Discriminación económica contra la comunidad LGBT
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Discriminación económica contra la comunidad LGBT

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Discriminación económica contra la comunidad LGBT

A través de la evaluación realizada por la organización “Open for Business,” las ciudades de nuestro continente que destacan por su bajo nivel de inclusión son Brasilia, Lima y Monterrey.

Opinión MTY Entrada Libre Sergio López Ramos
13/02/2018
Actualización 13/02/2018 - 13:41
LGBT
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De manera formal, México es hoy un país moderno. No solamente se ha insertado en la lógica de construir un modelo de desarrollo basado en la participación de grandes bloques regionales que facilitan el tránsito de mercancías, bienes y servicios a través del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, sino que se ha constituido como una democracia formal donde las elecciones suceden de forma periódica cada tres y seis años y las élites políticas se rotan los cargos sin mayores contratiempos.

A pesar de haber llegado a esta modernidad, México y el estado de Nuevo León en particular, enfrentan como sociedad grandes retos. La alternancia en el Gobierno del estado de los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y la victoria de Jaime Rodríguez como candidato independiente nos dejarían entrever a una ciudadanía participativa y democrática, abierta, incluyente y tolerante con la diversidad de su sociedad. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Los ciudadanos de la entidad hemos comprendido el poder del voto, pero la democracia se construye sobre la práctica diaria de valores como la apertura, inclusión y tolerancia.

“Open for Business”, una asociación de empresas globales que tienen el objetivo de promover la inclusión laboral de las personas que forman parte de la comunidad LGBT+, publicó hace unos días un reporte global sobre el buen desempeño de los negocios en sociedades tolerantes y como la diseminación de políticas contra la comunidad LGBT+ afecta el desarrollo económico de una sociedad.

Con este propósito, la organización evalúa una serie de aspectos agrupados en tres rubros principales como desempeño económico, de negocios e individual y se evalúan factores como competitividad, emprendimiento, corrupción, inversión directa, la emigración de personas talentosas por discriminación, así como la atracción y retención de talento.

Para esta organización internacional, la medición se realiza en núcleos urbanos por el rápido proceso de urbanización en el que estamos inmersos a nivel global. “Open for Business” subraya en su análisis que, hoy en día, poco más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y que para el 2030, seis de cada 10 personas habitarán un centro urbano en cualquier parte del mundo.

Por su parte, para la organización estar abierto a los negocios significa que es relativamente fácil operar un negocio en una ciudad, con pocas barreras para empezar e implementar negocios, bajos índices de corrupción, una infraestructura digital, es un polo de atracción de talentos y posee un ecosistema de innovación saludable.

De esta forma, a través de la evaluación realizada por la organización “Open for Business,” las ciudades con las mejores condiciones de inclusión económica para la comunidad LGBT+ en América son Chicago, New York City, San Francisco, Toronto y Washington D.C. Tristemente, las ciudades de nuestro continente que destacan por su bajo nivel de inclusión son Brasilia, Lima y Monterrey.

Nuestra comunidad tiene graves fallas para incluir no solo a la comunidad LGBT+ como ciudadanos, con derechos políticos plenos como cualquier otra persona, sino que esta falta de inclusión tiene consecuencias en el desarrollo económico de la comunidad. Muchos empresarios se quejan de la falta de condiciones y de un Estado de Derecho que garantice sus inversiones pero en muchas ocasiones, los mismos empresarios no son capaces de crear condiciones que permitan la inclusión económica de la comunidad LGBT+ para detonar y aprovechar la diversidad de la comunidad. Eso también es discriminación.

El autor es Politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

slramos2020@gmail.com/ Twitter:@serlopram

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.