¿Por qué no?
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¿Por qué no?

05/04/2018
Actualización 05/04/2018 - 9:51

Aunque lo he escrito desde hace al menos 13 años, creo que es importante explicar mis razones de por qué no votaría jamás por AMLO. Son cuatro: es una persona sumamente autoritaria, sus ideas económicas son equivocadas, la mayoría de quienes lo rodean son impresentables, y su objetivo es la restauración de un régimen político dañino.

Primero: Andrés Manuel López Obrador es muy autoritario. Esa es mi impresión personal desde que trabajé con él hace 22 años, por espacio de 16 o 18 meses, confirmada por comentarios de su gabinete en el Distrito Federal, así como por su actitud como jefe de Gobierno y como candidato presidencial en dos ocasiones. Ejemplos: la descalificación de la marcha contra la violencia en 2004, a cuyos integrantes acusó de “pirruris”; el “cállate, chachalaca” contra Fox; su actitud frente a financieros y empresarios; su incapacidad de aceptar derrotas. Es un gran actor y seductor, pero cuando está bajo presión o enojado, le brota el autoritarismo.

Sus ideas económicas son equivocadas, como ya muchas personas lo han mostrado. Su visión general parece ser de una economía esencialmente cerrada, con una muy fuerte presencia del gobierno, como la que conocimos buena parte del siglo XX en México. Eso no sirvió entonces, ni ha servido en ninguna parte. Permite capitalismo de compadrazgo, sin duda, pero eso sólo genera ineficiencia y desigualdad.

Muchos no coinciden con estas dos percepciones. Especialmente, economistas destacados que han decidido acompañarlo en la búsqueda de la presidencia. No lo perciben autoritario, ni les preocupa el mercantilismo que lo define. Como es frecuente entre consejeros, pensarán que pueden influir en él. Pero no es sano olvidar que el único con puesto garantizado es el presidente. Todos los demás son fáciles de sustituir, como aprendieron muy tarde los economistas de Echeverría (en esa prehistoria que los jóvenes ni imaginan), o acaban de hacerlo decenas de personas contratadas por Trump.

La tercera razón es su entorno. Morena agrupa al priismo que busca restaurarse y a buena parte del corporativismo perredista. Con ellos se conformarán las bancadas en el Congreso, en donde estarán además un puñado de ingenuos (o algo peor) que decidieron sumarse a AMLO. Hay además dos grupos de 'intelectuales', los de rancia izquierda bolivariana y castrista, y los jóvenes académicos deliberados. El colmillo retorcido de los primeros lo conocerán muy pronto los segundos.

Finalmente, insisto en la restauración del viejo régimen priista ahora bajo las siglas de Morena y el control unipersonal de AMLO. Quienes hoy creen que México no podría estar peor, es porque no conocieron el previo a 1982. Sin ser exhaustivo: no podíamos opinar, ni mucho menos protestar en las calles; no se contaban los votos; no había contrapesos al presidente; ni la Corte ni el Banco de México eran autónomos. La corrupción era el instrumento que permitía el funcionamiento del régimen, de forma que era universal. Entiendo que la 'casa blanca' les haya molestado, pero convendría recordar cómo se fraccionó Satélite, el Pedregal, Cuernavaca, o cómo se expropiaban ranchos y se despojaba sin mayor problema. Y aunque era un tipo diferente de violencia, más rural y menos urbana, todavía en los años sesenta teníamos tasas de homicidios superiores a las actuales.

Entre los tres candidatos principales, sólo AMLO ofrece ideas económicas equivocadas y la restauración del viejo régimen. Creo que sólo él es de verdad autoritario, aunque los calderonistas digan que Anaya es similar, viendo la paja del ojo ajeno. Y aunque todos los partidos arrastran impresentables, sí creo que hay niveles también en eso.

Todavía no es claro si ganará, pero nos va a heredar a buena parte de los impresentables, eso sí.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.