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22/03/2018
Actualización 22/03/2018 - 12:50

Comentábamos ayer, hablando de los precios de materias primas, que los metales preciosos están en un nivel elevado, mientras que el resto de los productos tienen precios relativamente bajos y medios, similares a los que han tenido por más de cincuenta años.

Este fenómeno es muy importante: en el largo plazo, las materias primas no suben de precio de forma continua. Esto lo que significa es que, a pesar de que somos más seres humanos, todos viviendo mucho mejor que antes, la demanda final por los bienes básicos no se incrementa al grado de afectar los precios. Ya sea porque al mismo tiempo se incrementa la oferta de los mismos, o porque vivimos mejor usando menos de ellos. En ambos casos, se trata de un mejor uso de los recursos, posible gracias a la tecnología. Al final, esto quiere decir que las advertencias apocalípticas, que llevan más de dos siglos, no tienen mucho sentido. No nos vamos a acabar los recursos. Menos ahora que la población ha dejado de crecer en casi todo el mundo. Creo que podríamos decir lo mismo del tema ambiental, pero no lo haré por el momento, para ahorrarme sermones.

La pregunta interesante en este momento es: ¿por qué los metales preciosos sí tienen un precio considerablemente mayor? Y al hablar de metales preciosos, creo que la referencia básica es el oro. Entre 1960 y 1972, los metales preciosos tenían un índice de 19 puntos (recuerde, el índice es 2010=100). Entre 73 y 85, se fueron a 47 puntos, para bajar entre 1986 y 2001 a 35. A partir de entonces, no paran: 75 puntos entre 2002 y 2014, y 94 a partir de entonces. El oro, en dólares por onza, pasó de 36 en el primer periodo, a 250 en el segundo, 355 entre 86 y 2001, casi 900 después de ese año, y más de mil 200 dólares de mediados de 2014 para acá.

Parte del problema que tenemos para medir esto es que, en el largo plazo, no tenemos una referencia constante. Si se calcula el precio del oro contra el dólar, usando como referencia 2005, en el largo plazo parece tener un espacio estable hacia 400 por onza. Algo así valía en 1833 (Levin, E.J. and Montagnoli, A. and Wright, R.E., 2006, Short-run and long-run determinants of the price of gold. Project Report. World Gold Council), al final de la Segunda Guerra Mundial, y también entre 1985 y 2001. Sin embargo, en lo que va del siglo no ha regresado a ese nivel, y hoy equivale a mil dólares de 2005.

En el artículo mencionado, los investigadores concluyen que el valor de largo plazo del oro está muy influido por la inflación, porque este metal se utiliza para cubrirse del crecimiento de los precios. Al menos en el último medio siglo, así parecería. Aunque el oro estuvo artificialmente fijo durante la posguerra, cuando se libera (en 1971) incrementa su precio diez veces en diez años, precisamente durante la década de mayor inflación. Aunque acabó creándose una burbuja, para 1985 estaba nuevamente cerca del valor 'normal', y ahí se mantuvo hasta el nuevo momento de gran crecimiento, iniciado en 2001.

Aunque la inflación en Estados Unidos durante lo que va del siglo ha sido sumamente baja (2.1 por ciento promedio desde 2001), el oro ha subido notoriamente. Me parece que esto responde a la nueva situación global, en donde China e India se han incorporado al mercado, pero también a la expectativa de una inflación 'pospuesta' en Estados Unidos, por la misma razón: los nuevos productores. De ser así, habría que esperar un proceso inflacionario mundial en la próxima década. Con los niveles de deuda en los países desarrollados, no sería extraño, por cierto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.