Todo menos 'business as usual'
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Todo menos 'business as usual'

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Todo menos 'business as usual'

19/07/2018
Actualización 19/07/2018 - 13:08

Los próximos años van a ser todo menos business as usual. Por un lado, vamos a tener que enfrentar importantes desafíos para aprovechar las oportunidades o mitigar las amenazas de los cambios relacionados con la cuarta revolución industrial; por el otro, se avecinan cambios importantes tanto en la administración pública como en la situación política en nuestro país, y en la relación económica que tenemos con otras naciones.

Respecto al primer tema, vale la pena recordar que las innovaciones que hemos presenciado en productos tales como los dispositivos móviles, los buscadores como Google, los GPS que se utilizan en los automóviles, las intervenciones quirúrgicas no invasivas o las imágenes de satélite de alta resolución, por señalar algunos ejemplos, hace dos décadas nos hubieran parecido de ciencia ficción.

No obstante la magnitud de esos cambios, los que se dedican a la prospectiva nos dicen que no hemos visto nada, que los cambios producto de la cuarta revolución industrial son de tal magnitud y profundidad que jamás la humanidad los había presenciado con anterioridad. Producción de bienes en masa por impresoras 3-D; automóviles y camiones eléctricos y autónomos; robots y maquinaria que sustituyen mano de obra calificada y no calificada; sistemas de información que remplazan el trabajo de profesionistas y un largo etcétera, seguirán cambiando nuestra forma de vivir y hacer negocios.

El desafío será aprovechar los beneficios y mitigar las amenazas. Los beneficios estarán relacionados con la utilización de energías renovables a bajo costo, el incremento en la productividad laboral, una mayor esperanza de vida, nuevas oportunidades de negocio relacionadas con las tecnología de la información y la comunicación y reducción de la huella ambiental de las actividades humanas, entre las que más se mencionan.

Sin embargo, estas bellezas vendrán acompañadas de desafíos muy complejos, como la dificultad que enfrentarán muchas empresas y personas para competir en la nueva economía y el desplazamiento de las oportunidades laborales, lo que podría traducirse en disminución de la clase media, tensiones sociales por falta de empleo, incremento en la desigualdad e incentivos a la migración.

En lo interior, lo que tiene que ver con el modelo económico, hasta ahora parece que será business as usual, para tranquilidad de algunos y decepción de otros.

No obstante, se avecinan cambios radicales en la administración pública, muchos para bien, como la eliminación de los excesos en los gastos de gobierno y otros, que me parece van a entorpecer la efectividad de la acción de gobierno. Lo que no hay duda es que para los que trabajan en el gobierno no va a ser business as usual; miles (algunos hablan de decenas de miles) se quedarán sin empleo el primero de diciembre, otros van a ver reducido su sueldo y sus prestaciones. Muchas carreras de servidores públicos honestos y profesionales se verán truncadas. Para sus familias tampoco va ser business as usual, sin mencionar el posible cambio de residencia de la fuente de trabajo.

En política nos habíamos acostumbrado a los contrapesos en el gobierno federal por parte del Poder Legislativo; y a la hegemonía casi absoluta de los gobiernos locales en sus congresos. Lo que viene es lo opuesto, un Ejecutivo federal sin contrapesos en el Legislativo y gobernadores que tendrán que convencer a los partidos de oposición, particularmente a los legisladores de Morena.

Tampoco va a ser business as usual la vida para muchos sectores económicos y gobiernos locales por las implicaciones de los tratados de libre comercio. El CPTPP traerá desafíos importantes para industrias como el calzado y la confección. De acuerdo con las cámaras de calzado, en Taiwán se tienen mil 300 empresas con 850 mil trabajadores, lo que significa que son 37 veces más grandes que la empresa promedio de calzado en México, con la posibilidad de traer materias primas de otro país y aún así tener los beneficios del tratado, de acuerdo a como quedó la regla de origen. Por otro lado, una mala negociación del TLCAN puede también cambiar la vida de muchas personas que trabajan en sectores y entidades federativas que han apostado a la inserción de su economía en la globalización, impulsando la industria automotriz o la agroalimentaria, por ejemplo.

En síntesis, me parece que los eventos que se están dando en el ámbito global y en el ámbito interno tendrán que sacar lo mejor de nosotros mismos para salir bien librados. Cada quien tendrá que hacer su parte, porque los próximos años van a ser todo menos “business as usual”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.