Tecnología, identidad y transas
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Tecnología, identidad y transas

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Tecnología, identidad y transas

16/04/2018

El martes de la semana pasada tuve el placer de participar en un panel de discusión organizado por Uber, empresa que asesoro desde febrero pasado. A partir del trabajo de consultoría con Uber he tenido la oportunidad de aprender más sobre herramientas digitales, y los usos que éstas pueden tener para mejorar la seguridad de todos. Como comenté en el panel, tenemos un desafío doble: hacer que las herramientas digitales sean accesibles a sectores más amplios de la población, y aprovecharlas de forma más intensiva en el mejoramiento de las condiciones de seguridad en nuestra vida cotidiana (una tarea en la que hasta ahora ha avanzado fundamentalmente el sector privado, y que en el futuro también va a implicar una participación más activa del gobierno).

Una premisa importante es que la criminalidad, e incluso las conductas deshonestas y antisociales, generalmente ocurren al amparo de un “velo de anonimato”. Una buena noticia es que actualmente la tecnología nos permite reducir radicalmente los espacios de anonimato por medio de herramientas digitales de verificación de identidad. No es lo mismo subirse a un coche con un desconocido, que subirse a coche con un desconocido de quien tenemos el nombre, una foto, la ubicación en tiempo real y un historial de varios cientos de personas que han interactuado con él —y lo han evaluado— en los últimos meses o años. El enorme éxito de Uber y de otras plataformas de la “economía colaborativa” es precisamente que reducen radicalmente los márgenes de anonimato. Cuando los usuarios de estas plataformas llegan a ser víctimas de algún incidente o algún delito la norma es que se conozca el nombre del responsable, el lugar y tiempo de ocurrencia. Además, la versión de cada una de las partes puede contrastarse con un gran cúmulo de evidencia digital, mucho más precisa que cualquier declaración ministerial.

Las herramientas digitales tienen un enorme potencial más allá de las plataformas para transporte privado de pasajeros. Algunos aeropuertos ya tienen instaladas en sus cámaras software de reconocimiento facial que permite identificar la presencia de pasajeros potencialmente peligrosos. Las herramientas digitales también pueden usarse para verificar el acceso a edificios, para imponer infracciones de tránsito, para facilitar la captura de criminales peligrosos y para gestionar de forma mucho más eficaz la forma como operan los penales. Sin embargo, su difusión en nuestro país es todavía incipiente. Los policías y los agentes del ministerio público prácticamente nunca las utilizan. Aunque ya hay muchas cámaras, en muchos casos éstas no integran una verdadera red de video vigilancia (que implicaría el uso de software para identificar de forma automática conductas potencialmente riesgosas, y emitir alertas).

En el contexto de las campañas electorales, el uso de herramientas digitales —en particular para la verificación de identidad— es también una excelente oportunidad para que los candidatos dejen de insistir en las mismas propuestas para el combate al delito que hemos escuchado los últimos diez años, y hagan propuestas verdaderamente innovadoras en materia de seguridad. Por ejemplo, mucho de los que actualmente se hace para garantizar la seguridad de los pasajeros en las plataformas privadas de transporte podría adaptarse e incorporarse al transporte público. Ésta es una idea muy rentable en términos electorales si tomamos en cuenta que en las principales ciudades del país pocas cosas preocupan más a la población que la inseguridad en la calle o en el transporte (en el Valle de México casi el 90 por ciento teme ser víctima de un robo o asalto en sus traslados, de acuerdo a la más reciente encuesta de victimización del INEGI).

La reflexión sobre el uso potencial de herramientas digitales también me hace pensar en la lamentable resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) de la semana pasada. En contra de los criterios establecidos por el INE, el TEPJF resolvió que se otorgara registro a Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, para estar en la boleta presidencial en las elecciones de este año. Lo anterior, a pesar de que El Bronco no demostró contar con suficientes firmas válidas y el INE sí cuenta con abundante evidencia de simulaciones e inconsistencias en su proceso de recolección de firmas.

El INE, a diferencia de la mayoría de las instituciones del Estado Mexicano, buscó establecer un mecanismo moderno para validar los apoyos ciudadanos solicitados a los candidatos independientes. La aplicación del INE es perfectible, y generó algunos cuestionamientos legítimos en materia de equidad, pues muchos mexicanos todavía no tienen acceso a la tecnología necesaria para utilizar la aplicación. Sin embargo, es mucho más confiable que instrumentos tradicionales (como pedir fotocopias y llenar a mano listas con claves de elector y firmas). El TEPJF nos hace un flaco favor al descalificar este importante ejercicio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.