El ‘héroe’ mexicano de los Olímpicos de Invierno ahora va por Beijing 2022
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El ‘héroe’ mexicano de los Olímpicos de Invierno ahora va por Beijing 2022

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El ‘héroe’ mexicano de los Olímpicos de Invierno ahora va por Beijing 2022

En entrevista, el esquiador que ondeó con orgullo la bandera de México al llegar en último lugar en Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang, platicó sobre sus planes a futuro y también sobre su autoexilio de México a causa de la delincuencia organizada.

Alain Arenas | Eduardo Bautista
12/03/2018
Actualización 12/03/2018 - 1:28
El esquiador queretano Germán Madrazo ondea la bandera de México en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang 2018.

La competencia que tuvo en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang –reconoce- no fue la adecuada. Dice que se sobreentrenó y que debió darle prioridad a sus periodos de descanso antes de realizar la prueba de esquí cross country, en la que concluyó en el lugar 116 con tiempo de 59:35.4, 25 minutos por detrás del suizo Darío Cologna, quien ganó la medalla de oro.

Germán Madrazo revela que su plan es estar de una u otra forma en los Juegos Olímpicos Invierno de Beijing 2022, aunque no necesariamente como atleta. “No me engaño. En la inauguración de las siguientes Magnas Justas tendré 47 años. No seré un jovencito”, admite. Es por eso que ya planea su plan para el siguiente ciclo olímpico.

 ¿Cómo surgió la idea de ser entrenador?

 Siento que tengo la responsabilidad para que crezca el cross country en este país, luego de que fui el primer mexicano en calificar a unos Juegos Olímpicos en esta disciplina. Si no lo hago, prácticamente mi participación será anecdótica. Mi idea es que en estos primeros años del ciclo olímpico encuentre, por lo menos, un prospecto que tenga el potencial de ir a los Juegos Olímpicos. Aunque si no tengo suerte, me prepararé para buscar yo mismo la clasificación a China.

 ¿Cómo reclutará a los prospectos?

 Me han contactado por medio de redes sociales y ya tengo algunos que podrían ser mis alumnos. No solamente me han buscado mexicanos; también extranjeros. Aunque me gustaría que el perfil fuera únicamente de compatriotas que viven en el país, porque la idea es impulsar el deporte en territorio nacional.

 México no cuenta con nieve, ¿en dónde practicarían la disciplina?

 En el país tendríamos que elegir el roller esquí –una modalidad de esquí en patines sobre ruedas que se corre sobre asfalto y que es similar al cross country-. Posteriormente se tendría que elegir una avenida o un lugar en el que el asfalto esté parejo para poder practicar esta disciplina.

 ¿Qué avenidas ha pensado?

 El Desierto de los Leones, algunas avenidas en Monterrey o incluso viajar a McAllen, en donde vivo, porque en esos lugares se puede practicar perfectamente. El roller esquí debe de practicarse sobre un asfalto sin baches ni topes, de lo contrario un terreno irregular favorece las caídas de los atletas. También existe la opción de que realcemos campamentos en Michigan para esquiar y tengan contacto con la nieve. Ahí hice una parte de mi preparación, que fue fundamental para lograr mi boleto a Pyeongchang.

El año pasado, el ex esquiador Carlos Pruneda fundó la Federación Mexicana de Esquí. Aunque aún no está afiliada a la Conade, ya tuvo su primer contacto con autoridades del Comité Olímpico Mexicano por los Juegos Olímpicos Invernales que concluyeron el mes pasado.

 ¿Pedirá apoyo de la federación para su proyecto?

 En mi preparación para calificar a las pasadas Justas Invernales no solicité apoyo; todo lo pagué yo. Pero tuvo un precio: tengo una deuda que asciende a los 14 mil dólares. No podría volver a padecer una deuda de ese tamaño. Por lo anterior recibiré cualquier apoyo para mí o para el o los esquiadores que pueda tener a mi cargo. Otra de las opciones es que consigamos patrocinadores, que nos ayudarían mucho en este proyecto.

 ¿Cómo manejó los comentarios negativos de la prensa mexicana?

