Si algo dice la historia es que Corea del Norte no abandonará las armas nucleares
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Si algo dice la historia es que Corea del Norte no abandonará las armas nucleares

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Si algo dice la historia es que Corea del Norte no abandonará las armas nucleares

Kim Jong-un y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantendrán una reunión en los próximos meses que podría cambiar el futuro del "reino ermitaño".

Bloomberg Por Andy Sharp y Kanga Kong
16/04/2018
Kim Jong-un, líder de Corea del Norte
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Expertos en control de armas se muestran cautelosos sobre la cumbre en la que Kim Jong-un y Donald Trump mantendrán entre mayo y junio ante la posición del líder norcoreano que parece estar dispuesto a discutir la 'desnuclearización' de su país.

Si el presidente estadounidense continúa sus intentos para que Corea del Norte destruya su arsenal, estará pidiendo a Kim Jong-un barrer con más de medio siglo de trabajo.

En la actualidad Corea del Norte tiene hasta 60 armas nucleares, producidas a través de tres generaciones de Kims. Kim Jong-il y Kim Il-sung, padre y abuelo del líder norcoreano fomentaron la producción de este tipo de arsenal.

Corea del Norte ha utilizado en repetidas ocasiones la bomba como la mejor garantía de supervivencia, a pesar de décadas de negociaciones, sanciones internacionales y el prospecto latente de guerra.

Las armas nucleares además forman parte de la identidad del régimen. De hecho, la constitución de Corea del Norte especifica que el país es un 'estado nuclear' y recientemente Kim Jong-un construyó monumentos para conmemorar las pruebas de misiles balísticos intercontinentales realizadas el año pasado.

Este arsenal tiene la capacidad de alcanzar Estados Unidos.

Si Corea del Norte renuncia a las armas nucleares se daría un cambio fundamental en la forma en la que "el reino ermitaño" ha mantenido el poder.

"Sin la bomba, Corea del Norte es Albania", dijo Ralhp Cossa, presidente del Pacific Forum en el Center for Strategic and International Studies, un instituto de investigación enfocado en relaciones internacionales.

Cossa subrayó que sin este tipo de armamento, "nadie se la tomaría (a Corea del Norte) en serio. Todavía podría amenazar a Seúl, pero ciertamente no mucho más allá de la península".

El país asiático nunca ha abandonado su búsqueda nuclear desde que las armas de esta variedad llegaron por primera vez a suelo norcoreano en la década de los cincuenta.

En 2010, la determinación de Corea del Norte de acelerar su programa de desarrollo de ojivas nucleares se intensificó tras las maniobras del presidente estadounidense Barack Obama para derrocar al líder libio Muamar Gaddai, que había entregado antes sus armas nucleares.

Kim Jong-un, que tomó el poder dos meses después de la muerte del dictador libio, intensificó las pruebas de bombas y misiles, y declaró en noviembre del año pasado que podría atacar Estados Unidos con un arma nuclear. Por su parte, Trump endureció las sanciones y amenazó con "fuego y furia" para detenerlo.

Sin embargo, Kim abrió la puerta a negociar con Corea del Sur en su discurso anual de Año Nuevo, y unos meses más tarde Trump tomó la inesperada decisión de reunirse con él, pedido que los presidentes de la Unión Americana negaron a los norcoreanos durante décadas.

Muchos analistas se muestran escépticos de que Trump pueda convencer a Kim para que finalmente abandone sus armas nucleares y forje una nueva identidad.

"No quieren que todos sus impresionantes logros se vayan al tacho (se frustren)", dijo Andrei Lankov, un historiador de la Universidad Kookmin en Seúl que en un tiempo estudió en Pyongyang. "Si entregan las armas nucleares, firmarán su propia sentencia de muerte".