El pulso del orgullo nacional
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El pulso del orgullo nacional

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El pulso del orgullo nacional

14/09/2018

Se antoja difícil que los mexicanos, aun ante las diversas problemáticas que enfrenta el país, digan que no se sienten orgullosos de su nacionalidad. El nacionalismo está fuertemente arraigado y se observa en las diversas regiones y entre distintos grupos demográficos y socioeconómicos. La gran mayoría se siente orgullosa de ser mexicana. Pero, aunque resulte difícil de creer, ese sentimiento de orgullo se ha debilitado.

La nueva Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey) que se realizó en México este año registra una notable disminución en el orgullo nacional. A la pregunta, “¿qué tan orgulloso está usted de ser mexicano?”, el 72 por ciento dijo estar “muy orgulloso”. Se trata de un porcentaje claramente mayoritario, pero que se ubica 12 puntos por debajo del nivel que arrojó la encuesta anterior, realizada en 2012, con 84 por ciento, y por debajo también de lo que se midió a inicios del milenio, en 2000 y 2005, cuando el porcentaje que decía sentirse “muy orgulloso” alcanzaba 80 y 83 por ciento, respectivamente. El orgullo nacional está en su punto más bajo de las dos últimas décadas.

En 1996, el nivel de orgullo nacional era similar al actual, con 74 por ciento, y el nivel más bajo se observó en 1990, con apenas 56 por ciento, una proporción mayoritaria, pero muy menor a lo que se observa en todos los estudios posteriores. Desde hace casi tres décadas, el orgullo nacional había ido al alza para luego mantenerse estable en sus puntos más altos. Sin embargo, los mexicanos metieron un poco la reversa en este año al sentimiento nacionalista.

Y no es el único indicador al respecto que ofrece la Encuesta Mundial de Valores. El patriotismo también se ve ligeramente aminorado. Si lo entendemos, a la luz de la encuesta, como el porcentaje de mexicanos que estarían dispuestos a pelear por su país en caso de una guerra, el estudio internacional también registra una leve baja del patriotismo. Entre 1990 y 2012, el porcentaje de mexicanos dispuestos a pelear por la patria se mantuvo, con variaciones leves, entre 73 y 76 por ciento. En este 2018 se registró 70 por ciento. No es una gran caída, pero sí es el nivel más bajo de patriotismo en tres décadas.

¿Qué está pasando con los sentimientos nacionales? La encuesta nos ofrece las mediciones, pero no las explicaciones e interpretaciones, que quedan como tarea pendiente. Por lo pronto, la encuesta revela que el orgullo nacional es más fuerte entre las generaciones de mayor edad: entre los mayores de 50 años, la proporción que se dice muy orgulloso de ser mexicano alcanza 80 por ciento, mientras que entre los de 30 a 49 baja a 69 por ciento, y entre los menores de 30 años a 68 por ciento. El orgullo nacional se mantiene más fuerte entre los mexicanos que nacieron antes de 1968. La encuesta también indica que el orgullo nacional es más alto entre los mexicanos con bajos niveles de escolaridad, pero se reduce un poco entre los que tienen una escolaridad media y alta. Por otro lado, el orgullo nacional se asocia con la religiosidad: quienes más asisten a servicios religiosos se dicen más orgullosos de ser mexicanos. El nacionalismo es un rasgo social más tradicional.

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En términos políticos, el orgullo nacional es más fuerte entre los mexicanos que se identifican con algún partido político más longevo que entre los que son apartidistas o que se identifican con Morena, un partido más nuevo y con más seguidores jóvenes. Según la encuesta, el orgullo nacional alcanza 81 por ciento entre priistas y perredistas, 76 por ciento entre panistas y baja a 69 por ciento entre los morenistas. Por su parte, el 70 por ciento de los apartidistas dice estar muy orgulloso de ser mexicano. La encuesta se hizo antes de las elecciones del 1 de julio, por lo que el sentir de los morenistas podría haber cambiado luego del triunfo en las urnas. O no.

Los nuevos datos de la encuesta nos dejan este diagnóstico: al tomarle el pulso al orgullo nacional, este se ve robusto, pero un poco aminorado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.