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#AúnHayTiempo

28/03/2018
Actualización 28/03/2018 - 12:19

Todos nosotros estamos más plenos y somos más productivos en un trabajo en el que nos sentimos valorados, donde nuestros jefes se preocupan por cumplir los derechos mínimos que establece la Ley Federal del Trabajo; estamos más tranquilos teniendo un seguro médico, las prestaciones de ley y una remuneración justa por nuestro desempeño. Vemos natural que entre las prestaciones se encuentre un periodo vacacional y aguinaldo. No tenerlo sería motivo suficiente para rechazar una oferta laboral. Quizá hasta ahora le parezca que este párrafo es una obviedad. ¿A quién no le gustaría tener buenas condiciones en la actividad que nos permite solvencia económica y a la que dedicamos dos terceras partes de nuestro día?

Y si le agrego que luego de nuestra jornada laboral en una oficina, en un hospital, en un despacho, es un alivio llegar a una casa que está limpia, ordenada, que no nos implica un trabajo doméstico extra, usted dirá: ¡claro, obvio!

Llegar y descansar es posible porque en casa hay una persona que mientras nosotros trabajábamos mantenía en orden nuestro hogar. ¿Y usted que se facilita la vida con el trabajo de otra persona, le otorga los mismos derechos laborales que usted exige en una oficina gubernamental o desde la iniciativa privada? ¿Le da un sueldo justo, vacaciones y seguridad médica a esa persona que le permite llegar a una casa ordenada y limpia? ¡Ah!, parece que esa respuesta ya no parece responderse con un 'obvio sí'.

En México, 2.5 millones de personas realizan trabajo en el hogar: lavar, cocinar, limpiar, planchar, cuidar un jardín o administrar la economía de una casa. Sin embargo, 99 por ciento de esas personas no tiene un contrato y presta sus servicios confiando sólo en la palabra de un empleador, que le exige largas jornadas de trabajo y que a cambio no le ofrece ninguna prestación. ¿Quién vela por los derechos de esas personas de las que nueve de cada 10 son mujeres?

Hace siete años, nuestro país suscribió el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (C189), un documento en el que quien lo firma se compromete a generar las condiciones mínimas indispensables para proteger y hacer valer los derechos de los trabajadores domésticos. Este convenio ha sido suscrito por 25 naciones en el mundo, entre las que se encuentran Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Uruguay.

Sin embargo, el documento firmado en época de Felipe Calderón nunca fue enviado al Senado para su ratificación, requisito indispensable para que tanto el Ejecutivo como el Legislativo comiencen a generar las políticas públicas y leyes necesarias para que el C189 no sea letra muerta como tantas legislaciones en México. Siete años en la 'congeladora' legislativa. Como ya habrá adivinado, los derechos de las trabajadoras domésticas no han sido una prioridad en los entretejes políticos de nuestro presidente o el secretario de Gobernación, a quien correspondería enviar al Senado el documento para ratificarlo y establecer una ruta de trabajo.

De hecho, ¿sabía que en este sexenio no se ha ratificado ninguno de los convenios o tratados que México ha signado en materia de derechos humanos? No extraña cuando se sabe que son sistemáticas las violaciones en el tema, el pie del que cojeó siempre la administración peñanietista.

Pero las trabajadoras del hogar no están solas en su lucha. Organizaciones como Hogar justo Hogar y la ONU llevan años peleando porque el Legislativo recuerde que no sólo ameritan la pena aquellos temas que les garantizan un golpe mediático en la coyuntura electoral, sino que la ratificación de este convenio nos convencería más de su legítimo interés por ‘abrazar’ agendas de derechos humanos.

Y es que no se trata sólo de los derechos laborales, sino de la prevención del maltrato y la discriminación que padecen aquellos que nos permiten llegar a un hogar cómodo y limpio, que se vuelva un espacio de convivencia familiar. ¿O es que no sabía que siete de cada 10 mujeres dedicadas al trabajo doméstico han sido víctimas de una agresión física o verbal?

El 42 por ciento de las trabajadoras, casi la mitad en todo el país, recibe apenas entre uno y dos salarios mínimos mientras que 37 por ciento percibe sólo hasta un salario mínimo. Además, seis de cada 10 no tienen vacaciones y cinco de cada 10 no reciben aguinaldo.

La solución es más sencilla de lo que parece y la mitad está en las manos de todos. La primera parte corresponde al Legislativo, que después de años de intentos por fin tiene una iniciativa de ley que está lista desde noviembre del año pasado y que podría discutirse y aprobarse antes del 30 de abril. Una iniciativa en la que se contempla armonizar la Ley Federal del Trabajo con el C189 y que tendría un año de vigencia para implementarse. ¿Qué les hace falta? Nada más que la voluntad política de destrabar un asunto que en nada afecta los intereses políticos de nadie y sí le cambiaría la vida a millones de trabajadoras. Un gran regalo, por ejemplo, para este 30 de marzo, Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, #AúnHayTiempo.

La otra mitad le corresponde a usted a quien le gusta recibir un trato justo en su trabajo y gozar del empleo doméstico de alguien más. Firme un contrato, no exceda ocho horas de jornada laboral, inscriba a sus empleados en el Seguro Social, dele un sueldo justo por sus actividades y vacaciones. Nada más que lo que usted pediría para sí mismo. ¿Le parece un trato justo?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.