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30/04/2018
Actualización 30/04/2018 - 9:18

Dejar a un practicante de filosofía asuntos de economía es lógicamente tan riesgoso como encargar a un abogado la cirugía de un trasplante de riñón.

La semana pasada, Paco Ignacio Taibo II, escritor que defiende un discurso de protección a quienes son ignorados, propuso una acción, la de apoyar a un eventual Andrés Manuel López Obrador presidente cuando decida presionar a los empresarios. Apoyarlo cuando decida, quizá, hacer expropiaciones de empresas privadas.

Primero el beneficio de la duda. ¿Y si Taibo II sí quiere defender a los aislados?

A quienes aún con talento y esfuerzo reciben mensualmente 10 mil pesos como salario, el ingreso promedio de los asegurados en el IMSS.

A quienes con ese dinero no pueden pagar transporte diario, comida, una casa, la educación de un par de hijos en la universidad…

Indispensable atención debemos poner en esos discursos, pues es la insensibilidad ante esa circunstancia la que nos ha dividido tanto a los mexicanos.

En Estados Unidos los salarios crecieron a un ritmo cuatro veces mayor al mexicano en esta década, en Canadá aún más. Aquí les compartí datos hace un año.

El problema de Taibo II es la ignorancia. Una ignorancia comparable con la que puede tener incluso una eminencia médica en materia de ingeniería mecánica.

La expropiación que sugiere Taibo II para que el Estado tome el control de las empresas de Carlos Slim y de Daniel Servitje, de Telmex y de Bimbo, acabaría con ambas.

El gobierno de cualquier país muestra una y otra vez, y otra y otra vez, que no puede lidiar con los asuntos de empresa.

El gobierno fracasó con la Fundidora de Monterrey que se llenó de bandidos. También con Telmex, en donde fue incapaz de evitar que el teléfono 'se cortara' un par de veces a la semana. Con CFE, con Pemex...

Las empresas necesitan de emprendedores que resuelven problemas a la vez que vigilan el crecimiento. Los burócratas tienen otra estructura de pensamiento. Ellos deben encargarse de que la riqueza que generan los primeros se reparta de manera justa, eso pasa por dejar ser ricos a los accionistas de las empresas, impidiendo que éstos tengan trabajadores pobres.

Pero hay expropiaciones que sí convienen, como las de los terrenos a través de los cuales debe pasar un ducto de agua o de gas, para llevar los recursos a una ciudad. Hoy, varios ductos nuevos no funcionan porque en unos cuantos metros de su trayectoria, habitantes locales impiden su instalación o de plano los rompen, contraviniendo el beneficio de las mayorías.

El gobierno actual es tan débil y tan impopular que no puede resolver esos asuntos. Uno más sensible sí podría permitir el avance industrial positivo para generar riqueza generalizada.

Es deseable que Taibo II y otros miembros de la izquierda continúen su lucha, pero antes deben informarse tanto como los dueños de las empresas acerca de las dificultades económicas de sus empleados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.