A la caza del cielo
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A la caza del cielo

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A la caza del cielo

24/07/2018
Actualización 24/07/2018 - 12:57

¿Cuáles son los límites de la ciudad? El escritor argentino Rodrigo Fresán dice que “la mayoría de las ciudades, cuando las miras desde arriba, desde un avión, parecen una tela de araña. México es diferente: México es la araña que teje a todas esas telas”. Llegar a la ciudad por aire es apabullante, recorrer la alfombra de casas y edificios, ver los cables que cruzan sin aparente orden, los carros que no dejan de moverse, las nubes que enmarcan la nata gris, ir devorando los pies de altura es la antesala de que estás por aterrizar en un caos difícilmente descrito.

En lo terrenal parece que no tenemos hacia dónde movernos ni cómo hacerlo, pero la ciudad se acomoda, se estira, se ensancha en espacios que parecen imposibles, donde antes había dos carriles aparecen cuatro, donde había un piso surgen seis y donde nadie caminaba hoy aparecen marchas hacia ninguna parte.

La velocidad de las cosas también ha cambiado, queremos llegar más de prisa a todos lados. ¿Para qué? Algunos le llaman calidad de vida, otros le llaman quererle ganar al tiempo. Gracias a esto la ciudad se comunica de manera distinta, lo que alguna vez fue una ciudad de vochos amarillos hoy aparecen versas, tsurus y demás autos pintados de color rosa con blanco transportando a algunos cuantos que quieren llegar más rápido; los microbuses permanecen, se niegan a la extinción, y junto a las combis son los que mandan en el transporte terrenal de los chilangos; bajo tierra se mueven cinco millones todos los días, el Metro se colapsa y revive cada mañana, una lluvia lo paraliza, pero se seca y todo vuelve a la normalidad; y por último el cielo, el último bastión al que no todos pueden acceder, todos voltean hacia arriba, pero pocos recorren la ciudad a vista de pájaro, los helicópteros son para unos cuántos, mentiría si digo que alguien cercano a mí utiliza este medio de transporte para aprovechar el tiempo al máximo o para reducir horas de tráfico cotidiano.

Con la llegada de servicios de taxi a través de aplicaciones de celular se trastocó la manera en la que se comunica esta ciudad, de pronto descubrimos choferes donde antes no existían, vecinos, amigos y familiares que vieron una buena opción de negocio y que ahora recorren la ciudad sin conocerla. Con el paso de los años hay buenas y malas historias, algunos lo perdieron todo, otros lo hicieron su forma de vida.

Ayer me topé con una nueva sorpresa en esta ciudad, la nueva solución para ganarle al tiempo. Como se pide un auto desde el celular, ahora se puede pedir un helicóptero. Es una locura decir que se democratiza el transporte aéreo, ¿cuántos pueden pagar dos mil 500 pesos del aeropuerto de la Ciudad de México a Interlomas? Y algo más importante aún, ¿cómo para qué querrían ir a Interlomas? O pagar cinco mil 500 pesos del Aeropuerto de la Ciudad al de Toluca. Sin embargo, si existe es porque hay un mercado. Aunque ya había taxis aéreos desde hace varios años, esta es la primera vez que se abre el mercado a un clic de distancia.

La empresa encargada de dar el servicio es Voom, que junto a Cabify da el acceso a reservar viajes en helicóptero bajo demanda y así lo venden en su página de internet: “Según el Index TomTom Traffic 2017, la Ciudad de México ocupa el primer lugar de congestión vial en el mundo, lo cual representa una gran oportunidad para incentivar nuevos modelos de movilidad como el uso de helicópteros compartidos. Una idea que antes parecía inalcanzable, pero que ahora la apuesta es que los vuelos en helicóptero sean parte del estilo de vida de ejecutivos, emprendedores o cualquier persona que valore la eficiencia y su tiempo”. La Ciudad de México se convierte en la segunda ciudad del mundo donde las dos compañías operarán en conjunto a través de cuatro helipuertos: Montes Urales, Interlomas, Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y Aeropuerto Internacional de Toluca.

Dos empresas van a la caza del tiempo y del cielo de la ciudad. Si la demanda aumenta el tráfico se acumulará pronto encima de nosotros, nuestro cielo también se ensancha, se estira y se acomoda, la ciudad sigue siendo “la araña que teje a todas esas telas”. No dejamos de crecer, de movernos, pero sobre todo de apresurarnos, aun el aire goza de avenidas libres… en breve esto será historia, algún día llegaremos a nuestros límites.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.