Muchos nos quejamos, pocos aportamos
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Muchos nos quejamos, pocos aportamos

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Muchos nos quejamos, pocos aportamos

13/03/2018
Actualización 13/03/2018 - 20:30

A los ciudadanos nos gusta siempre opinar sobre el acontecer nacional, ya sea en lo político, deportivo o social. Lo hacemos de forma abierta en las comidas familiares, las conversaciones entre amigos, platicas con desconocidos en el transporte público y debates en las redes sociales, nuestro nuevo foro democrático preferido.

Opinar y criticar es liberador: al hacerlo, ejercemos nuestro derecho de libre expresión y hacemos público nuestro sentir. Es todavía más liberador y satisfactorio cuando encontramos eco de lo que pensamos en las opiniones de los demás: nos hace creer que no estamos solos, que no estamos equivocados.

Con nuestras opiniones demostramos nuestro descontento con todo aquello que no es como debería y, sobre todo, aquello que no es como nos gustaría: el transporte público, la seguridad, los servicios de salud, la educación; en general, el uso de los recursos públicos en el país.

Como toda nación, México tiene muchas cosas que pueden mejorar. Sin embargo, las soluciones no son tan sencillas como a veces llega a parecerlo en nuestros debates y conversaciones sobre el futuro del país.

Nuestra extensión es envidiable: los casi 2 millones de kilómetros cuadrados de territorio mexicano podrían albergar alrededor de 23 países europeos, entre los que se encuentran Portugal, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Suiza y Holanda. La población de México es casi el doble de países como: Italia, Francia o Reino Unido; y casi el triple que Colombia, España o Argentina.

Tenemos un territorio ocho veces mayor que el Reino Unido y dos veces su población. Podría pensarse que, con más recursos y mayor población, nuestras opciones de crecimiento deberían ser mayores a las de las naciones británicas. Sin embargo, la realidad puede entenderse mejor si analizamos el sistema tributario de ambos países.

En el Reino Unido, casi el total de su población activa cumple con el pago de sus impuestos: el año pasado, 30.3 millones de británicos contribuyeron con Hacienda, de un total aproximado de 32 millones de trabajadores. Es decir, una tasa de 94% de cumplimiento, con una tasa impositiva del 45% del ingreso de cada empleado.

En México, la historia es distinta. De 56.7 millones de trabajadores, tan solo el 45% participa del proceso recaudatorio, es decir 29 millones de mexicanos, una cuarta parte de la población total nacional. Todos podrían refutar mi argumento señalando el tipo de bienes y servicios públicos con los que cuentan esas naciones y los que recibimos los mexicanos, y es justo ahí a donde quiero llegar…

Los datos anteriores nos dicen mucho de lo que en materia recaudatoria logramos: en pocas palabras, las aportaciones de una cuarta parte de la población son la base para que se mantengan las plataformas sociales de nuestro país (educación, salud, infraestructura carretera, seguridad, etc).

En ese sentido, en México, casi 32 millones de niños tuvieron educación gratuita entre 2016 y 2017, y tenemos 20,000 escuelas de tiempo completo; más de 52 millones de mexicanos reciben atención médica sin costo en los hospitales y las Unidades de Medicina Familiar del IMSS; 12.4 millones lo hacen a través del Seguro Popular.

A pesar de los deseos de algunos personajes, el país no detiene su avance. Hoy somos la economía número 11 a nivel mundial, se han generado 3.5 millones de nuevos empleos, estamos en el 8º lugar de los países más visitados del mundo, somos el 7º productor de vehículos en el mundo, hay mas de 65.5 millones de usuarios con acceso a internet. ¿Te imaginabas estas cifras en México?

Durante el proceso electoral, algunos de los candidatos aseguran que hay un avance nulo en materia de programas sociales, calidad educativa, etc.; también dicen que lograr la transformación del país sólo depende de una variable: eliminar la corrupción. En el ánimo ciudadano, ese discurso puede funcionar, pero en la realidad, en el día a día, no es así de sencillo.

Es cierto, opinar y debatir es saludable en toda nación democrática, debemos seguir haciéndolo. Pero el quehacer del servicio público no es fácil y una nación no se transforma por arte de magia. Para que los candidatos no nos quieran comprar con espejitos, hay que informarnos y documentarnos. Con el contexto anterior podemos entender que pagando nuestros impuestos, conociendo la coyuntura y manteniendo un Debate Puntual aportamos al crecimiento y el avance de México.

A Debate: ¿Sí todos pagáramos impuestos, se podrían mejorar los servicios públicos?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.