Phil Collins, ¿muerto? Él dice 'aún no'
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Phil Collins, ¿muerto? Él dice 'aún no'

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Phil Collins, ¿muerto? Él dice 'aún no'

Tras el éxito que lo convirtió en una súper estrella y el desprecio de sus detractores, Phil Collins regresa de un oscuro viaje con la gira Not Dead Yet.

María Eugenia Sevilla
09/03/2018
Actualización 08/03/2018 - 22:51
El nombre de la gira del baterista inglés es 'Not Dead Yet'.
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Al lado de Yoko Ono, Phil Collins es el personaje que tiene más detractores en el mundo del pop. Y del rock como tal.

Ha recibido vituperios de aquí y de acullá: desde los progresivos recalcitrantes que dejaron de seguir a Genesis por su culpa, hasta los amantes del mainstream que a lo largo de una década terminaron por empalagarse con sus canciones de abandono y desamor.

Tanto fue el odio que recibió a través de los medios que, aseguró hace unos años en varias entrevistas, pensó en suicidarse. Cuando se retiró de los escenarios dejó clara su depresión. Tuvo que dejar la batería tras sufrir una lesión en las cervicales que le afectó la movilidad desde 2007. Estaba también medio sordo, y se sentía despreciado.

En 2010 le dijo a Rolling Stone que sólo por sus hijos, no cedía a la tentación de matarse. “No me volaría los sesos. Me daría una sobredosis o algo que no doliera”.

Anunció su retiro en 2011. Ya no importaban sus discos de diamante de los 80 –cuando la categoría significaba 10 millones de copias vendidas-, ni que hubiera comercializado más de 150 millones de ejemplares a lo largo de su carrera y fuera uno de los tres artistas con mayores ventas en el mundo, junto a Michael Jackson Paul McCartney.

“A veces pienso que voy a sacar a este personaje Phil Collins de la historia. Sólo desaparecerá, o aparecerá asesinado en algún cuarto de hotel, y la gente dirá: ‘¿Qué le pasó a Phil?’ Y la respuesta será: ‘Lo mataron, pero, bueno, sigamos”, declaró a la revista.

“Nadie me extrañará”, le dijo también FHM, a propósito de su idea de borrarse del mapa, después de tres años de darse al alcoholismo de sofá en su casa de Ginebra, Suiza, y de refugiarse en su pasión por la Guerra Civil estadounidense.

La raíz del odio

Todo comenzó con la salida de Peter Gabriel como front man de Genesis, en 1975. Después de innumerables audiciones, la banda decidió llevar al frente a su baterista fundador, quien comenzó a aligerar el peso de sus hasta cierto punto conceptuales composiciones progresivas.

“Se ganó muchos detractores porque la gente del progresivo no perdona que Genesis se haya ido al pop”, opina Adrián Oropeza, como Collins, baterista, reconocido en el ámbito del jazz mexicano.

Al cabo de tres discos, el sonido de la banda era claramente otro, las larguísimas piezas comenzaron a ser más cortas, aptas para la radio.

“Desde el disco Then There Were Three (cuando el guitarrista Steve Hackett dejó la banda), el cambio musical del grupo fue notorio”, afirma el crítico musical Octavio Echávarri.

Más allá de los juicios de gusto, la crucifixión de Collins es injusta, sostiene Echávarri. “No se puede negar que le cambió el sonido a Genesis, pero pocos se detienen a pensar que él no daba órdenes: sus compañeros estuvieron de acuerdo”.

Es posible que la carrera en solitario del autor de Sussudio influyera en el nuevo sonido del grupo, advierte el promotor musical. “El hecho de que tuviera tanto éxito desde Face Value, su primer disco solista, permeó en que Tony Banks (teclados) y Mike Rutherford (guitarra/bajo) quisieran también ingresar al mainstream”, considera Echávarri. Después de aquel debut solista de 1981, Rutherford creó Mike and The Mechanics, un grupo de pop, y Banks lanzó sencillos que sonaron en la radio.

