La Roma despacha a un Barsa sin ego
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La Roma despacha a un Barsa sin ego

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La Roma despacha a un Barsa sin ego

La Roma se puso el uniforme de la pasión y saltó al césped con el ímpetu de que lo ha perdido todo para ganar lo irrenunciable: el honor.

Mauricio Mejía
11/04/2018
La Roma

El futbol tiene sus maneras y son insondables sus caminos. El FC Barcelona llegó a la capital italiana con la careta, apocada, de quien cumple un trámite. Con la Liga en sus manos, y con una ventaja de 4-1 sobre La Loba, pensaba ya en el sorteo de las semifinales de una Champios League en la que, bien que mal, llevaba el paso. Medroso, cometió el peor error posible: mirar por debajo del hombro a un rival que, ante la carencia de pericia, había demostrado un pundonor y un orgullo de peculiar hechura en sus series anteriores. El rival más débil de los cuartos de final ha despachado con categoría a uno de los grandes del certamen. La victoria de ayer pudo ser más abultada. El arquero Ter Stegen salvó cuando menos un gol cantado en la feria, en la algarabía romana.

Valverde, el míster catalán, lo dejó dicho al final del encuentro: “No hemos podido entrar al partido; ellos lo han hecho de maravilla”. El cuadro culé que presume el invicto en casa, con racha histórica, ha sido incapaz de plantar cara a un once muy menor en plantilla y presupuesto. Pero la pelota desconoce de fluctuaciones de los tipos de interés. Si el futbol sigue siendo bello es porque sus duelos se miden más por el corazón que por la cartera. La Roma se puso el uniforme de la pasión y saltó al césped con el ímpetu de que lo ha perdido todo para ganar lo irrenunciable: el honor. Mucho corazón romano el de anoche en el Olímpico. Poca entrega catalana en la vuelta de una serie sin peligro. Lo que ha decantado el intercambio de visitas ha sido el gol de la ida, construido y logrado con base en el tesón y en la determinación. Al Barsa pareció no importarle ese tanto; tenía tanta despensa que nunca se imaginó hurgando en la miseria del reglamento. Al final del partido, dio lástima verlo buscando una jugada que lo salvara de la quiebra.

En Manchester, al tiempo, se derrumbaba una idea del esquema. Klopp, el entrenador del Liverpool, refutó, otra vez, los desplantes científicos de Guardiola, a quien cuando la fórmula no da 0 igual a 0 se le evapora la imaginación. El City tuvo el césped y la pelota durante todo el primer tiempo. No tuvo talento ante el arco rival. En el segundo tiempo, Salah, el astro egipcio, mandó al almanaque el “estilo” cartesiano de Guardiola. El City fue apaleado por un juvenil Liverpool, que será incómodo para cualquiera en las semifinales.