RBG o el poder de la claridad
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RBG o el poder de la claridad

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RBG o el poder de la claridad

16/05/2018

Lo nuestro, lo que se dice lo nuestro, en especial en el altiplano mexicano, no es el lenguaje claro; tampoco el lenguaje directo. Me recordó este hecho aparatoso el extraordinario documental sobre la extraordinaria Ruth Bader Ginsburg (RBG).

Bader Ginsburg es una mujer menuda con una fuerza muy singular. Abogada, profesora de derecho, litigante valiente y brillante, e incansable luchadora a favor de los derechos de la mujer. Nominada por el expresidente Clinton, ha sido juez en la Suprema Corte de Estados Unidos desde 1993, y a sus 85 años se ha convertido en toda una celebridad.

Memes sin fin, blogs, calcomanías y hasta tatuajes con su efigie e iniciales. Inspiración inagotable para muchas y muchos. Ningún otro/a integrante del máximo tribunal de justicia norteamericano ha alcanzado la fama y visibilidad de esta abogada excepcional.

RBG fue la segunda mujer y la primera judía en formar parte del Tribunal Supremo en Estados Unidos. En 1972, fue, también, la primera mujer en obtener una plaza de profesora con definitividad en la Escuela de Derecho de la Universidad de Columbia.

Durante los años 70 litigó siete casos en defensa de la equidad en la protección de la ley, en concreto, en contra de la discriminación por motivos de género, ante la Suprema Corte. Gracias a sus notables poderes de argumentación, logró ganar cinco de ellos, entre estos uno en defensa de un padre que reclamaba apoyos de “maternidad” tras la muerte de su esposa.

Sobre la estela de la batalla por los derechos civiles de los negros de los 60, Bader Ginsburg enarboló, con pasión y trabajo incansables, la lucha a favor de la igualdad de los derechos de las mujeres durante los años 70. Con su inteligencia filosa y su inusual visión estratégica pudo derribar prejuicios enraizados y, gradualmente, abrirle camino y transformar la vida de las mujeres estadounidenses.

El documental RBG, que recién se estrenó en Estados Unidos y armado en su totalidad por mujeres, cuenta la historia de esta abogada y juez suprema que ha hecho de defensa de la equidad de género su vocación de vida. La pieza combina entrevistas, fragmentos de video y narraciones y produce un tejido lleno de fuerza y de luz.

En el filme descubrimos a una mujer serena y tímida con una determinación y un vigor impresionantes. Nos enteramos, asimismo, del amor potente y el apoyo a prueba de balas que recibió de su marido, al que RBG describe como un hombre excepcional para su generación, el primero en notar, nos dice, que una mujer también tiene cabeza.

Entre las muchas cosas que me llamaron la atención del documental, dos me resultaron especialmente iluminadoras. La primera, cuando RBG relata sus batallas iniciales y nos cuenta que, para avanzar la causa de los derechos de las mujeres, tuvo que adoptar un enfoque pedagógico. Una aproximación simple y didáctica a fin de abrirle paso al tema frente a jueces (todos o casi todos hombres) que sencillamente no creían que la discriminación de género existiese en Estados Unidos.

La segunda, su lenguaje poderoso, llano y directo. Opiniones y argumentos que se elevan de las particularidades y detalles de los casos concretos para abrazar y poner en juego conceptos abstractos y valores centralísimos inscritos en la miga axiológica de la Constitución de Estados Unidos, aggiornándolos para los tiempos actuales, en beneficio de todos.

La inteligencia brillante y el poderoso sentido de justicia expresados con tanta claridad y sencillez, me conmovieron profundamente. Lo profundo y lo que, con frecuencia, resulta más útil para desenmarañar el desorden que abriga injusticia y para abrir la posibilidad de cambio, pensé, no tiene por qué ser alambicado e incomprensible. Importante recordarlo y preguntarnos por qué, entre nosotros, la claridad y la sencillez son tan infrecuentes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.