Arropar derechos
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Arropar derechos

27/07/2018
Actualización 27/07/2018 - 9:13

“Vivir en un contexto sumamente conservador, lleno de prejuicios, lleno de estigmas, me hacía de alguna o de otra forma odiar quien era yo, al final, ¿quién quiere una vida donde se te discrimine? ¿Quién quiere una vida donde no puedas agarrar a tu pareja de la mano sin pasar por un riesgo? ¿Quién quiere una vida donde tu familia te pueda correr o someter a algún trato cruel e inhumano? Ese era mi pensar y por supuesto no quería ser así, no quería deshonrar a mi familia, de verdad quería cambiar quien era yo, quería ser heterosexual y tenía muchas ganas de hacerlo y combinado con las terapias a las que me sometieron se convirtieron en un coctel explosivo para mí. A la larga mi salud emocional se vio afectada hasta la frustración, empiezo a vivir una doble vida, y estas fuerzas que aplicaron en mí me traían estos pensamientos de un constante fracaso y estaba ahí el pensamiento del suicidio”, es el testimonio de un joven mexicano llamado Iván Tagle que ayer dimos a conocer en el espacio de Así las Cosas en W Radio. El tema de la discriminación a homosexuales vuelve a la agenda nacional después de las declaraciones del conductor de televisión, Mauricio Clark, donde afirmó que se había “curado” de su homosexualidad. Se pensaría que en un lugar que ha ganado tantas libertades, como la Ciudad de México, este tipo de discursos habían sido eliminados. Pero no, Clark como muchos más piensa que la homosexualidad es una enfermedad y que por lo tanto se puede curar, nada más equivocado que esta afirmación, nada más falso y a la vez desinformado.

Respecto al tema no he escuchado una voz tan contundente y clara como la de Jacqueline L’hoist, presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México: “Hay un principio y es que la homosexualidad NO es una enfermedad, así lo dijo la Organización Mundial de la Salud en 1990. Entonces partamos de eso (…) quiero decirlo con muchísima claridad, ¿tenemos que respetar a quienes no quieran seguir con prácticas homosexuales? Por supuesto, todo es respetable porque cada quien hace con su sexualidad lo que quiera y cada quién se acuesta con quien quiera, así que si una persona como Mauricio dice: ‘yo ya no soy homosexual’, está bien, lo malo es usar las palabras ‘me curé’, porque no estabas enfermo. No te curaste, te reprimiste, optaste por no seguir ahí porque ‘quieres salvar tu alma porque te han dicho que eso es pecado’. Y yo no voy a hablar de eso, si una religión dice que eso es pecado pues que la religión lo diga, pero hay que tener muy claro que existe la libertad de credo –y eso es tu decisión si optas o no por las creencias de una religión–, lo que NO puedes decir, insisto, es que te curaste”.

Y es que este tipo de afirmaciones abren la puerta a la charlatanería, a lugares y asociaciones que cobran por ‘convertir o curar’, y se tratan solamente de un fraude que debido a los métodos improvisados podría llevar al suicidio de la persona que haya sido sometida a estos tratamientos, “Muchas te dicen que en un mes te ‘curan’, en el mejor de los casos te toca un charlatán que te va a dar lecturas y talleres, pero en el peor de los casos te toca una persona obsesiva y entonces Copred está queriendo subir a grado de tortura esta discriminación”, afirmó L’hoist.

Hace unas semanas veíamos la embestida del candidato Mikel Arriola contra las libertades y derechos ganados de los homosexuales en la ciudad, hoy vemos la estridencia de las declaraciones de un conductor de televisión que habla de las orientaciones sexuales como enfermedades, el caso con el que inicié esta columna es la reafirmación de un grupo de mexicanos que se sienten acosados y discriminados. No podemos evitar que un grupo de personas siga pensando que la homosexualidad es un pecado, pero sí podemos construir una sociedad que arrope libertades y les dé la certeza a sus ciudadanos de que cualquier persona puede amar a quien sea y eso es un derecho ganado que no está a discusión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.