¿Cuánto durará?
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¿Cuánto durará?

13/06/2018

La denuncia ante la Procuraduría General de la República interpuesta por el panista Ernesto Cordero al candidato panista a la Presidencia de la República, acusándolo de presunto lavado de dinero y tráfico de influencias, me ha hecho pensar que en nuestra política la única tradición ideológica que siguen es la de sus intereses. Ayer platicaba con el columnista Salvador García Soto de cómo este último par de años nos ha demostrado que en México llegar al límite de la corrupción, el cinismo y la desconfianza ha trastocado el panorama político, es cuestión de que demos unos pasos para atrás y revisar figura por figura para darnos cuenta que cada uno ha desconocido, traicionado o de plano se ha olvidado de lo que fue, de los que lo rodearon, apoyaron y juraron fidelidad política.

La lista es interminable, de pronto Ricardo Anaya no soporta a la mitad de su partido, al imponer su fuerza y al hacer de su palabra la ley se llevó a Margarita Zavala, Javier Lozano, Roberto Gil Zuarth, Jorge Luis Lavalle, Ernesto Cordero, Felipe Calderón, y decenas más que hoy son cadáveres políticos –tal vez el 2 de julio sea de resurrección, aún no lo sabemos. De ahí, cada uno de los mencionados tiene su historia: Zavala desconoció su partido porque pudo más su ambición política; Lozano es vocero de Meade –creo que no hay nada más que agregar; Gil Zuarth también le dio la espalda a Acción Nacional; Cordero acaba de denunciar ante la PGR al que fue presidente de su partido y al que va por la silla presidencial…

¡Ah claro! Olvidaba a Jorge Castañeda, quien hoy les llama traidores a todos aquellos que le escupen a Ricardo Anaya, y de Vicente Fox no alcanzan los caracteres para hablar de su incongruencia: tal vez el caso más desesperado de personalidad múltiple en nuestra política nacional. Hasta ahí los panistas destacados.

En el caso de Morena, como partido nuevo no se puede hablar de una incongruencia ideológica histórica, pero sí de una apertura total de puertas y ventanas a cualquiera que se rinda ante el mandato de su líder: Germán Martínez, Manuel Espino y Gabriela Cuevas tal vez sean los ejemplos más icónicos de esta conversión casi milagrosa. Sin embargo, López Obrador no se queda atrás en el desprecio a algunos perredistas que alguna vez le levantaron la mano y viceversa, del PRD cada vez se habla menos, hoy ese partido está derrumbado, anexado y sin voz, con zopilotes políticos que aprovechan lo último que queda.

Miguel Ángel Mancera ha viajado con la bandera de la orfandad política y ha vestido con orgullo camisas amarillas, naranjas y las últimas semanas azules... por lo pronto se ha quedado con el poder de un PRD en terapia intensiva.

Del PRI, aunque son los más disciplinados, lo que más les ha dolido es la decisión presidencial de poner a un candidato que detesta al PRI pero que los representa, esto también entra en la canasta de la incongruencia. Manlio Fabio Beltrones, Miguel Ángel Osorio Chong y Emilio Gamboa apoyando a un país donde 8 de cada 10 los quiere fuera de Los Pinos, no les quedó de otra.

En fin, el recuento es para tratar de tener una mirada a futuro, ¿cuántos sobrevivirán con estas convicciones de 2018? ¿Cuántos que hoy defienden a López Obrador lo abandonarán en un par de años? ¿Cuántos que hoy le juran fidelidad le darán la espalda a Anaya? ¿Cuándo pasará de moda Meade y cómo lo recordarán, si es que lo recuerdan? ¿Quién se acordará del Bronco sin citar que fue el que algún día quiso mocharle las manos a los corruptos?

Tengo curiosidad por este nuevo acomodo político. Hoy amanecemos con una elección casi definida, ya no queda tiempo para más. Algunos desde hoy empezarán a cambiar de máscara, otra vez se dibuja un nuevo panorama, ¿cuánto durará? Cada vez menos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.