Una mirada al futuro
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Una mirada al futuro

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Una mirada al futuro

11/10/2018

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODSs) impulsados por las Naciones Unidas nos invitan a mirar al futuro y al hacerlo nos damos cuenta de cuan lejos estamos de ser un país que pueda plantearse metas ambiciosas, que nos entusiasmen, si no hacemos algo diferente.

Crecimiento económico.- En el periodo 1990-2015 crecimos a una tasa promedio anual de 2.8%, inferior al promedio de América Latina (3.1%) y muy inferior a los BRICs (4.3%). El presidente electo se ha propuesto una meta de 4% en promedio en su sexenio, lo cual implicaría que el país creciera en promedio a ritmos similares a los que han crecido en los últimos años Quintana Roo, Querétaro, Aguascalientes, Baja California Sur y Guanajuato. Lo veo muy improbable.

Inversión pública y privada.- El próximo Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa ha mencionado la importancia de llegar a una relación inversión a PIB de 25% (5% pública y 20% privada). Para la inversión privada lo anterior es viable, para la inversión pública se ve muy complicado, dado los niveles históricamente bajos que hoy tenemos (cercanos a 3.3%). Los BRICs, para tener una referencia, tienen más de 7%. Me temo que los esfuerzos de austeridad nos van a llevar a una reasignación de gasto corriente, lo cual no es malo en si mismo, pero será insuficiente para revertir la situación de la inversión pública.

Ingresos tributarios.- México también tiene un déficit importante en la captación de ingresos tributarios respecto del PIB. De acuerdo con datos de la OCDE, en el 2017 la relación ingresos tributarios a PIB era de 17.2%, cuando el promedio de los países de la OCDE es cercano a 35%. Una meta realista podría ser alcanzar en 2030, o antes, el parámetro que hoy tiene Chile (20.4%).

Investigación y desarrollo tecnológico.- Apenas invertimos el 0.48% del PIB cuando la Constitución establece que debemos invertir el 1.0%. Brasil, los BRICs y los países de la OCDE invierten más de 1.0%. El objetivo debería ser lo planteado en la Constitución, como lo ha reconocido el propio presidente electo, pero hasta ahora no se ve un planteamiento para lograrlo.

Ocupación informal.- A pesar de los esfuerzos realizados durante el presente sexenio para incrementar los empleos formales, la ocupación informal es todavía significativa (57.3%). Aunque esta cifra es inferior al promedio de América Latina (59.8), seguimos estando muy lejos de lo alcanzado por Chile, 40%; parámetro que podría ser nuestro objetivo para 2030.

Inclusión financiera.- Los indicadores muestran que México está muy rezagado. Sólo el 39.1% de las personas de 15 años y más tenían una cuenta bancaria en 2017, inferior al promedio de América Latina (51.9%) y significativamente menor que el promedio de los BRICs (75%). Dada la fortaleza del sistema financiero y los avances en las tecnologías de la información, una meta plausible para 2030 sería alcanzar la cifra que en ese año tenía Chile (70%).

Salarios.- Otro indicador en el estamos muy rezagados es en el de salarios. Como lo mide la OCDE (dólares a precios constantes de 2016) no sólo son el 38.5% de los de la OCDE sino que han estado estancados desde 1990 (año en el que inicia la serie). Se espera que en este sexenio se de un punto de inflexión y los salarios empiecen a crecer, pero difícilmente alcanzaríamos la relación que hoy tienen los salarios de Chile en relación con los países de la OCDE (71.5%).

Distribución del ingreso.- Somos un país muy desigual. La participación en el ingreso del 20% peor remunerado de la población es de 5.4%. En los países de la OCDE el promedio es cercano al 8%. Una meta sería reducir la brecha con los países de la OCDE a la mitad, es decir alcanzar el 6.5%

Pobreza extrema multidimensional.- En este indicador no podemos compararnos con otros países porque no miden la pobreza bajo este concepto; no obstante, el objetivo de los ODSs es bajar la pobreza a la mitad para 2030. Disminuirlo a la mitad significaría pasar de un 7.6% de porcentaje de la población en pobreza extrema en 2016, a 3.8% en 2030, lo cual parece viable dado que 15 entidades federativas tienen ya un porcentaje inferior.

En síntesis, me parece que considerando los rezagos, el entorno y las políticas anunciadas por la nueva administración, podemos ser optimistas en que en el siguiente sexenio nos pondremos en la ruta para alcanzar metas ambiciosas en bancarización, pobreza extrema, ingresos tributarios e incremento de la participación de los hogares con menores ingreso, pero no se ve cómo podríamos ponernos en ruta para plantarnos metas ambiciosas, que nos entusiasmen, en materia de crecimiento económico, inversión pública, y en investigación y desarrollo, informalidad y salarios, si no hacemos algo diferente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.