El francés enamorado que trae millones a México
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El francés enamorado que trae millones a México

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El francés enamorado que trae millones a México

26/02/2018
Actualización 26/02/2018 - 9:30

Él lo dijo así al medio francés La Tribune: “J’ai été conquis par Querétaro” que dicho en lengua propia es un “me conquistó Querétaro”.

Philippe Petitcolin sostiene que México es mucho mejor que como lo perciben en Europa y que bien harían los mexicanos en describirse más ampliamente en Francia, de donde él procede.

Le está abriendo el cielo a los mexicanos, literalmente. Representa a la empresa aeronáutica con la mayor apuesta en el país.

La semana pasada inauguró una fábrica de 100 millones de dólares en Querétaro que hace partes para turbinas de avión, la número 12 que abre en México Safran, su compañía. En la misma fiesta se habló de que construirá otra de 25 millones de dólares.

Estuve en la nueva planta que abona a la idea de que los nuevos aviones están hechos de tela en buena medida. También, que mexicanos saben hacerlo así y eso puede detonar esta industria.

Le llaman composite o material compuesto que ya era usado para darle forma a las aeronaves. Es un tejido de microfibras que por su ligereza sustituyó al metal.

Lo que 400 personas del equipo de Petitcolin hacen en Querétaro es producir 'álabes', esa suerte de paletas que evidencian en el aeropuerto que la turbina de un avión está girando.

Pesa cuatro kilos y medio cada álabe hecho en Querétaro, 30 por ciento menos que los hechos completamente de titanio. Cuando se trata de hacer volar cualquier cosa, reducir su peso ayuda.

Hacer sólo uno tarda un mes. Como los hacen en cadena, producen 12 al día. Necesitan día y medio para completar los 18 que requiere un motor LEAP de los que Safran vende. La meta es cuadriplicar la producción aquí.

Atención, hablamos del motor más exitoso del mundo y que de acuerdo con un análisis de JPMorgan tiene ya 57 por ciento del mercado global.

La fábrica queretana de sus álabes es un telar, literalmente. Decenas de líneas de hilo del grueso del estambre negro salen de carretes dispuestos en anaqueles, en una enorme bodega aislada del polvo.

El material está hecho de miles de fibras de carbono, vista al microscopio, cada una equivale a una delgada rama cuando se le compara con el tronco que representa un cabello humano a su lado.

Ese 'estambre' de carbono se teje durante cinco horas para formar el material textil de un solo álabe. Ese tejido es cubierto luego con una resina epóxica. Lo que de ahí sale es pegado a una delgada pieza de titanio y luego recibe un baño de pintura. Salvo por la luz o el agua, todos los insumos son importados en ésta que es la tercera planta con esta tecnología en el mundo. Las otras dos están en Francia y Estados Unidos.

¿Qué urge? Proveduría nacional. Pronto llegará del extranjero la productora de los citados estambres negros con una planta para proveer a Safran.

Hay escasos proveedores nacionales en la industria. Pienso en Frisa, de Eduardo Garza T, empresa regiomontana que surte de aros de metal a otros fabricantes de turbinas.

El mercado es tentador. De acuerdo con Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones y Transportes, México ya exporta más de siete mil millones de dólares al año en partes para avión y el monto crece en promedio 17 por ciento anual.

Es posible, en la visión del francés Petitcolin, que estemos a unos años de ver un listado de empresas mexicanas que atiendan la fabricación de aviones. Estamos en esa ruta, una similar a la que detonó la industria automotriz.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.