Seguridad nacional en la era AMLO
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Seguridad nacional en la era AMLO

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Seguridad nacional en la era AMLO

04/07/2018
Actualización 04/07/2018 - 10:43

Declaraciones sorprendentes y preocupantes del virtual presidente electo en su conferencia de prensa después de la reunión con el presidente Enrique Peña Nieto: “Yo he sostenido que me cuida la gente, me cuida el pueblo. El que lucha por la justicia, no tiene nada que temer”. Agregó que no tenía resuelto este tema e insistió que lo va a cuidar la gente y pidió a los periodistas que actúen de manera ordenada.

“No usaré el avión presidencial ni ninguna aeronave del gobierno. Cuando tenga que viajar lo haré como lo he hecho”. Ha insistido en que “no va a desaparecer el Estado Mayor Presidencial, se va a incorporar a la Secretaría de la Defensa. Ya no va a estar encargado de la seguridad del presidente”.

Con estas palabras, el virtual presidente electo pone en riesgo su integridad física, la de su familia y la de sus allegados. Ahora todos, incluyendo sus seguidores y posibles enemigos, saben que pueden acercarse a él. Esto es un riesgo a la seguridad nacional y, por ende, a la estabilidad y la gobernabilidad del país.

El concepto de seguridad nacional siempre ha incomodado, preocupado y confundido a políticos y gobernantes de la izquierda. Y por buena razón. En México, al igual que en la mayoría de los países del continente, el término de seguridad nacional es confuso, controversial y político. Esta polémica es resultado del uso que se le dio al concepto durante la Guerra Fría, cuando las estrategias de seguridad se utilizaban para debilitar procesos democráticos, apoyar a gobiernos militares y autoritarios, además de permitir la injerencia extranjera.

Seguridad nacional se traducía en el uso de los aparatos militares y de inteligencia para reprimir la oposición del régimen. Hoy la seguridad nacional es un tema difícil de referir dada la inestabilidad creada en el mundo a partir de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, el nuevo tipo de amenazas, muchos vinculados al mundo globalizado, además de la inestabilidad en la seguridad mundial debido al impredecible presidente Donald Trump y el uso que le ha dado a este concepto. Por ejemplo, adujo razones de seguridad nacional para imponer tarifas al acero y aluminio procedente de México y Canadá.

Además, la seguridad nacional se ha debatido públicamente en forma limitada, no sólo en México, y la discusión continúa siendo monopolizada, por su naturaleza, por el Ejecutivo y los organismos de seguridad e inteligencia. El debate de este tema por parte de la sociedad civil, la academia y ONG, estaría más enfocado en la protección de los derechos humanos y cómo limitar el uso de las Fuerzas Armadas en el combate al crimen organizado y menos en cuestiones de amenazas a la integridad del Estado, la soberanía y de los mismos ciudadanos.

Pero seguramente nadie, pero nadie que votó y apoyó a Andrés Manuel López Obrador, lo acusaría de frivolidad o cuestionaría la necesidad de protegerlo a él, a su familia y a los futuros funcionarios de su gobierno.

“Va a desaparecer el Cisen”. Esta es otra de las propuestas del virtual presidente electo. Toda democracia requiere de un aparato de inteligencia reglamentada, respetando el Estado de derecho, que pueda obtener información, analizarla y proporcionarla al presidente y su equipo para discutirse en las reuniones diarias de seguridad que prometió AMLO durante la campaña.

El Proyecto de Nación 2018-2024 es el documento que traza los ejes rectores de sus políticas públicas, pero ahí se plasma la confusión que tendría el equipo sobre el concepto de seguridad nacional. Al principio del documento, la primera vez que nos encontramos con el término, es cuando se destaca que por motivos de seguridad nacional “es imperativo reducir la dependencia que México tiene con relación a los principales productos agrícolas (de importación) que consume nuestra población, mediante el incremento de la productividad en el sureste del país”. Por ejemplo, también se ve como prioridad de seguridad nacional el recuperar la autosuficiencia energética y alimentaria.

Ante los temas de pobreza, de mala distribución de ingresos, de corrupción y violencia, la tentación ha sido meterlos en la canasta de seguridad nacional y con temas de impunidad, desarrollo, política energética sustentable o problemas de salud.

Es fundamental diferenciar entre los retos de seguridad nacional y los otros problemas que enfrenta el Estado, porque su solución requiere diferentes estrategias, diferentes recursos y diferentes enfoques. Pero empecemos por asegurar la protección de la integridad física del siguiente presidente de México.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.