Provocan desconfianza
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Provocan desconfianza

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Provocan desconfianza

14/06/2018

Es muy fácil entender la falta de transparencia y realidad en México después de haber visto el debate presidencial. Si nos basamos en los dichos de los candidatos, podremos concluir que todos son corruptos y que no vale la pena acudir a las urnas a emitir nuestro voto, o bien, que todos al defenderse tuvieron razón y quienes los critican son parte del complot.

Es tan difícil creer en los procesos judiciales, las auditorías, los dichos de los personajes políticos, que algunos medios de comunicación decidieron que los iban a verificar para tratar de entender quién tiene la razón y quién miente vilmente. Y por ello, después de escuchar el debate, queda un sentimiento de desconfianza.

El martes, con pruebas en la mano y la información ya en Internet, el candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya, le mostró al de Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, una foto y le dijo que en ella estaba con su amigo el ingeniero (José María) Riobóo, quien participó por un contrato de mil millones de pesos para hacer el proyecto de las pistas del nuevo aeropuerto, y lo perdió.

Explicó que, ya que perdió el contrato, se presentó con López Obrador en las instalaciones del nuevo aeropuerto para echar pestes del proyecto y proponer que se hiciera en otro lugar, para después criticar a López Obrador de que se convirtió en lo que tanto criticaba, ya que cuando fue jefe de Gobierno le entregó a Riobóo contratos por 170 millones de pesos, sin licitación.

López Obrador lo negó varias veces, mientras Anaya le pedía que si era cierto renunciara a su candidatura; así estuvieron unos segundos hasta que los interrumpió el periodista Carlos Puig.

Ayer quedó demostrado que existían los contratos sin licitación, que si bien no son un delito, sí demuestran falta de transparencia en el gobierno, pero también se hizo pública la explicación del grupo Riobóo, en la que justifica su actuación; finalmente, la información de los segundos pisos se resguardó por 20 años: esto puede no significar corrupción, pero sí demuestra una absoluta falta de transparencia y de respeto a los ciudadanos.

O sea que éste y otros ataques del debate, que de acuerdo con el periódico Reforma fueron 54, quedarán en la discusión en las redes sociales sin que haya un esclarecimiento real y sin que los ciudadanos podamos saber cuáles son las características de nuestros candidatos presidenciales.

Una vez más el tema Odebrecht fue parte del debate, después de que el candidato de Todos por México, José Antonio Meade, dijera que el único indiciado por un delito era Ricardo Anaya; éste reviró que el priista y su jefe, Enrique Peña Nieto, estaban involucrados en este caso.

Después Meade sacó de la chistera un gran dato: que el futuro secretario de Comunicaciones y Transportes de López Obrador, Javier Jiménez Espriú, y su familia, fueron socios de esta empresa, para posteriormente explicar en un tuit que fue director general de Idesa, empresa que se alió con Odebrecht en México.

Al igual que en el anterior caso, ayer, Jiménez Espriú se defendió en Twitter negando dichos señalamientos y también fue apoyado por Diego Valadés, a lo cual el candidato priista explicó que el dato lo obtuvo del propio currículum del futuro secretario de Comunicaciones, en caso de ganar Andrés Manuel López Obrador.

Éstos son sólo dos de los ataques, y su veracidad ante los ciudadanos dependerá de qué tan bien manejen los datos los candidatos y sus equipos.

Y sería bueno que como solicitaron en el Senado, la PGR informe en un plazo máximo de 10 días los avances en las investigaciones en contra de Manuel Barreiro Castañeda y Ricardo Anaya Cortés, para mitigar tanta desconfianza.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.