La 'normalidad' de Enrique
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La 'normalidad' de Enrique

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La 'normalidad' de Enrique

06/03/2018
Actualización 06/03/2018 - 9:11

Dice el dicho que ‘hechos son amores’. Alguien debería recordarle esa frase al presidente Enrique Peña Nieto, quien a estas alturas, con uno de los índices de aprobación más bajos en el último año de un mandatario mexicano, piensa que de verdad hay quien cree que si dice que no tiene las manos metidas en la elección, es suficiente con su palabra.

Y es que ante el cuestionamiento de la sociedad civil y de figuras públicas, políticas e intelectuales sobre la intervención evidente de la PGR en la contienda electoral, el aún habitante de Los Pinos cree que con decir que ‘son normales’ los dimes y diretes y que ‘no fijará postura’, basta para no exigir que las instituciones de justicia actúen con independencia y autonomía.

Ayer, en una entrevista después de un evento y tras la ‘advertencia’ de Ricardo Anaya, de que se encargará de que se investiguen los actos de corrupción en su administración, se le preguntó a Peña Nieto su opinión al respecto, dado que el mensaje del aspirante frentista fue con nombre y apellido. La respuesta del mandatario parece un ingenuo intento por hacerle creer a sus gobernados que aquello que se hace en las dependencias a su cargo, como la Procuraduría, y que las declaraciones de sus fieles colaboradores, como Aurelio Nuño y Enrique Ochoa, o lo que diga su abanderado presidenciable, José Antonio Meade, no tiene ni su visto bueno ni esconde per se un mensaje de parte de la administración que representa.

Aquí la respuesta textual del mandatario: “Lo único que tengo que responder, no respondo a nadie ni me voy a meter en este proceso electoral, la única participación que yo tendré en este proceso será el 1 de julio cuando vaya a ejercer mi derecho a votar”.

Reportera: “Pero dicen que está usando a la Procuraduría…”

Peña Nieto: “A ver, no se enganchen tampoco los medios. Lo que vamos a ver en este proceso electoral, propio de toda democracia, son los dimes y diretes de cada uno de los participantes y es normal, es propio de todo proceso electoral lo que se diga, lo que se señale, lo que se posicione de cada uno de los candidatos. Lo que sí tendrán muy claro es que el presidente ni fijará posición ni va a tener un posicionamiento para cada uno de los candidatos o lo que vayan diciendo en esta carrera política, en esta carrera democrática”, respondió en un inusual gesto de colaboración con la prensa.

Sí. Viven ustedes en un país donde el presidente es incapaz de dar respuesta pronta y expedita en casos como los sobornos de Odebrecht, como la corrupción en el caso del socavón del Paso Exprés, como los conflictos de interés con su ‘casa blanca’, pero que cree que es ‘normal’ que previo al inicio de una campaña electoral uno de los candidatos sea señalado y exhibido por la PGR como presunto participe en lavado de dinero a través del esquema de las empresas fantasma.

¿De verdad, presidente? ¿Es propio de la democracia que se usen a modo las instituciones que deberían garantizarnos respuestas y justicia?

Qué terrible es una respuesta dicha desde la ocurrencia cuando la preocupación encarna los temores de una maquinaria electoral echada desde Los Pinos, una maquinaria conocida, que actuó con un desfile de secretarios en la campaña del Estado de México el año pasado y que tiene bajo la lupa en Chihuahua el desvío de 256 millones de pesos para la campaña priista en el estado.

La exigencia de los intelectuales y sociedad civil es clara: “Si hay pruebas contundentes sobre la responsabilidad legal de Ricardo Anaya exhortamos a que la autoridad ministerial proceda en consecuencia. De lo contrario, el uso de la Procuraduría General de la República para perseguir a un líder de la oposición, pone a México junto a países con regímenes autoritarios, democracias totalmente disfuncionales. Ante la falta de autonomía del Ministerio Público federal, usted presidente Peña Nieto es la máxima autoridad responsable de este proceso. En 2005, el intento de desafuero de Andrés Manuel López Obrador abrió brechas de polarización en la sociedad, que aún dividen y lastiman la convivencia social en nuestro país”.

No se trata, claro está, de la defensa de ningún aspirante presidencial, sino de un proceso democrático. Ya pasó antes con el PRI, ya la usó también el PAN –irónicamente– en 2005 y se puede convertir en una práctica sistemática de golpeteo a la oposición. Quizás a eso se refiere Peña con ‘normal’, a que es una estrategia que se diseñó desde el tricolor y que el blanquiazul también adoptó. Pero no, presidente, no es la normalidad de las trampas a la que queremos acostumbrarnos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.