AMLO tiene mucho en común con Trump
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AMLO tiene mucho en común con Trump

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AMLO tiene mucho en común con Trump

Una relación potencialmente explosiva podría convertirse en admiración mutua.

Por John Paul Rathbone
27/06/2018
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Las coincidencias en la política de Trump y López Obrador.Ilustración: Ismael Ángeles.

Uno afirma que “va a drenar el pantano”, y el otro que terminará con la corrupción “barriendo las escaleras, de arriba hacia abajo”. Ambos son orgullosos nacionalistas que ofrecen visiones nostálgicas de renovación. Ambos demandan lealtad, ignoran los consejos y son criticados por sus opositores por su autoritarismo y desprecio de las instituciones.

Contrariamente a lo que muchos creen, los ataques de Donald Trump en contra de México casi no tienen nada que ver con el casi certero triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales de México el 1 de julio. Al igual que la contienda estadounidense de 2016, es una elección impulsada casi en su totalidad por preocupaciones domésticas.

Sin embargo, a pesar de sus diferencias —Trump gobierna desde la derecha y es teóricamente proempresarial, mientras que el Sr. López Obrador, o AMLO como se lo conoce, es de izquierda y atemoriza al sector empresarial—, los dos líderes y próximamente presidentes vecinos tienen mucho en común.

De hecho, la administración Trump puede darnos pistas sobre cómo podría desarrollarse la presidencia del Sr. López Obrador dado que comparten el mismo sentido de autoestima, los dos han realizado campañas familiares, ambos tienen instintos inconformistas —de hecho el Sr. López Obrador se ha calificado a sí mismo como un “político de alto riesgo”— y sus partidarios son heterogéneos y a veces radicales.

Si bien el Sr. Trump ha fomentado la idea de que ha sido obstaculizado por un “Estado profundo”, el Sr. López Obrador dijo “al diablo con sus instituciones” después de que perdió las elecciones presidenciales de 2006 por un estrecho margen y las denunció como fraude electoral.

Al igual que el Sr. Trump, el Sr. López Obrador se destacó de sus competidores con una serie de políticas exclusivas: dice que quiere reconstruir la petrolera estatal Pemex y la agricultura rural, mientras que el Sr. Trump ha hecho exhortaciones similares sobre la vieja economía del carbón y la manufactura tradicional.

Ambos líderes se han definido parcialmente por su deseo de revisar las políticas más reconocibles de sus predecesores: uno quiere reinventar los servicios de salud, el otro la apertura petrolera de México. También han buscado calmar a los críticos con historias de su pasado exitoso: el Sr. Trump como un negociador inmobiliario inigualable, el Sr. López Obrador como alcalde progresista de la Ciudad de México.

Al igual que el Sr. Trump, el Sr. López Obrador también encabezará un gobierno fuerte, dado su casi total control del Congreso y el control casi absoluto del Senado. Eso lo convertirá en el presidente más poderoso de México en más de 25 años, lo cual le permitirá pasar nueva legislación con facilidad.

La similitud más llamativa es la heterogeneidad de sus asesores y de su base de apoyo. Aunque el muy discutido gabinete del Sr. López Obrador parece ser fuerte, muchos de sus integrantes son académicos con poca experiencia relevante. Morena, su partido político, está lleno de radicales.

Al igual que en el caso del Sr. Trump, eso establece la probabilidad de una lucha interna dentro del gabinete y una mala coordinación de las políticas. Algunos de los asesores del Sr. López Obrador ya se han visto obligados a reinterpretar sus declaraciones que no están basadas en ninguna política. Como dijo uno: “Hay extremistas en el movimiento, pero no estarán a cargo de desarrollar las políticas. Por lo tanto, sus posturas radicales son irrelevantes”.

No es un gran consuelo, pero sugiere cómo la oposición mexicana y el sector empresarial podrían trabajar con su presidencia: colaborando activa y cooperativamente con ministros moderados para fortalecer su posición en la administración presidencial, como se esperaba que sucediera con la administración Trump.

Ante todo, ambos líderes comparten un sentido ferviente de nacionalismo popular. Mientras uno promete ‘EU primero’, el otro está cerca de proclamar ‘México primero’.