Trump incinera el legado de Obama y reescribe la historia de EU
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Trump incinera el legado de Obama y reescribe la historia de EU

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Trump incinera el legado de Obama y reescribe la historia de EU

Aunque Donald Trump fuera derrotado en 2020, pudiera tomar años restaurar la confianza en EU, porque el mundo no está en pausa mientras espera el regreso de los ‘mejores ángeles’ estadounidenses.

Financial Times Por Edward Luce
29/06/2018
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La nostalgia de Trump es autoritaria. Él desea regresar a la década de 1950. Eso es, obviamente, absurdo.Ismael Angeles

Un factor que entorpece a la izquierda estadounidense -y a los globalistas occidentales en general- es la fe en “el arco de la historia”. A pesar de todo lo que ha sucedido, Barack Obama todavía está casado con la frase. El futuro está de nuestro lado, él cree, incluso si el presente se está yendo en estampida hacia el lado opuesto.

Donald Trump está purgando cada uno de los vestigios del legado de Obama. Desde el acuerdo nuclear con Irán hasta el EU posracial, él es el ‘incinerador en jefe’. Por lo tanto, es tranquilizador saber que está destinado al ‘montón de cenizas’ de la historia. Trump puede no estar al tanto de su destino, pero las personas educadas sí lo están.

Por desgracia, el problema con el largo plazo es que puede tomar demasiado tiempo en llegar. Y un sinnúmero de cosas pueden suceder mientras llega. Incluso si Trump fuera derrotado en 2020, pudiera tomar años restaurar la confianza en EU. El mundo no está en pausa mientras espera el regreso de los ‘mejores ángeles’ estadounidenses. Los hechos continúan cambiando. Trump está haciendo un mejor trabajo reinventando esos hechos del que reconocen sus detractores. Tomemos el surgimiento del “populista internacional” entre los partidos de extrema derecha en todo el Occidente. Trump es su Karl Marx. Ellos demuestran más astucia en la creación de afinidades entre sí que los socialdemócratas en retirada del Occidente.

Es probable que el presidente Trump esté en el lado equivocado de la historia. Sin embargo, él también la está reescribiendo. Con la partida de Anthony Kennedy (juez asociado en la Corte Suprema de EU), él puede inclinar la Corte Suprema firmemente hacia la derecha y transformar la política social estadounidense durante una generación.

EU está mucho más polarizado que cuando él asumió el cargo. Y el país está en camino de convertirse en una nación de minoría mayoritaria -cuando el porcentaje de personas de raza blanca caiga por debajo de la mitad de la población- durante el próximo cuarto de siglo. En teoría, la demografía debiera ayudar a los demócratas a medida que pasa el tiempo. Pero el tiempo es un valioso bien. El 43 por ciento de los votantes estadounidenses de la actualidad son blancos sin un título universitario. Si están motivados, los republicanos pudieran retener el control del Congreso en noviembre. La semana pasada, el índice de aprobación de Trump alcanzó el 45 por ciento, el nivel más alto en más de un año.

Hasta ahora, los presidentes estadounidenses han tenido un 60 por ciento de posibilidades de ser reelegidos. Trump puede ser una aberración. Depende de lo que se elija del pasado. Según las encuestas, cerca de la mitad de los hispanos en EU se definirían a sí mismos como blancos si tuvieran la opción. Las antiguas minorías, como los irlandeses y los italianos, también eran demócratas. Los republicanos los demonizaron como antiestadounidenses. Hoy en día, los estadounidenses de ascendencia italiana e irlandesa se encuentran entre los más leales partidarios de Trump. La política de identidad dicta que los blancos debieran asumir responsabilidad colectiva por el legado de la esclavitud. ¿Eso cubre a los descendientes de quienes llegaron a EU después de que se abolió? Cualquiera que sea tu respuesta moral a la pregunta, la política es contraproducente. La culpabilidad no gana votos.

Lo mismo se aplica a la globalización. El arco de la historia se inclina hacia Davos. En el siglo XXI, las élites globales deben descifrar las soluciones tecnocráticas. El nacionalismo de ‘empobrecer al vecino’ es una reliquia del pasado. De nuevo, sin embargo, el pasado nos dice lo que elegimos creer. El anterior punto álgido de la globalización murió en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Los eduardianos a principios del siglo XX se sentían tan serenos acerca de su confianza en el futuro del mundo como sus herederos del siglo XXI. Si hubieran sido menos despreocupados, tal vez no hubiera sucedido. Tener fe en la historia crea dos desventajas. La primera es que te vuelve pasivo. Uno de los contrastes más agudos entre la política exterior de Obama y la de Trump es el nivel de energía. Obama daba grandes discursos y seguía adelante. Esos discursos pintaban lo que el mundo debería ser en términos racionales. Trump no ha dado un discurso razonado en su vida. Pero él sigue provocando.

La segunda desventaja es política. De acuerdo con la visión del mundo de Obama, Trump lidera una banda de marginados. Domésticamente, son deplorables. En el exterior, el EU de Trump se está convirtiendo en un paria. La nostalgia de Trump es autoritaria. Él desea regresar a la década de 1950. Eso es, obviamente, absurdo.