El perdón
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El perdón

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El perdón

08/08/2018

En mayo de 2011 Javier Sicilia habló del PERDÓN. Lo hizo después de que fueran capturados los asesinos de su hijo, les quería ver a la cara, estas fueron sus palabras: “Yo quisiera hablar de cosas que para mí son muy importantes, que es el perdón y el encararlos con su propia miseria en el sentido de que el tema del perdón es un tema complejo, profundo […] el perdón una gracia, algo gratuito que nace de la caridad, yo no creo en la caridad sin la justicia, ni perdón sin la justicia, van de la mano, pero la justicia tiene que ser la reparación en sus corazones porque a nosotros no nos pueden reparar la vida de nuestros hijos aquí”, nunca los vio, sin embargo, el perdón también salva a los adoloridos.

Ayer la palabra “perdón” cayó como una cubeta helada en el primer foro para la pacificación del país que se llevó acabo en Ciudad Juárez, Chihuahua.

El perdón no siempre cura. Así lo dijo frente a cientos de víctimas el próximo presidente de este país, Andrés Manuel López Obrador: “y estar dispuestos a perdonar, yo lo dije en campaña y lo repito ahora, coincido con los que dicen que no hay que olvidar pero sí estoy a favor del perdón, respeto mucho a quienes dicen ni perdón ni olvido, yo digo olvido no… perdón sí”.

A esta sentencia que vaticina un desacuerdo inicial en lo que será un tema prioritario en su sexenio, las victimas de décadas de violencia reviraron: “los familiares de las víctimas de desaparecidos rechazaron con gritos y protestas su proyecto de perdón”, según la crónica publicada por el periodista Jacobo García del diario El País, quien fue testigo presencial de este evento. “Sin justicia no hay perdón”, fue otra de las reacciones que logró retratar la periodista Marcela Turati, quien también cubría el Foro Escucha.

Y es que vaya que es delgada la línea del perdón, el proceso funciona de maneras distintas según el tamaño de la tragedia, un índice imposible de medir y mucho menos si hablamos de la estrategia de un gobierno de alternancia que ha prometido una transformación y en el que 6 de cada 10 mexicanos han depositado su confianza.

El ambiente en Juárez hace décadas que está lejos de ser sencillo, es una ciudad que se ha convertido en el génesis de las buenas intenciones por parte de gobiernos que quieren acabar con el crimen organizado y que hoy vive otra jornada de violencia que cala profundo. Ayer leía una nota de la periodista local Rocío Gallegos en el portal La Verdad de Juárez, quien mostraba el escepticismo de las víctimas hacía un recuento de los planes de seguridad planteados en la región desde hace décadas desde el sexenio de Ernesto Zedillo hasta Enrique Peña Nieto y de cómo esa sociedad se ha convertido en un laboratorio.

A las víctimas de Juárez ya no les bastan las promesas de mejora, los familiares de aquellas miles de desaparecidas, los padres y hermanos de los muertos en fuegos cruzados ya han tenido mucho de remedios que suenan prometedores, pero que los dejan en una laguna de sangre que ya se desbordó.

Ya pasaron por la cooperación tripartita que significó, en el año 2000, la creación de Bases de Operación Mixta; ya saben que el Plan Integral de Seguridad Pública del gobierno foxista no paró los muertos y que la creación, en 2004, de una Fiscalía Especializada en los Homicidios contra Mujeres no ha hecho que decenas de hijas, hermanas y madres un día simplemente no lleguen a casa.

Las víctimas de la violencia de Juárez ya vieron fracasar la Estrategia vs. el Narcotráfico que, en 2010, implementó Felipe Calderón, lo mismo que el Plan Antiviolencia de EPN.

Ayer alguien les dijo que perdonaran, pero ¿cómo perdonas sin verdad y sin justicia?, ¿perdonar a quién?, y ¿cómo evitas que la lista de víctimas y victimarios que requieran “perdón”, deje de crecer? A una ciudad que hace unos días fue primera plana por un fin de semana de 30 asesinados, 11 de ellos torturados, ya no le basta discursos de mágicas soluciones, en la realidad que viven, los abrazos no los protegen de los balazos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.