Poco el amor y gastado en celos
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Poco el amor y gastado en celos

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Poco el amor y gastado en celos

11/10/2018

Este dicho de mi mamá me encanta: describe tantas situaciones de desperdicio cuando tenemos poco y lo malgastamos. Me parece que se aplica muy bien al caso del “Censo del Bienestar”, que acaba de arrancar el gobierno electo para recabar información de los que serán los beneficiarios de los programas sociales, “sin moches ni picadas de ojo”. Veinte mil “voluntarios de la nación”, identificados y equipados con playera y chalecos estandarizados, mochila, dispositivo móvil, mapa de ruta y folletos de programas sociales, han comenzado a recorrer el país para recolectar información de la gente que pudiera ser susceptible de obtener los beneficios de los programas sociales. Por más trabajo voluntario que sea, el “censo” va a costar una buena cantidad de dinero.

No hay duda que se requiere un padrón de beneficiarios de programas sociales. Desde hace años diversas organizaciones han demandado la existencia de un padrón confiable, verificable, transparente y que esté plenamente aislado de intereses políticos. Y durante este tiempo que se ha demandado, también se ha negado. Existen múltiples padrones inconsistentes, parciales, con personas duplicadas o inexistentes, que no son verificables y, además, están ligados con clientelas políticas locales. Ese ha sido el pan de cada día y lo que ha sido imposible desterrar. Ni los gobiernos del PAN ni los del PRI a nivel federal ni ningún otro partido a nivel estatal hicieron esfuerzos en este sentido. Más bien ha sido lo contrario. Muchos se han aprovechado de la inexistencia del padrón.

A esta problemática se añaden otras: el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) advirtió que la metodología para la medición de la pobreza tendría una vigencia de 10 años, y es ahora cuando se cumple el plazo para su nueva definición. No es una tarea sencilla, pero ya el Coneval lleva años en su diseño y seguramente estará en posibilidades de ofrecerla en un tiempo cercano. Un levantamiento como el que se está haciendo podría ser una fuente de información útil (no representativa ni con otras atribuciones estadísticas) para el Coneval. Es un esfuerzo costoso y no debería desaprovecharse.

Lo mismo ocurre con la medición de los ingresos que realiza el INEGI. En las encuestas que levanta la institución se han detectado problemas en la medición de los ingresos de la gente, sobre todo de los estratos más bajos y de los estratos de mayores ingresos. La distribución está truncada en los extremos. Un levantamiento como el que se está realizando podría, nuevamente, brindar información útil, mas no representativa estadísticamente, para –al menos– contrastar la información que ya se tiene de ingresos y gastos, en los que se sabe hay muchas distorsiones. En las encuestas, mucha gente subreporta sus ingresos si considera que al hacerlo tendrá un beneficio, como el acceso a beneficios públicos o que el SAT no los registre, o sobrerreporta sus ingresos si va a pedir un crédito. El esfuerzo del levantamiento del padrón (que no es censo) debería estar ligado con estas otras necesidades de información.

Y quizás la más importante, este padrón debería servir como parte del esfuerzo de la construcción de la cédula única de identificación de la población, con información física y genética de las personas, para avanzar de forma decisiva en este proceso que ha sido tan difícil de llevar a cabo. Urge tener una cédula única de identificación para todo tipo de fines, desde la construcción justamente de un padrón de beneficiarios de programas sociales, hasta la identificación de restos humanos que han causado tanta angustia y dolor entre los mexicanos en esta era de violencia extrema. El esfuerzo que se está realizando con estos 20 mil jóvenes “voluntarios” debería estar ligado con este esfuerzo de trascendencia nacional.

¿Por qué no se ha hecho así? ¿Por qué no se utiliza a las instituciones del Estado establecidas y especializadas para llevarlo a cabo? Quizás por la desconfianza de AMLO en las instituciones para hacerlo bien, quizás por la prisa que se tiene para dar resultados, quizás porque es un esquema perfecto para construir una base clientelar partidista (el organizador/coordinador del censo es Gabriel García Hernández, quien ocupa la Secretaría de Organización del CEN de Morena). Quizás por todas las razones anteriores y otras más.

La construcción de un padrón de beneficiarios de los programas sociales es una gran idea, indispensable, pero debe tener ciertas características para que efectivamente lo sea. Debe ser exhaustivo, confiable, verificable y transparente. Todo ello es para evitar suspicacias de que la información obtenida servirá para reclutar clientelas políticas partidistas, que se ofrecerá dinero a quienes se afilien, que ofrecerán dinero a pesar de no cumplir con los requisitos y reglas de operación, etcétera.

Por eso es relevante quién lo está organizando, quién está pagando los gastos. Por eso también es importante aprovechar al máximo los pocos recursos públicos que tenemos. Este esfuerzo debe servir también para otros fines que requiere el país, y que la calidad de información y su transparencia hagan que el padrón se convierta en un bien público, accesible a todos.

Dado el poco amor, no lo podemos gastar en celos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.