'Homo Deus'
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Opinión

'Homo Deus'

02/02/2018
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El Homo naledi
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Desde hace tiempo quería comentar con usted el libro más reciente de Yuval Noah Harari, titulado Homo Deus y publicado en español por Debate a fines de 2016. Harari saltó a la fama con su libro anterior Sapiens, que en español se tituló De animales a dioses. La fama es muy justa: Sapiens es un libro muy bien escrito, que a ojo de pájaro sigue la historia de la humanidad alrededor de una idea que ya hemos comentado aquí en muchas ocasiones: el lenguaje es lo que nos hace diferentes de los animales, y es lo que nos ha permitido construir todo lo que tenemos. El riesgo del enfoque usado por Harari es que la visión que busca englobar todo se convierta en una aproximación superficial o que resulte en una amalgama inconexa. En Sapiens, Harari logra evitar estos riesgos. En Homo Deus, no.

La primera parte de Homo Deus es una especie de resumen de Sapiens, casi sin incorporar nueva información. Reitera la importancia del lenguaje, que nos permite construir una “red intersubjetiva de sentido… esta red permite que los humanos organicen cruzadas, revoluciones socialistas y movimientos por los derechos humanos”. También insiste en que la agricultura proporcionó la “base material necesaria para agrandar y reforzar las redes intersubjetivas”. Aunque este punto es erróneo, en tanto que la construcción de los grupos sociales grandes precede la agricultura por un par de miles de años, es una idea común, y Harari se queda en ella. Correctamente asocia la agricultura, la escritura y la creación de los dioses, pero al hacerlo inicia la parte novedosa de Homo Deus, que es la que me parece que es demasiado superficial, y acaba siendo la amalgama inconexa que le comentaba.

Imagina a Lutero como un personaje espiritual que amenaza por ello a la estructura católica, e inicia una disquisición acerca de la ética, lo sagrado y lo biológico que no tiene mucho sentido. Su buena pluma esconde las confusiones, y un lector no muy atento puede acabar fácilmente convencido de que hay una lógica detrás de lo expuesto. Pero conforme continúa su argumento, analizando la modernidad en términos de algo que llama “humanismo”, e introduce ideas desde la evolución, la economía, la filosofía china, el ambientalismo, el margallate resulta inmanejable, como se hace evidente en el último capítulo, 'La religión de los datos'.

En él sostiene que estamos en una nueva etapa, en la que todo se concentra en la información, de manera que esta nueva religión es el dataísmo. Éste “amenaza hacer con el homo sapiens lo que éste hizo con los demás animales… la humanidad resultará ser sólo una onda en el flujo cósmico de datos”. Concluye afirmando que “algoritmos no conscientes, pero inteligentísimos pronto podrían conocernos mejor que nosotros mismos” y le preocupa entonces “¿qué le ocurrirá a la sociedad, a la política y a la vida cotidiana (cuando eso ocurra)?

El libro está muy bien escrito, le decía, pero al abordar temas tan diversos sin el suficiente cuidado, me parece que llega a conclusiones vendibles (recuerde que a los humanos nos encantan las amenazas, especialmente las apocalípticas), pero cuyas premisas no fueron bien elaboradas. Las conclusiones son, entonces, erróneas.

Como usted sabrá, si ha acompañado a esta columna por algún tiempo, muchos de los temas que toca Harari los hemos platicado en diversas ocasiones. Me parece que cuidando un poco más la secuencia de los temas, y las fuentes, el resultado puede ser muy diferente. Especialmente, mucho menos pesimista. Espero poderlo platicar con usted, de forma amplia, en otro momento.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.