El sueño de Gina
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El sueño de Gina

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El sueño de Gina

06/12/2018
Actualización 06/12/2018 - 11:43

Gina Jaramillo es una joven y entusiasta divulgadora de la cultura. Desde hace varios años la conozco porque colabora en el programa matutino de W Radio, Así las cosas. Su pasión por los libros, los ilustradores, la moda y las historias infantiles la llevaron a abrir, en la colonia Roma, una tienda de libros, ropa y juguetes para niños. Amante de la imaginación y la creatividad, el juego favorito con sus dos hijos es la manufactura de disfraces en todas las épocas del año, a Perseo y Javiera los viste de astronautas, futbolistas, superhéroes y criaturas aún desconocidas.

No se está en paz, una tarde organiza un festival de lectura, a la mañana siguiente coordina contenidos en Ibero 90.9, más tarde entrevista a tres escritores y cierra el día como espectadora de una obra de teatro. A Gina Jaramillo lo único que le quedaba era escribir un libro infantil, y lo hizo.

Gina escribió El sueño de Andrés, un libro para lectores de primera infancia con ilustraciones increíbles de José Fragoso, y con una historia simple que habla de los sueños de un niño que le gusta jugar al beisbol y que imagina ser campeón con sus amigos… nada más.

Es una maravillosa lectura de viaje o un cuento de buenas noches. La reflexión es muy clara, la pregunta que la autora le hace a todos los padres y a todos los niños que tienen este libro en sus manos es: “Dentro de ti existe la felicidad. Tus pensamientos y tus sueños se vuelven realidad gracias a las personas con las que conectas. ¿Y tú qué sueñas cuando estás despierto?”. No puedo imaginar el potencial de esta pregunta en un niño de cinco años, las historias que se desdoblan y convierten este libro en uno de miles de páginas, en fin, es un texto que pone a la escritora en la mira de una carrera que apenas comienza.

Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención es la manera en la que en las redes sociales, algunos tuiteros, han tomado el libro infantil como un llamado al adoctrinamiento de masas de edades tempranas a la cuarta transformación (entran risas aquí) sin siquiera abrir el libro, porque si lo hubieran hecho sabrían que sus afirmaciones rayan en lo ridículo; se han encargado de atacar a la autora y a la periodista Gabriela Warkentin porque tuvo la dicha de presentarlo en la más reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Los comentarios son absolutamente increíbles, les escribe Karla: “Yo creo que la crítica se tiene que aguantar cuando eres periodista y haces propaganda política, eso sí, no los insultos”. Por otro lado, Pablo comenta: “NO es labor de un periodista presentar ‘preciosas’ hagiografías ¡PARA NIÑOS! sobre el hombre más poderoso del país junto a una de sus principales publirrelacionistas. Y MENOS si contribuyen a la construcción de un mito público que abona a su poder. Eso es PROPAGANDA”. Agrega Juan: “@warkentin Por positivo que sea el contenido del libro (cosa que dudo), no puedo dejar de cuestionarme qué hubiera pasado si cualquiera de ustedes hubiera presentado algo similar para Peña o Calderón”.

Sólo tres ejemplos que exhiben los tiempos en los que vivimos. Warkentin a todos les contestó con la misma pregunta: “¿Ya abriste el libro?”. Nadie le respondió, todos insistían en una tesis construida con telarañas mentales, hablando desde la esquina del desconocimiento, buscando en la rendija de la indignación algo que no existe. No se dan cuenta que han metido a Calderón, Peña y al “hombre más poderoso del país” en una historia de un niño que batea al viento, que ama ver de cerca las hormigas, que se acuesta en la hierba y que imagina un guante en el tamaño de una nube.

Espejo de miles de discusiones diarias, nos hemos convertido en arrebatos de nuestras pasiones mentales. Después de un año de politización llevada al extremo es normal que veamos neoliberales, populistas, encuestas y oposiciones en las historias más alejadas, pero no porque sea normal signifique que esté bien.

Bajemos el volumen, volteemos a ver otras ventanas, descubramos historias maravillosas en cuentos infantiles, no nos convirtamos en esos que ven en el menor amague una provocación inexistente.

Que vengan más historias como las de Gina, que vengan más sueños de cualquier niño, aunque se llame Andrés –¿qué culpa tiene? –, y que Gabi presente 500 libros más hasta que lo haya leído todo, que lo hagan y que lo disfruten, que lo disfrutemos todos, al menos ese es mi sueño.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.