La misión imposible de Andrés Manuel
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La misión imposible de Andrés Manuel

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La misión imposible de Andrés Manuel

26/07/2018
Actualización 26/07/2018 - 9:42

Hablemos de expectativas y del tiempo para cumplirlas.

Esta semana aparecieron dos encuestas sobre el estado de ánimo social después de la elección, una publicada por Consulta Mitofsky a cargo de Roy Campos, y otra dada a conocer en el diario Reforma, hecha por Lorena Becerra. Es interesante conocer el saldo sentimental de esta época de transición, lo que se espera del nuevo gobierno y también de cómo queda parada la figura de Andrés Manuel López Obrador después del desgaste de las campañas.

Los sentimientos marcan una tendencia favorable. Según la encuesta de Mitofsky, la gente está más alegre que triste (62.4 por ciento contra 25.8 por ciento) con el triunfo de AMLO el pasado 1 de julio; se siente más satisfecha que decepcionada (60.1 contra 27.3 por ciento); también percibe que hay más tranquilidad que miedo (59.8 contra 28.7 por ciento); y, por último, se siente más confiada. Digamos que en el terreno de la esperanza, todos los sentimientos están alineados y se otorga no sólo el beneficio de la duda, sino de un futuro mejor para todos; la sociedad está dispuesta y satisfecha de los tiempos que vienen. Y esto lo sostiene la encuesta de Reforma en la pregunta: De las siguientes palabras, ¿cuál refleja mejor su estado de ánimo en relación al gobierno de AMLO? Esperanza, 62 por ciento; incertidumbre, 24 por ciento; preocupación, 12 por ciento. Insisto, las expectativas emocionales son altas, esto en lo individual, pero ¿cómo nos percibimos como sociedad? 46 por ciento cree que el país está unido y 39 por ciento que está dividido.

Vayamos a las promesas de campaña. También en este terreno hay más positivos: según la encuesta de Lorena Becerra, 49 por ciento de la población cree que el gobierno entrante cumplirá todas o la mayoría de las promesas; 44 por ciento cree que muy pocas o ninguna, y de la mano va la imagen del virtual presidente electo –hace un año, en julio de 2017, 33 por ciento de los encuestados tenía una imagen muy buena o buena del líder de Morena y 38 por ciento una imagen muy mala o mala. Repito, hace apenas 12 meses, ¿qué sucedió? Cómo convenció a México López Obrador para estar en julio de 2018 con 62 por ciento de imagen positiva y un raquítico 12 por ciento de negativos. Por cierto, tendencias que se siguen separando con el paso de los meses; con el paso del tiempo más gente se convence de que el de Macuspana es una figura que podría resolver los problemas de este país.

Aquí viene el problema y tal vez lo más preocupante de esta luna de miel en la opinión pública que está viviendo el gobierno de Andrés Manuel. Cuando entramos a la parte del “tiempo en el que deberán observarse los cambios”, los tiempos de maniobra se reducen y podría romperse este espejismo de buenas intenciones. En la parte de resolución de problemas y expectativas publicada por Consulta Mitofsky, 61 por ciento de los encuestados señaló que quiere observar cambios en menos de un año –14.2 por ciento entre uno y tres meses; 19.6 por ciento entre tres y seis meses; y 27.3 por ciento entre seis meses y un año–, sólo cinco de cada 100 mexicanos creen que el trabajo de AMLO se debe observar después de los tres años de gobierno; el ansia, la exigencia y la rapidez pueden ser factores que acaben con este idilio entre el gobierno y la población.

El gran reto del equipo que acompaña a AMLO será la contundencia y la manera en la que comunican cada logro alcanzado –si es que alcanzan alguno en menos de un año–. Trabajar contra reloj puede convertirse en el principal obstáculo, no es algo que no sepan, simplemente el precedente del ánimo que exponen ambas encuestas es difícil de complacer; habrá que hacer un trabajo de convencimiento emocional y de que la situación está cambiando, pero no sólo en una primera etapa del gobierno –veamos lo sucedido al sexenio de EPN–; el reto será mantener un país con una inercia de cambio por seis años más, una misión que parece imposible.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.