La Silla
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14/09/2018

El éxito de cualquier empresa depende de la claridad que tenga el líder sobre los objetivos a alcanzar. Estar enfocado en la meta, provoca necesariamente el compromiso que se requiere para trabajar en la dirección correcta. Además de esta disciplina para avanzar, también es indispensable una firme voluntad de lograr lo que uno se propone.

Sin embargo, igual que con una silla, si estas condiciones –objetivos, claridad, voluntad y compromiso– no están bien alineadas y fijas al piso, entonces no habrá equilibrio posible.

Si una lección deja la administración actual es que un gobierno moderno no puede cojear de ninguno de sus soportes, porque entonces es muy complicado mantener el balance que demanda la tarea pública, e históricamente no hay silla más inestable que aquella que ocupa el Poder Ejecutivo.

Mezcla de fuerza y de negociación, de proyecto de nación y de concesiones para mantener la armonía, el aura que rodea a la silla presidencial es la del poder máximo, aunque muchos testimonios, reales o novelados, den cuenta de sus presiones y limitantes.

La fascinación de nuestra clase política y de un sector de la población mexicana con los entretelones del poder y las intrigas de palacio, forjó la imagen del presidente sabio y omnipotente, uno que nunca se equivoca.

Leo, escucho y veo muchas opiniones acerca de lo que parece que viene con el nuevo gobierno. Pienso que este cambio de época ha puesto en aprietos a muchos, porque es difícil entender lo que ocurrió desde julio con los manuales con los que se analizaba al poder en México.

Precisamente una de las fortalezas que tuvo el PRI para regresar hace seis años era que, de una forma u otra, ya estábamos familiarizados con sus maneras, sus reglas no escritas y hasta su idea de que nos conocían mucho mejor que nosotros mismos.

No obstante, una mayoría notable de votantes decidieron que es hora de modificar el rumbo. Para ello le dieron todas las herramientas que permite la política a la alternativa que llegó al poder.

Dudo que las referencias históricas o incluso ejemplos internacionales del pasado tengan mucho que ver con la transformación que estamos por iniciar. Tampoco creo en la utilidad de la incertidumbre para alterar, aunque sea un poco, el orden que ha llevado hasta ahora la transición.

Pero si deseamos que nuestras expectativas de cambio para mejorar se cumplan, es momento de participar como sociedad en las decisiones y nunca más dejarlo todo en manos de unos cuantos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.