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31/01/2018
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Economía
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Se publicó la estimación oportuna del PIB para el cuarto trimestre de 2017. El Inegi informa que crecimos 1.0 por ciento en comparación con el tercero, o bien 1.7 por ciento si se compara con el último de 2016. Con ese comportamiento, durante 2017 el crecimiento de la economía nacional fue de 2.3 por ciento. Se trata de una estimación muy gruesa, y por ello seguramente habrá cambios cuando se presente el dato (casi) definitivo, el 23 de febrero.

En el desglose, que tampoco puede ser muy detallado por la oportunidad, el sector primario creció 3.1 por ciento, los servicios 1.2 por ciento, y la industria prácticamente estancada con 0.1.0 por ciento. Tendremos el detalle del comportamiento industrial dentro de un mes, pero viendo lo ocurrido en los dos primeros meses de ese trimestre, todo indica que lo que impide un mayor crecimiento es la tragedia del sexenio: petróleo y construcción.

Estos dos rubros han tenido un comportamiento terrible. Comparando los primeros tres trimestres de 2013 con los de 2017, es decir, durante este sexenio, la extracción de petróleo ha caído casi 6.0 por ciento anual promedio, provocando que los servicios relacionados a la minería caigan 10 por ciento anual. En la construcción, la caída ocurre sólo en el renglón llamado 'construcción de obras de ingeniería civil' que es muy cercano a lo que llamamos infraestructura. La caída anual promedio es de 5.0 por ciento en cada año de este sexenio.

Si entramos al detalle por rama de actividad económica, de las 25 ramas con peor comportamiento durante este sexenio, seis están asociadas al petróleo, y por la magnitud, la pérdida es considerable. De 2013 a 2017, lo que dejamos de producir en estas ramas suma 36 mil millones de dólares. En construcción, aunque sólo se trata de la rama de infraestructura, la pérdida es de más de nueve mil 500 millones de dólares. Hay seis ramas textiles y cinco de maquinaria y equipo con grandes pérdidas, pero son ramas relativamente pequeñas, de forma que lo que dejamos de producir ronda tres mil y mil 500 millones de dólares, respectivamente. El único otro caso relevante, que me sorprendió e intentaré estudiarlo con detalle pronto, es salud: dos ramas se contraen, producción de farmacéuticos y hospitales, pero la suma es de más de 12 mil millones de dólares. Todas las cifras corresponden a los cinco años sumados.

Para ilustrar mejor lo que esto implica, las puras contracciones en petróleo (y ramas asociadas) e infraestructura, equivalen a 5.0 por ciento del PIB. Es decir, hemos crecido cada año un punto menos, como economía, debido a la contracción en estas dos industrias. Visto al revés, bastaría detener su caída para crecer al 3.0 por ciento anual y no al 2.0 por ciento.

El tema del petróleo está en proceso de resolverse, aunque puede tardar un par de años más. Todas las áreas productoras de petróleo han reducido su rendimiento durante el sexenio. Cantarell pasó de 404 mil barriles diarios en 2012 a 134 mil en diciembre pasado; KMZ, de 855 a 810 mil; Crudo Ligero Marino, de 132 mil a 77 mil. En la suma, hemos pasado de 2.5 millones de barriles diarios a menos de 1.9 millones. Esta caída también ha ocurrido en la producción de gas, que era de seis mil 300 millones de pies cúbicos diarios en 2012, y en diciembre fue de cuatro mil 800. Es muy posible que la caída termine pronto, y las nuevas áreas productivas mejoren el panorama.

En infraestructura, la cuestión es más complicada. La caída se debe a la gran reducción de inversión pública, que resulta de una situación crítica en las finanzas públicas. No se puede invertir más si no se recauda más. Pero de eso, seguro, no hablarán candidatos ni partidos en los próximos meses.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.


Twitter: @macariomx

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.