Actitudes hacia el aborto
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Actitudes hacia el aborto

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Actitudes hacia el aborto

10/08/2018

La despenalización del aborto es un asunto que divide marcadamente a las sociedades latinoamericanas, según han venido mostrando diversas encuestas internacionales. La reciente votación en el Senado argentino, así como la intención de la próxima secretaria de Gobernación, de proponer la despenalización a nivel nacional en México, nos invitan a revisar cómo se sienten las sociedades respecto al aborto actualmente, y cómo han cambiado esas actitudes en los últimos años.

Para ello hemos recurrido a los datos de la Encuesta Mundial de Valores, o World Values Survey, que se ha realizado en casi 100 países del mundo, incluidos Argentina y México. Si a usted le interesa revisar estos y otros datos, así como otros países, la página http://www.worldvaluessurvey.org/wvs.jsp ofrece la posibilidad de hacer análisis online de manera amigable y desagregando los resultados por país y por año de realización, así como también por algunas variables de interés, como el sexo, la edad, la escolaridad, o el tipo de valores de los entrevistados, entre otras.

¿Qué muestran estas encuestas acerca de las actitudes hacia el aborto? En el caso argentino, es evidente que las actitudes públicas hacia el aborto han cambiado en los últimos años. En la encuesta que forma parte de la cuarta ronda del WVS, realizada entre 2000-2004, el 63 por ciento de los argentinos rechazaba contundentemente el aborto, bajo la premisa de que nunca se justifica, bajo ninguna circunstancia. En la siguiente encuesta, realizada dentro de la ronda 2005-2009, el porcentaje de rechazo bajó a 54 por ciento, y en la más reciente encuesta pública, realizada entre 2010 y 2014, el porcentaje de rechazo bajó aún más, a 41 por ciento. Aunque el rechazo al aborto es bastante nutrido, la sociedad argentina ha cambiado de parecer muy rápidamente respecto al aborto.

En México, la tendencia no ha sido tan clara, y más bien ha mostrado altibajos. Según los datos del WVS, en el año 2000 el 67 por ciento de los mexicanos rechazaba contundentemente al aborto; en 2005 el rechazo bajó a 52 por ciento, pero en 2012 subió al 62 por ciento. Este cambio al alza quizás refleja las reacciones conservadoras a la liberalización que hubo en algunas entidades, incluida la Ciudad de México. A pesar de que el rechazo al aborto ha sido mayoritario en el país, la nueva encuesta WVS que realizamos este año en México (y que está bajo revisión para incorporarla al agregado internacional) revela que, por primera vez en la serie de tiempo, el rechazo cae por debajo del 50 por ciento, para situarse en 47 por ciento. El cambio de actitud también se dio rápidamente en el país, al variar 15 puntos desde la medición hace seis años.

Como marco de comparación internacional, veamos otros resultados de la ronda de encuestas 2010-2014, la última disponible del WVS. El rechazo al aborto alcanzó en esos años el 73 por ciento en Colombia, 70 por ciento en Brasil, 64 por ciento en Ecuador y 57 por ciento en Perú, mostrando todos estos países un nivel similar o mayor al del rechazo que había en México en 2012. En contraste, en Chile y Uruguay se registraron niveles de rechazo al aborto más parecidos al de Argentina, con 43 y 42 por ciento, respectivamente.

En esa misma ronda de encuestas, el rechazo al aborto alcanzó en España el 18 por ciento; en Alemania, 22 por ciento; en Holanda, 11 por ciento, y en Suecia, apenas 5 por ciento. En el caso de Estados Unidos, donde el contraste entre posturas provida y prodecisión de la mujer han quedado registradas en varias encuestas a lo largo de los años, el estudio WVS revela un 22 por ciento de rechazo al aborto en la última encuesta disponible.

La tendencia hacia una mayor aceptación (o un menor rechazo) es notable en Argentina y México. Habrá que estar al pendiente de los nuevos datos argentinos que están actualmente en proceso a cargo de la investigadora Marita Carballo, así como de la próxima discusión que se espera en nuestro país.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.