Neruda inédito
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Neruda inédito

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Neruda inédito

Publicamos un texto inédito del gran poeta de América, rescatado con la nueva edición de 'Confieso que he vivido' (Seix Barral).

Redacción
12/02/2018
Actualización 12/02/2018 - 18:07
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Esto es lo que Pablo Neruda pensaba de el cuento de Chamisso.Alejandro Gómez

Leí en mi juventud con escalofríos el cuento de Chamisso sobre el hombre que vendió su sombra. Para mí era el momento más grave aquel en que arreglada la transacción, el Diablo se agachaba y cuidadosamente enrollaba la sombra del hombre que la había vendido.

Siempre me pareció que algunos grandes poetas vendieron, de una manera u otra, la sombra que les acompañó. Esta fue recortada del suelo, enrollada, disminuida y arrancada a su propietario por diversos diablos, entre los cuales estuvieron la moda del momento, la intrascendencia sin ambición, el salón literario y a veces también el paulatino soborno de la burguesía.

Heredamos de Maiakovski su incompleta poesía y su vastísima sombra.

Es la imagen del poeta que no venderá su sombra, que la usará toda su vida abrigándose con ella como con una capa y durmiendo envuelto en aquella sombra personal que hacía destacar cada uno de sus actos y de sus sueños en blanco y negro con la dramática luz y oscuridad de su persona insustituible.

Su poesía, desde fuera, nos parece incompleta porque la muerte la cortó con su espantosa tijera. Mientras tanto la Unión Soviética creció de manera prodigiosa. Hace falta el poema de Maiakovski sobre Valentina, la cosmonauta, la mujer que fue más lejos y más alto que todas las mujeres de la historia humana. Solo Maiakovski tendría esos tonos como disparos para celebrar la nave espacial. Estos poemas que no alcanzó a escribir ya nadie podrá hacerlo porque él tenía la apostura imperiosa del cosmonauta y hasta sus poemas de amor y de combate tienen sustancias cósmicas. Él arreba tó a su tiempo tantos materiales nuevos con el énfasis de un conquistador y la elocuencia que es su gran atributo, que la poesía cambió con su entrada y salida como si hubiera sobrevenido una tempestad natural.

Si a cada revolución corresponde más de un poeta, por que la poesía se electriza en el movimiento humano, no todas las revoluciones se hacen cuerpo, sangre y alma en un poeta como en el caso de Maiakovski.

La gran palpitación humana de la Revolución de Octubre quedó viva en su poesía de tal manera que sus cantos son acontecimientos, sucesos memorables con los cuales hay que contar. En revoluciones anteriores un poeta dio una canción o muchos otros dieron adhesiones sonoras más o menos logradas. Maiakovski en tregó su alma turbulenta, que se consumió de arriba abajo, entregando su poesía como un material deslumbrante para la construcción socialista.

Por eso la sombra de Maiakovski es tan incalculable y no se gasta, sino que se acrecienta.

Esta sombra pasa el Ecuador y llega como cola de cometa a los arrabales perdidos de América Latina, iluminando la conciencia del joven escritor. Esta sombra sale de una biblioteca echando abajo, en forma ruidosa, muchos volúmenes de palabras dogmáticas. Irrumpe en las luchas callejeras y entra como influencia sutil en la conducta de los seres. Esta sombra es a veces como una espada y otras veces es como una naranja, tiene el color del verano.

Los poetas de mi generación intentamos dejar a Maiakovski como un buen clásico, muy bien ordenado en el anaquel. Pero su pésima educación lo hace salirse cada día de su sitio y tomar parte con nosotros en los combates y en las victorias de nuestro tiempo. Es que Maiakovski fue por sobre todo un buen compañero.

Un gran compañero para todas las latitudes, para todas las razas, para todos los pueblos, para todos los poetas.

Y un maestro para los poetas de todas las latitudes, de todas las razas, de todos los pueblos.