nueva York fue primero

En 1974, Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy debutaron en el mítico CBGB bajo el apellido Ramone –un tributo al alias que utilizaba Paul McCartney para registrarse en hoteles–, jeans escurridos, chamarra negra y melena oscura, y le dieron al sentimiento de una juventud urbana ávida de sacudirse el impasse musical y anímico de la hora en que más pegaba la crisis mundial del petróleo en un país que se rendía en Vietnam.

“Sus canciones eran una reacción al Hit Parade y la música disco que se escuchaba a diario en la radio; cortas, rápidas y sin solos, directas al estómago; ni siquiera en sus letras puede encontrarse un mínimo rasgo de complicación”, explica el crítico musical Octavio Echávarri. “Sintetizaron el estruendo de The Who y MC5, la velocidad y el primitivismo de Iggy & The Stooges y The New York Dolls –éstos últimos manejados por Malcom McLaren, el creador de los Pistols– y las reflexiones sombrías del rock garage de los 60, en algo crudo, con melodías rudimentarias y letras absurdas, adolescentes”, detalla.

Carecían de la carga política que los Pistols, surgidos un año después que ellos del otro lado del Atlántico, dirigían a la juventud desempleada y “sin futuro” de su país (God Save The Queen, Anarchy in the UK). La neoyorquina era una rebeldía que expresaba su displicencias en títulos como Now I Wanna Sniff Some Glue o I Wanna be Sedated. “Para chavos, sin compromiso social”, comenta Echávarri

¿No llegamos a Pittsburgh, pero nos quieren en Londres?

Identificados por la industria como punks o grupos basura, de cochera, que emergían en las grandes urbes, los Ramones llegaron a Londres en el 76, el mismo año en que lanzaron su primer disco homónimo. Dieron dos conciertos. El impacto fue inmediato.

“La escena punk británica estalló. Personajes como Johnny Rotten o Joe Strummer quedaron impactados ante su despliegue de energía”, observa el promotor musical.

Danny Fields, primer manager de los Ramones –y figura clave del punk americano, que manejó también las carreras de los MC5, los Stooges, Bowie y Patti Smith– contó a The Guardian en 2016: “Ese viaje sucedió porque Seymour y Linda Stein, quienes dirigían Sire Records, tenían buenas conexiones en Londres, donde vivían una parte del año. Cuando me preguntan qué sabíamos de la escena londinense, pues nada. Y qué pasó cuando nos fuimos, tampoco. Estábamos en Nueva York. Pero fue maravilloso que Johnny Rotten preguntara si era seguro pasar al camerino o la banda lo golpearía”.

Entonces el término punk en Inglaterra aún no señalaba al movimiento desatado por los Pistols, quienes cargan con el peso de ser una fabricación de McLaren. Lo que no es del todo justo, considera Echávarri, pues si bien como empresario McLaren supo oler el éxito que tendría el concepto neoyorquino en Inglaterra, el movimiento, que él pensó como una moda, se le fue de la manos al toparse con la crisis de la era Thatcher.

Los Ramones pueden o no haber inventado el punk rock. Lo que es un hecho –destaca– es crearon un estilo que sería seguido por una gran cantidad de grupos que surgieron gracias a ellos. Nunca intentaron adaptarse a los tiempos, y eso les ayudó a sobrevivir por poco más de dos décadas sin apenas cambiar su fórmula musical”.

Corta, simple e inciendiaria. Como un cerillo en la mano.