El problema de 'The Marvelous Mrs. Maisel'
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El problema de 'The Marvelous Mrs. Maisel'

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El problema de 'The Marvelous Mrs. Maisel'

27/07/2018
Actualización 27/07/2018 - 14:49

No es coincidencia que en algunos anuncios de The Marvelous Mrs. Maisel la protagonista de la serie aparezca con los puños en las caderas, arriba del resto del elenco, en pose de superheroína. Midge Maisel (Rachel Brosnahan) está separada de su marido y vive con sus padres y sus dos hijos, sí, pero también cuenta con un talento sobrenatural para el stand-up comedy y es capaz de trabajar, invertir tiempo en su hobby favorito y tener vida social siendo una mujer que vive en Nueva York, en la década de los 50 y dentro de un negocio tradicionalmente masculino. Es evidente que Midge funciona como un ideal, tanto para hombres como para mujeres. ¿Quién no querría ser una persona que disfrute todas sus facetas, en detrimento de ninguna de ellas? El único rol que a Midge le aqueja no cumplir es el de esposa, pero tanto a ella como a nosotros nos bastan dos capítulos para darnos cuenta de que es mejor no quedarse con un tipo tan soso como Joel Maisel (Michael Zegen).

Midge es lo que todos querríamos ser, y ese es el mayor encanto así como la principal limitante de The Marvelous Mrs. Maisel. Encanto, claro, porque el espectador disfruta ver a un personaje así de ingenioso, inteligente y seguro de sí mismo, cuyos diálogos parecen escritos por Billy Wilder. Las primeras veces que Midge se atreve a tomar el micrófono para presentar su rutina de stand-up son vibrantes. Hay algo magnético en la figura de esta mujer independiente, acaparando reflectores en un mundo donde había tan pocas comediantes de esta índole. Ayuda sin duda que Brosnahan dé una interpretación merecidamente adorada por la crítica: entrañable y atinada tanto en el drama como en la comedia.

Y, sin embargo, tanta perfección termina siendo un lastre, no porque nos impida simpatizar con Midge, sino porque el personaje se enfrenta a poquísimos obstáculos. Sólo en los últimos episodios parece que su carrera está en riesgo, por ejemplo. El resultado es extraño: una serie escrita, actuada y dirigida con un brío impecable, que nunca engancha del todo porque el personaje central jamás parece estar en problemas. Hasta los mejores superhéroes necesitan un villano o algo de criptonita. A esta superheroína le urgen, a gritos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.