 Me gustan los periodistas que digan la verdad, como los que dicen que a los Juegos Olímpicos se tiene que ir a competir al mejor nivel. Pero a esos mismos críticos también les diría que tomen en cuenta que el cross country es un deporte que no tenía federación hace más de dos años, que es una disciplina en la que no se le brinda apoyo y que la participación que tuve abrió la puerta para que éste se desarrolle en el país. Cuando veo que las opiniones no son bien fundamentadas prefiero no hacerles caso. Sólo tomo en cuenta a los que fundamentan correctamente sus puntos de vista.

El hombre que dio la cara por México en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang 2018 tuvo que refugiarse en Estados Unidos para salvar su vida. Él forma parte del exilio provocado por una guerra que aún no aparece en los libros de texto: la del gobierno mexicano contra el crimen organizado. Una guerra que comenzó el ex presidente Felipe Calderón en 2006, y cuyas víctimas se contabilizan entre 150 y 200 mil muertos (sin una cifra exacta de desaparecidos y heridos), según el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Pero las consecuencias no sólo se han traducido en muertes y desapariciones. Ante la ola de barbarie que arrasa al país desde hace dos sexenios, mexicanos como el esquiador Germán Madrazo han optado por el autoexilio.

Fui uno de los exiliados de la guerra contra el narcotráfico, pero no me interesa la nacionalidad estadounidense. Soy mexicano y lo único que quiero es regresar a mi país
Germán MadrazoDeportista olímpico

En 2002, después de graduarse como contador público en el Tecnológico de Monterrey, se hizo cargo del negocio de su padre: un rancho de ganadería en Soto la Marina, Tamaulipas. También se hizo dueño de una pequeña miscelánea. Con el paso del tiempo, sus ojos fueron testigos de la descomposición social de su pueblo, su estado y, luego, su país entero. En 2006, Calderón asumió la presidencia. Sus planes se desmoronaron poco a poco.

Poco antes de que Enrique Peña Nieto asumiera la presidencia, Madrazo fue víctima de la delincuencia. En abril de 2011, dos comandos armados lo bajaron de su camioneta en una carretera del municipio de San Fernando, Tamaulipas, por razones que hasta ahora desconoce. “Después me enteré que más adelante se estaban enfrentando marinos y narcotraficantes. Y también supe que, a todos los que estaban agarrando, los estaban matando. De milagro salí vivo”, recuerda este hombre de 43 años.

Al llegar a casa con su esposa, prendió la televisión y se enteró de una noticia que le heló la sangre: “La Procuraduría de Justicia de Tamaulipas halla en San Fernando ocho fosas clandestinas con 59 cuerpos”. Días después, la cifra se elevó a 193: la mayor tragedia que hasta entonces había vivido el país a causa de la guerra contra el narco. Ocho meses antes, había ocurrido la Primera Masacre de San Fernando, en la que fueron encontrados sin vida los cuerpos de 72 inmigrantes centroamericanos; todo un escándalo internacional.

Semanas después, parte de su ganado fue robado. Madrazo no lo dudó ni un segundo: debía escapar. Permanecer en Tamaulipas no sólo le generaba pánico, sino tristeza e impotencia. En aquel año, el 40% del territorio tamaulipeco era controlado por los cárteles de la droga, según la Sedena. Platicó con su esposa y decidió irse a McAllen, donde actualmente tiene una tienda para corredores. Ahí también consiguió un trabajo de auditor. Tiene, por supuesto, otras historias de horror, que prefiere no hacer públicas. Teme represalias si regresa a México. En el sur de Texas halló una vida más tranquila. Un escape a una realidad que le fue impuesta: la misma que ha obligado a miles de mexicanos a dejar sus casas, sus trabajos y sus familias.

Tras su participación en Pyeongchang, algunos usuarios en redes sociales criticaron su último lugar en la prueba de esquí de fondo e incluso lo compararon con el otro Madrazo, Roberto, el excandidato presidencial, quien —ese sí— fue protagonista de un escándalo en 2007, cuando se descubrió que había hecho trampa para concluir el Maratón de Berlín.

“Sí, fui uno de los exiliados de la guerra contra el narcotráfico, pero no me interesa la nacionalidad estadounidense. Soy mexicano y lo único que quiero es regresar a mi país”, dice a pocas horas de tomar el vuelo que lo regresará a McAllen, su refugio.