Fracasará la última ronda petrolera del sexenio
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Fracasará la última ronda petrolera del sexenio

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Fracasará la última ronda petrolera del sexenio

20/06/2018
Actualización 20/06/2018 - 11:44

Todo pinta para que la primera ronda de yacimientos no convencionales (y últimos del gobierno), llamados shale o esquisto, sea un completo fracaso. A menos de un mes de que se cierre la convocatoria, y a más de tres meses de haber sido lanzada, a la ronda 3.3 nadie se ha inscrito, sólo Pemex entró a ver el cuarto de datos, pero ni siquiera ha pasado a la fase de precalificación.

El shale, como algunos saben, es un tipo de hidrocarburos que se logra extraer de la tierra mediante fracking, que consiste en inyectar grandes cantidades de líquidos, agua tratada con químicos, en su mayoría, que fracturan las rocas de esquisto que contienen el gas o el petróleo. Una tecnología que puso de cabeza al sector petrolero hace algunos años, pues redujo de golpe el costo de producción e hizo multimillonarias a pequeñas perforadoras que supieron detectar a tiempo una oportunidad, literalmente de oro, en campos del sur de Estados Unidos.

Analistas coinciden en que una serie de factores se han mezclado para que la ronda 3.3 sea un fracaso, al menos en su convocatoria. En el lado técnico afirman que el precio del crudo no ha crecido lo suficiente para justificar las fuertes inversiones iniciales que se requieren en ese tipo de yacimientos, en los cuales participan pequeñas empresas perforadoras que asumen altos riesgos en la operación día a día.

En cuanto al tema social, quizás el más importante inhibidor de la participación en esta ronda 3.3 con la que cerraría el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto es el clima de franca inseguridad que se vive en Tamaulipas, donde están ubicados los bloques. Un problema sin control que ya le costó un centro de distribución a Lala. Una ingobernabilidad que ha ahuyentado a los posibles inversionistas.

Algunos otros comentan que también, pero en menor medida, han influido los riesgos de protestas y la falta de consensos con las comunidades, a quienes están asesorando ONG que traen agendas muy específicas y que en muchos casos, me dicen, desconocen por completo 'los beneficios' de la industria.

El agua, comentan, poco ha influido como factor inhibidor, sin embargo, tienen un reto importante, pues datos del Instituto de Petróleo Americano, citados por un reporte del Colegio de la Frontera Norte, dan cuenta de que se requieren entre 7.6 y 15 millones de litros de agua por pozo, así que garantizar el suministro es prioritario para estos proyectos, pero siendo francos, si no les pueden garantizar ni siquiera seguridad, mucho menos el líquido.

Al verse cuasi vencedores en las próximas elecciones de julio, los morenistas del sector energético están de plácemes con Rocío Nahle, eventual secretaria de Energía, quien tendrá la gran responsabilidad de proponer a los directores de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad, pues deben ser candidatos que además de entender la complejidad técnica del sector, tengan la suficiente sensibilidad para cumplir, al menor costo, con el proyecto de su capitán, Andrés Manuel López Obrador, quien por cierto en el último debate habló sólo de una gran refinería, ya no de dos.

Ahí desfilan frente a Nahle, para comandar Pemex, el senador Mario Delgado, quien tuvo un importante papel cuando tomó como estandarte los gasolinazos de 2017, y desde ahí se le ha visto muy activo al presentar varias iniciativas ante la Comisión de Energía; haciendo méritos, pues. Y por el otro lado está Fluvio Ruiz Alarcón, exconsejero profesional independiente de Pemex, analista y estudioso de la materia petrolera.

En otras versiones se había manejado un tercer candidato a la Torre de Pemex, Adolfo Hellmund, a quien le tocaría despachar desde Campeche, aunque él mismo expresó que tiene conflicto de intereses para desempeñar tal cargo en una entrevista concedida a La Política Online, pues tiene clientes que trabajan con la petrolera nacional.

Para CFE la historia es diferente, pues por el momento no se vislumbra algún candidato y es una de las grandes incógnitas en el sector. Lo que sí sabemos es que quien quede tendrá en sus manos a una de las empresas más poderosas del sector, a quien la reforma le quitó clientes industriales, pero la dotó de otros jugosos negocios como el transporte de gas por ducto, así como el almacenamiento de combustibles. Todo un reto para el que llegue, claro, toda vez que gane López Obrador.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.