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Semana clave

14/05/2018

Esta es una semana muy importante. Por un lado, parece existir consenso acerca de la fecha límite para llegar a un acuerdo acerca del TLCAN: el viernes 17. Por otro, el domingo ocurrirá el segundo debate entre candidatos a la presidencia.

Las negociaciones para modernizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, a pesar de los continuos ataques de Donald Trump, han seguido una ruta muy tradicional. Los temas en los que todos estaban de acuerdo salieron rápido, en otros hubo concesiones de todas partes, pero también ya se han cerrado, y nos quedamos con aquellos que, desde el principio, eran innegociables: reglas de origen por país y no por la región entera, cláusula de terminación temporal (sunset) y mecanismos de arbitraje. Además de estos tres, reapareció el asunto de las ventanas estacionales para productos agropecuarios, que existió por un tiempo en la versión actual del TLCAN.

El cálculo de origen por país ya se ha quitado de la mesa, pero a cambio de contenidos norteamericanos demasiado grandes, que impedirían a muchas empresas producir de forma competitiva. Hay ya una contrapropuesta mexicana, y sobre eso negocian, según ha aparecido en medios. La cláusula de terminación y la eliminación del capítulo de resolución de disputas no son aceptables para nadie. Veremos si se logra proponer algo en su lugar, o si de plano se olvidan de ello una vez que logren ponerse de acuerdo en las reglas de origen.

Trump ha sido fiel consigo mismo: trata de obligar al contrincante a rendirse, llevando la negociación lo más lejos posible, amenazando siempre con la ruptura.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, fuera de esto no muestra mucha racionalidad, como se ha hecho evidente en los casos de Corea del Norte e Irán. En el primero, cree que con sus amenazas logró doblegar a Kim Jong-un, pero en realidad le ha dado justo lo que quería: una reunión cumbre entre el presidente de Estados Unidos y el dictador del país más pobre del mundo. Jong-un, a cambio, sólo le ha dado tres prisioneros (dos de ellos recientes), y unas fotos con el presidente de Corea del Sur. Le ha prometido no continuar con su programa nuclear, pero prometer no empobrece.

Con Irán, en cambio, Trump rompe la palabra presidencial de su antecesor y expone a sus aliados, porque está convencido de que ese país no está cumpliendo el acuerdo de eliminación de capacidad bélica nuclear. Es decir, rompe un acuerdo como el que está prometiendo a Jong-un en Corea del Norte. Otra vez, lo hace porque su racionalidad es muy limitada, y la única forma que tiene de relacionarse con los demás es la aprendida como tiburón inmobiliario en Nueva York: someter, abusar, incumplir, lo que sea con tal de ganar.

Ésa es la gran amenaza que pende sobre las negociaciones comerciales: nadie puede confiar en la palabra de Trump. Por eso, si va a haber acuerdo, debe ocurrir esta semana, para que la Casa Blanca lo envíe oficialmente al Congreso, y una vez ahí corran los tiempos necesarios para el voto. Sin ese paso, en cualquier momento podría haber un cambio de opinión. Aunque existe el riesgo de que incluso así pueda intentar echarlo abajo, presionando senadores, la amenaza es mucho menor. Los tiempos permitirían votar en el verano, antes de la campaña electoral en Estados Unidos y del cambio de Congreso en México.

Del otro tema, el segundo debate y las campañas electorales, platicamos mañana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.