Miedo
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Miedo

25/06/2018
Actualización 25/06/2018 - 23:52

“Nosotros nos vamos”. “Ante cualquier cosa, yo saco mi pasaporte y ahí nos vemos”.

Escucho eso frecuentemente ahora. El miedo acecha nuevamente a algunos, muchos quizás, ante la posibilidad de que finalmente Andrés Manuel López Obrador gane el cargo al que aspira desde 2006.

Miedo: Angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Es la definición consensuada por la Real Academia Española que rige el idioma.

El domingo habrá de definirse la circunstancia de quien padece esa sensación y posiblemente el lunes 2 de julio surja una atípica venta de boletos de avión con destino en el extranjero.

Claro que un repentino éxodo tricolor está descartado. En la eventualidad de que la elección del domingo confirme una victoria del político oriundo de Tabasco, sugiero quedarse a ver el resto de la historia y la mayoría lo hará aún cuando no lo quiera.

“Tú no viviste los tiempos de Echeverría, no sabes lo que es una inflación de tres dígitos”, suelen expresar a los más jóvenes quienes sí. Los chavos, la población de menor edad, por su abundancia, definirá la elección del domingo.

A la par de esa ignorancia, los nacidos durante o después de los setenta tampoco conocen hasta hoy un México en franca expansión económica, las tasas del Desarrollo Estabilizador de Adolfo Ruiz Cortines no regresaron. Los jóvenes de hoy enfrentaron crisis a menudo y el desempleo frecuente de sus padres.

Acaso leyeron sobre esos buenos días de sus abuelos y como vestigio del apogeo, la mayoría observa desde afuera la dimensión de las mansiones construidas en Lomas de Chapultepec o en el Pedregal. No hubieron nuevos barrios de su tipo y dimensión después de aquellos. Hoy en Plaza Carso anuncian departamentos de 53 metros cuadrados para habitar el 'nuevo Polanco'.

Atención. Sí hay mucho que perder y sería irresponsable no reconocerlo.

Los salarios no crecen, pero tampoco la inflación. Quien destaque aumentos promedio de 6.0 por ciento como los del año pasado lo hará porque no leyó más historia que aquella contenida en subtítulos de películas comerciales.

Los empleos hoy son malos, pero hay. Los que habitaron México en 1995 saben lo que ocurre cuando no.

Pero una vida de 9:00 a 7:00 y de lunes a sábado en el trabajo para obtener 10 mil pesos mensuales con los que no se paga el pequeño departamento descrito, no coincide con las promesas de la transición política divulgadas por Vicente Fox, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto. Ese salario es la realidad del promedio de esos jóvenes que trabajan formalmente en el país, de acuerdo con datos del IMSS.

A ellos los atacó otro tipo de ignorancia. La de quienes se concentraron en atraer inversiones a veces de cientos, otras de miles de millones de dólares, provenientes de accionistas metidos en industrias viejas y poco rentables.

Todo gobernador que la tuvo, presumió la inversión de una planta automotriz o de una fábrica de lavadoras. Hoy, dos tercios de nuestras exportaciones son de coches o de electrónicos.

Todos esos son negocios que por tanta competencia para ganar consumidores que exigen precios bajos, luchan por sacarle 10 centavos de utilidad a cada dólar que cobran. Son empresas que bajan comisiones a sus vendedores, que buscan mano de obra barata.

¿Qué presidente o gobernador se lanzó por riqueza en lugar de empleos para la gente? ¿Quién defendió un programa de entrenamiento para que su población creara el nuevo Google? ¿Alguien sabe qué quedó de la Agencia Espacial Mexicana?

No es un hecho que vaya a ganar AMLO, tampoco lo es que de ganar desarrolle tecnología nacional con la estrategia armada por quien sería su jefe de oficina en la Presidencia, Alfonso Romo.

Lo cierto es que la mayoría de quienes lo habitamos, nos quedaremos muchos años más en este país y más nos vale finalmente exigir que quien promete lo que sea para ser electo empleado como presidente, cumpla con la función para la cual le pagamos. Las redes sociales que existen y las que aún estamos por crear, ayudarán con el propósito.

Los jóvenes que votarán las conocen bien y eso a quien llegue al cargo debe darle miedo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.