Una pesadilla de José Antonio Meade
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Una pesadilla de José Antonio Meade

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Una pesadilla de José Antonio Meade

16/04/2018
Actualización 16/04/2018 - 9:15

Lo eligieron por ser personalmente honesto. Decidieron mostrar la cara amable de un sistema corrupto hasta la médula, como lo ha expuesto con claridad el libro La estafa maestra (Temas de hoy, 2018).

Desde que su partido lo postuló candidato no ha pasado del tercer lugar, veinte puntos abajo del puntero. Una distancia ya irremontable. El candidato, mientras viajaba en clase turista a uno de los extremos de la República, fue asaltado por la siguiente y terrible pesadilla.

Entre el primero y el segundo debate, cuando se dieron cuenta de que iban directamente al desastre, decidieron corregir drásticamente el rumbo. Lo citaron en la madrugada en Los Pinos, donde la plana mayor del partido estaba reunida con el presidente.

Le dijeron: “Te tienes que enfermar; vamos a sustituirte. Ya hablamos con Osorio Chong y está dispuesto a asumir el reto. Tú sabes –le dijo el presidente– que nos equivocamos. Miguel Ángel llevaba el segundo lugar en todas las encuestas. La gente lo veía como un representante del sistema y así lo aceptaba. Contigo tuvimos que partir de cero, pensamos atajar que nos acusaran de corruptos, pero no funcionó. Te aplastó el peso del partido…”.

Sabía a qué se refería el presidente. Su candidatura iba a pique. De las ocho gubernaturas y la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México que están en juego, el partido no iba a ganar una sola. Algo histórico. De 32 senadurías en disputa, ganaría acaso una o dos. El paisaje era desolador. El candidato se había reunido con su 'cuarto de guerra' esa mañana, les había pedido pasar con urgencia a las medidas desesperadas. Nunca pensó que una de ellas, operada a sus espaldas, sería la de rescindir su candidatura.

Se trataba ya no de ganar la presidencia, sino de salvar a como diera lugar lo más posible. Había mucho en juego. Se trataba de salvar los restos del sistema. Un sistema construido como mecanismo preciso de corrupción. “La corrupción no es una característica desagradable del sistema político mexicano: es el sistema” (Zaid).

Tres reporteros (Nayeli Roldán, Miriam Castillo y Manuel Ureste), coordinados por el periodista Daniel Moreno, atisbaron un pequeño fragmento del sistema. Llamaron a su investigación 'La estafa maestra'. Sólo pudieron consultar en la cuenta pública lo ocurrido entre los años 2013 y 2014, tal y como lo reveló en su propia investigación la Auditoría Superior de la Federación, y lo que vieron, sólo una parte pequeña de la madeja, los dejó helados. Los investigadores analizaron 73 convenios hechos por once secretarías con ocho universidades. Estas a su vez subcontrataban los servicios de empresas 'fantasma', las cuales finalmente contrataban a una sola empresa que era la encargada de desaparecer el rastro del dinero. Mediante este mecanismo pudieron esfumar siete mil 670 millones de pesos.

Once secretarías repitieron este esquema. No se trata de una pieza deficiente del sistema. Como dice Zaid, se trata del sistema mismo: un sistema diseñado para delinquir. Parte de ese dinero se quedaba en las universidades contratadas. Otra parte pasaba a manos de los administradores de las empresas 'fantasma'. Y otra porción, muy significativa, se presume fue desviada para fines electorales.

Un perfecto círculo vicioso. El candidato lo sabía. Esa noche en Los Pinos –tensa la reunión, cargado el ambiente–, el candidato conocía perfectamente ese mecanismo y otros más que podrían descubrirse. Su paso privilegiado por cinco secretarías le habían permitido conocer a fondo las entrañas del sistema. Se hicieron, a él le constaba, todos los esfuerzos para venderlo como un hombre fuera del sistema, fuera del PRI y la corrupción. Sabía el candidato que a él no podía atribuirle nada, pero también sabía que el sistema era eso, un mecanismo de corrupción para autorreproducirse.

El candidato, luego de ver en la habitación a Osorio Chong, supo que el reemplazo era inevitable.

El sistema de seguro premiaría su sacrificio. Mejor para él.

Tenía claro que para que el país funcionara correctamente era necesario desmontar totalmente el sistema y volverlo a armar de otra manera. Sabía también que hasta ese momento las investigaciones relacionadas con la 'estafa maestra' no lo involucraban, pero que, con el gobierno en manos de otros, no sería difícil rastrear el dinero perdido. Sabía que se acercaba el fin y había que salvar los restos del próximo naufragio. Él conseguiría sin problema un puesto en la iniciativa privada. Se acercó entonces a Osorio Chong y le tendió la mano…

En ese momento, y con sobresalto, el candidato despertó de su pesadilla. El avión había aterrizado y él tenía que proseguir la campaña, ya sin ninguna esperanza.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.