El olvidado tema de la inversión productiva
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El olvidado tema de la inversión productiva

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El olvidado tema de la inversión productiva

07/06/2018

El Inegi dio a conocer ayer que la inversión bruta fija creció, con cifras ajustadas por estacionalidad, a una tasa de 1.9 por ciento en marzo. Su promedio en el año ha sido de 3.1 por ciento.

Pero, si tomamos en cuenta el crecimiento promedio del primer trimestre de 2012 a la fecha, fue de 1.4 por ciento anual, es decir, sumamente débil.

Y si nos vamos mucho más atrás y calculamos el ritmo de 2000 a la fecha, la cifra es de 2.1 por ciento al año.

El dinamismo de una economía depende de la inversión. Y la realidad es que en México llevamos muchos años con una gran debilidad en esta variable.

Incluso si nos vamos más atrás, observamos que, en los últimos 25 años, la inversión productiva en México ha crecido a un ritmo de 2.4 por ciento anual real en promedio.

Este bajo dinamismo, lo hemos explicado en este espacio, es una de las principales razones del bajo crecimiento de la economía en el último cuarto de siglo.

En esta administración, se apostó a una serie de reformas estructurales como dinamizadoras de la inversión, particularmente la energética y la de telecomunicaciones.

Ha sido visible que no han logrado ese resultado en el corto plazo.

Pero, también hay que señalar que uno de los problemas más serios para este periodo largo es el bajo dinamismo de la inversión pública.

Su ritmo de crecimiento en el último cuarto de siglo es de apenas 2 por ciento anual, de acuerdo con cifras del Inegi.

Las últimas cuatro administraciones buscaron esquemas para sustituir inversión pública con inversión privada. Sin embargo, esta última no llegó en los niveles suficientes.

La razón del menor dinamismo de la inversión del Estado es la presión creciente del gasto corriente, especialmente el destinado a programas sociales y a pagos contractuales como las participaciones y las pensiones.

El otro factor que ha frenado la inversión es la enorme desigualdad de las unidades productivas del país.

Tenemos cerca de 4 millones de unidades económicas, pero de ellas solamente cerca de un millón son empresas formales y no pasan de un cuarto de millón las que pueden tener acceso al sistema financiero formal para financiar sus inversiones.

El resto ven limitada su capacidad a la reinversión de utilidades. Pero si muchas de ellas, tienen baja productividad, también sus utilidades son cortas, lo mismo que su inversión.

Si la inversión no se ha derrumbado en México es por lo realizado por muy pocos miles de medianas y grandes empresas.

Muchas de las propuestas de los candidatos –cualquiera que gane– pasan por hacer crecer la economía, lo que requiere que haya inversiones. Pero, no hay detalles respecto a fórmulas viables para hacer crecer la inversión.

Ojalá, como lo pidió ayer el sector privado, en esta última etapa de las campañas, haya oportunidad de confrontar propuestas, y entre ellas, algunas de las sustantivas son las que pueden dinamizar la inversión.

Si no la hay, muchos de los objetivos de los programas pueden quedarse en buenos deseos.

Es poco atractivo este tema si lo comparamos, por ejemplo, con el combate a la corrupción, pero le aseguro que el más exitoso programa anticorrupción, sin una mayor inversión, va a quedarse trunco y no va a permitir que el dinamismo del país en los próximos años sea el que muchos esperan.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.