Genesis no fue la única banda que sucumbió al mainstream. Ese tipo de rupturas se extendieron a mediados de los 80, cuando muchos líderes abandonaron sus agrupaciones y emprendieron proyectos alternos o solistas con una exploración distinta, como Sting, Mick Jagger, Keith Richards, Peter Cetera, Glenn Frey o Don Henley.

La batería que cambió el pop

Phil Collins también trasformó las texturas sonoras de su instrumento y con ello impactó a toda una generación de músicos en los años 80.

En su libro Yeah! Yeah! Yeah! La historia del pop moderno, Bob Stanley recuerda: “el sonido de su batería -que en 1981 había sido una rareza- infectó todo el pop”.

El efecto “crujiente” –describe Stanley- que desarrolló con el ingeniero de audio Hugh Padham -quien aplicó a los tambores un micrófono que normalmente se usaba para la comunicación interna en el estudio- se conoce ahora como gated reverb, y pronto fue adoptado por los productores del momento.

“Los estudios se remodelaron y se quedaron en los huesos: se retiraron todos los revestimientos acolchados típicos de los 70 para acomodar ese sonido descarnado y sin bajos”; un recurso que, advierte el periodista y escritor, no todos los bateristas podían sobrellevar como Collins, quien siendo jazzista (formó parte del grupo de fusión Brand X en los 70), sabía paliar la brutalidad de aquel efecto.

Esa textura que partió aguas es la que se escucha en la entrada de su éxito de 1981 In the Air Tonight. “Es sencillamente, el fill de batería más épico del pop”, resume Gabriel Puentes, uno de los bateristas de jazz de mayor prestigio en México.

“Phil Collins es tremendamente subvalorado, porque mucha gente sólo lo conoce como artista pop de ventas multimillonarias, pero es un zurdo de esos temibles, un genio de una generación de ingleses que sabía lo que hacía y tenía mucho que decir”, afirma.

Collins fue invitado a tocar en la reunión que tuvo Led Zeppelin en el concierto Live Aid, en 1985, y el único músico que tocó los dos escenarios trasatlánticos (Londres y Filadelfia) donde se llevó a cabo -para lograrlo, viajó en el avión supersónico Concorde-.

Otro aspecto poco reconocido de Collins es su rescate del soul -considera Echávarri-, un género que permea su producción pop. “Es un soul muy fino”.

Ya en el nuevo milenio, rescató a músicos como los Funk Brothers, con quienes trabajó el disco Going Back (2010) que incluye covers de Motown, y que grabó con músicos de la big band que formó en 1996.

Pese al éxito arrollador de sus cuatro primeros discos solistas -o precisamente debido a él-, las transformaciones musicales que llegaron con Nirvana y el sonido madchester en los 90 desplazaron el gusto. El sello sonoro de Collins había saturado el mercado, y sus temáticas también: la experiencia de sus tres divorcios, que inspiraron sus canciones de forma recurrente, ya sólo gustaban a los cuarentones que frecuentaban los bares de música estilo adulto contemporáneo. Para cuando sacó Both sides –álbum que no tuvo sencillos- en 1993, comenzó el declive que se acentuó con Dancing to the Light, de 1996. Testify, de 2002, ni pintó.

Collins es tremendamente subvalorado porque mucha gente sólo lo conoce como artista pop
Gabriel PuentesBaterista de jazz

Después de su periodo depresivo y su retiro temporal, fue en 2015 cuando anunció su regreso a los escenarios, con el lanzamiento de su biografía: Not Dead Yet (Todavía no estoy muerto).

El artista que tocará esta noche en el Palacio de los Deportes no es el mismo que abría los conciertos a doble batería junto a Chester Thompson (Genesis, Frank Zappa, Weather Report). Pero es el mismo que se amarró las baquetas al antebrazo para, ya enfermo, grabar él mismo su disco Testify.

“La gente va asistir, sí, al ocaso de un grande, pero con un espectáculo musicalmente impecable, a la altura de una figura que, como dice el título de la gira, aún no ha muerto”, considera Echávarri.