Liberalismo injusto
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Liberalismo injusto

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Liberalismo injusto

10/08/2018

Suele olvidarse que los únicos momentos en los que los seres humanos hemos logrado mejorar notoriamente nuestra forma de vida, han ocurrido precisamente gracias al liberalismo. Cuando el eje de la sociedad es el individuo, multiplicamos de golpe las opciones. Si lo que se decide en un país depende del gobierno o de la religión, hay sólo unas pocas decisiones que se pueden tomar en cada momento. Algunas serán exitosas, otras no. El resultado final de todas esas decisiones será el mejoramiento de la sociedad. O el estancamiento, o la debacle.

Cuando permitimos que sean los individuos los que decidan, tenemos miles o millones de decisiones, y tanto la proporción de ellas que resultan exitosas, como la magnitud del éxito, se incrementan significativamente. Déjeme usar el ejemplo de Apple, que hace unos días se convirtió en la primera empresa con un valor superior a un billón de dólares (12 ceros). Ese valor resulta de las decisiones de individuos. Muchas de esas decisiones fueron equivocadas, y le costaron a la empresa. Otras fueron exitosas, y han producido una inmensa cantidad de riqueza, de la cual la empresa se ha quedado con ese billón, pero miles de millones de seres humanos se han quedado con una parte (reflejada en la capacidad que tiene usted ahora de comunicarse, de obtener información, de hacer un trabajo más eficiente, etc.).

Los individuos deciden siempre, en sistemas liberales y en los demás. La diferencia es que, en un sistema liberal, pueden quedarse con parte de la riqueza que producen, y con ella producir aún más. En los sistemas totalitarios no se podía, y aunque algunas buenas ideas lograron sobrevivir, la mayoría no lo hizo, y esos sistemas no fueron capaces de producir riqueza suficiente. La Unión Soviética, dijo alguno de sus últimos líderes, perdió por no ser capaz de producir una lavadora de ropa que fuese medianamente decente.

En toda la historia humana, el crecimiento económico ha ocurrido muy pocas veces. Todas ellas coinciden con los momentos que le comentaba ayer. Fuera de eso, un imperio podía hacerse rico explotando más terreno, con más personas, pero no porque fuese más productivo. La productividad, hacer más con menos, resulta siempre de personas que apuestan a hacer las cosas de forma diferente. Es decir, es resultado de personas que deciden enfrentar la incertidumbre.

Sólo en la incertidumbre es posible crear. Cuando ya todo se sabe, no se puede crear nada nuevo. Es el espacio de lo incierto lo que nos permite crear conocimiento, con base en la ciencia; crear riqueza, enfrentando el riesgo; crear estabilidad política, con base en la democracia. Pero la incertidumbre nos genera angustia, así somos los humanos. Y la angustia nos hace buscar consuelo, que sólo existe en el espacio de las creencias. Por eso creemos en tantas cosas, para quitarnos la angustia de la incertidumbre, sin darnos cuenta de que al hacerlo, empobrecemos: en conocimiento, en riqueza material, en nuestras relaciones sociales.

Cuando liberamos al individuo, somos capaces de enfrentar la incertidumbre como sociedad. Por eso la ciencia, el crecimiento económico y la democracia han sido resultado de esos breves periodos liberales. Pero en esos mismos periodos la angustia crece, y también lo hace la sensación de injusticia, porque, por su misma definición, la incertidumbre implica que algunos individuos tienen éxito, y muchos otros no.

Es precisamente esa diferencia de resultados lo que va convenciendo a multitudes de la injusticia inherente al sistema. Lo que no perciben es que todas las demás formas de organización que hemos intentado los humanos, son mucho más injustas. Culpan por ello al liberalismo de algo que, en realidad, es simple naturaleza humana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.