Dos dinámicas, dos opciones
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Dos dinámicas, dos opciones

16/05/2018
Actualización 16/05/2018 - 10:02

Circulan en internet imágenes muy interesantes de cómo las votaciones recientes guardan una gran correlación con fronteras que hace mucho tiempo dejaron de existir. La votación en Polonia en 2007, por ejemplo, coincide con la frontera del viejo imperio Austro-Húngaro; las elecciones de 2016 en Estados Unidos, con las naciones que Colin Woodard identifica al interior de ese país. En México, en 2006, el mapa se dividió en dos: al norte votaron por Calderón; al sur, por López Obrador.

En esta ocasión, con base en los datos de MassiveCaller para votación al Senado, se repite el fenómeno. En los catorce estados que están al sur del paralelo 20, el voto por Morena promedia 41 por ciento. En los dieciocho que están al norte, no llega a 25 por ciento. En esos estados del sur hay algunos en los que hay competencia: Michoacán, en donde parecen competir las tres coaliciones; Morelos, en donde la dispersión es inmensa; Campeche (Morena vs. PRI), Estado de México (Morena vs. Frente). En otros dos, Puebla y Veracruz, parecería que el Frente se lleva las gubernaturas, pero Morena el Senado. En los otros ocho estados (Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Quintana Roo, Tlaxcala, Hidalgo y CDMX) Morena supera 46 por ciento de preferencias.

Esos mismos catorce estados del país han crecido menos que el promedio desde hace un cuarto de siglo. Entre 1995 y 2015, para no contar la grave caída debida al petróleo de los últimos años, esos catorce estados crecieron 12 por ciento menos que el promedio nacional, con lo que perdieron siete puntos en la participación del PIB (pasaron de 60 a 53 por ciento). Los otros 18 estados crecieron 16 por ciento más que el promedio. Podemos estimar el crecimiento per cápita de las dos regiones. Quienes viven al norte del paralelo 20 tenían, en 1995, un PIB per cápita de 77 mil pesos (de 2008). Al sur, esa cifra era ligeramente superior, 83 mil pesos. Para 2015, el del norte alcanzaba 118 mil pesos, mientras que el del sur estaba en 103 mil. Aunque ambos crecieron, al norte del paralelo 20 el crecimiento anual promedio, por habitante, fue de 2.2 por ciento; al sur fue de 1.1 por ciento.

Por abundar en las cifras: la Ciudad de México pasó de representar 18.3 por ciento del PIB nacional, en 1995, a 16.8 por ciento en 2015, una pérdida de 1.4 puntos. Pero perdió más en términos poblacionales, pasando de ser 9.4 por ciento de la población del país, en 1995, a sólo 7.3 por ciento en 2015. Por lo mismo, el PIB per cápita en la Ciudad de México muestra un crecimiento de 2.4 por ciento anual. En cambio, el Estado de México sufre el fenómeno inverso: crece en su participación del PIB, de 8.4 a 9.0 por ciento, pero crece mucho más en su población, de 12.2 a casi 14 por ciento de la población nacional. El PIB per cápita crece apenas 1.3 por ciento anual en esos veinte años.

Observe usted que en las entidades federativas en las que ha habido crecimiento económico importante (2.0 por ciento anual por persona lo es), tres de cada cuatro votantes no tienen interés en las propuestas de Morena y López Obrador. En cambio, en donde ese crecimiento ha sido escaso (1.0 por ciento anual), esas propuestas convencen casi a la mitad de los votantes. A pesar de que todos crecen, después de 20 años de ver que los del norte crecen al doble, los del sur seguramente están molestos.

Justo aquí es en donde las propuestas de campaña se vuelven interesantes. Una posibilidad es regresar al modelo que nos hacía crecer a todos igual, cuyo agotamiento nos costó más de una década resolver. El otro es convencer al sur de hacer lo mismo que el norte. Pero aquí es en donde el pasado entra en juego. Mañana lo comentamos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.