Sí es envidia
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Sí es envidia

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Sí es envidia

12/04/2018
Actualización 12/04/2018 - 13:47

Sí es envidia. Aún no entiendo por qué somos incapaces de cuestionar, confrontar, sentar en el banquillo a alguien que debe de rendir cuentas. Nuestros senadores y diputados son masas subordinadas que responden a intereses particulares, cuando tienen la oportunidad de brillar, los dejan pasar, algunos se ausentan, otros los cuestionan cómodamente y la minoría suelta una pregunta incómoda, pero a la vez inconexa. Las comparecencias en nuestros congresos son una simulación, son medidas extremas que tratan de cubrir una indignación, pero que no significa ninguna consecuencia real.

Esta semana fuimos testigos de cómo el Congreso de Estados Unidos puso bajo la lupa a uno de los hombres más poderosos del mundo, el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg. El primer día de su comparecencia hablé con el analista Carlos Bravo Regidor. Aquí parte de la conversación:

-¿Por qué vimos a Mark Zuckerberg sentado frente al Senado?

-Por el escándalo de Cambridge Analytica, los desdoblamientos que tiene para Estados Unidos con el tema de la interferencia rusa y si Facebook fue un vehículo. Se incluyeron temas de política internacional, incluso el Brexit.

-¿Pueden mandar a citar a cualquier ciudadano estadounidense?

- Por supuesto, esas comparecencias son de verdad. El tema es, esta ocasión eran 44 senadores que querían hacerle preguntas a Mark Zuckerberg, lo que se determinó es que cada Senador tenía hasta cinco minutos para hacerlo. Eso hace que los senadores sean muy puntuales y muy incisivos con sus preguntas, porque son sus cinco minutos para lucirse.

-¿Y estás obligado a ir, como ciudadano estadounidense?

- Sí, no puedes negarte, si te niegas… no olvídalo, no puedes negarte.

De pronto la comparecencia se volvió noticia de portada de los medios mexicanos, la cobertura estuvo por encima de algunos dichos de los candidatos presidenciales. No es para menos cuestionar al presidente de una nación de miles de millones de usuarios que además roba sus datos; sin embargo, sentí envidia, justo como lo anoté en la primera frase de esta columna. Hubiera querido que la comparecencia del Secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, hubiera tenido la mitad de la atención, generara la misma expectativa, pero que sobre todo tuviera un Senado a la altura. Es cierto que en agosto de 2017 hubo cuestionamientos, pero no fueron suficientes y no con el mismo seguimiento. ¿Por qué llego a esta conclusión? Porque estamos en el país en el que no pasa nada, la impunidad es la consecuencia de todas las dudas.

Y ese sólo es un ejemplo. Qué daría por una comparecencia de Emilio Lozoya o Javier Duarte en su momento, o de Roberto Borge o Rosario Robles, ¿por qué no? Pongo casos extremos que podrían rozar aparatos de justicia, pero por qué no cuestionamos a los actores antes del extremo, ¿por qué no los contrapesos del Poder Ejecutivo llaman a estos políticos a explicar desvíos y decisiones que rozan la ilegalidad?

Pero no sólo los políticos expuestos, deberían caber empresarios, líderes sindicales, incluso responsables de organizaciones no gubernamentales. Es frustrante vivir en un esquema en el que la rendición de cuentas es despreciada, donde los poderes no se involucran y simplemente dejan las tragedias pasar. ¿Qué hubiera significado que previo a la aprobación de la #LeyChayote –busque en distintos medios el significado de la misma– hubiera habido una pasarela de periodistas y dueños de medios de comunicación hablando de sus preocupaciones?

Le tememos al diálogo, nos da miedo hablar las cosas de frente y confrontar a los culpables. Envidio la dinámica de poder de Estados Unidos, senadores por encima de empresarios y poderes fácticos anulados.

¿Cuánto daríamos por cinco horas de verdad? ¿Cuánto daríamos por un Congreso capaz de cuestionar? No cabe duda, sí es envidia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.