El mensaje inaugural: algunos apuntes
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El mensaje inaugural: algunos apuntes

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El mensaje inaugural: algunos apuntes

06/12/2018

El mensaje de toma de posesión del presidente López Obrador en materia económica se caracterizó por un recuento histórico, para criticar y desacreditar el “neoliberalismo” —en su particular definición y periodo de aplicación a partir de 1983— y la repetición de promesas de campaña vinculadas con programas específicos, más que por la presentación de una estrategia de desarrollo y la definición de políticas públicas para el futuro. Como han comentado varios analistas, una mayor vista al pasado que a lo que sería su gestión de gobierno para 2019-2024.

Más allá de la evolución macroeconómica cuantitativa, esa interpretación ignora un sinnúmero de condiciones internas y externas de la economía mexicana de los cincuenta y sesenta con las de la época posterior al denominado desarrollo estabilizador y a las que prevalecen hoy, como las características de la economía internacional; la estructura productiva de México; el grado de apertura comercial; el régimen político; y las condiciones de competencia interna en la economía, entre otros factores. Además, posterior al desarrollo estabilizador de los 60’s, la historia económica es bien conocida: desequilibrios macroeconómicos y financieros en varias administraciones derivados de un manejo irresponsable de las finanzas públicas por gasto público y endeudamiento excesivos, que derivaron en procesos inflacionarios, crisis cambiarias y contracción del crecimiento económico, y subsecuentes programas de estabilización que afectaron a la actividad productiva, la inversión, el empleo y los salarios. En el largo periodo al que hizo referencia AMLO, México también padeció por crisis externas, desde caídas del precio del petróleo hasta crisis financieras internacionales.

Además del repaso histórico, AMLO fue crítico de la reforma energética a la que atribuyó la caída en la producción de petróleo, cuando ello fue consecuencia de la declinación natural de los yacimientos petroleros y, sin duda, de la miopía de varios gobiernos al limitar la inversión de Pemex, que fue la gran caja para financiar el gasto del gobierno. Las restricciones presupuestales y la elevada carga fiscal de la empresa significaron retrasos permanentes en la modernización del sistema de refinación, lo que se tradujo en una reducción sistemática de la capacidad de producción de petrolíferos y en un incremento sustancial de las importaciones para satisfacer el consumo nacional.

AMLO tiene razón al señalar que, a fin de impulsar la aprobación expedita de la reforma, se sobreestimaron las proyecciones en materia de inversión privada y producción. La paradoja es que el nuevo gobierno incurre en el mismo error al plantear que la producción de crudo aumentará a 2.480 millones de barriles diarios en 2024 a partir de “exploración tradicional” y recuperación secundaria, así como que México será autosuficiente en la producción de gasolinas con la construcción de la refinería en Tabasco y la modernización de las refinerías actuales en sólo tres años. Ello no sólo sería un reto en materia presupuestal sino de ejecución de los proyectos sobre todo cuando no se dispone ni de sus características conceptuales básicas.

En cuanto a las promesas, que no estrategia de gobierno, AMLO repitió buena parte de los proyectos que planteó desde la campaña, lo cual ha sido tomado con cautela por los mercados hasta que se conozca el Presupuesto para 2019. No obstante, no sólo será un tema de que el PEF sea consistente y realista, sino de cómo se ejerza durante el año y que la información que se genere sea creíble, oportuna y confiable.

El optimismo y las buenas perspectivas de la población continúan. De acuerdo con la encuesta de El Financiero, más del 80% de los entrevistados calificó como buena o muy buena la toma de posesión, 83% se manifestó optimista y 75% está de acuerdo con las propuestas del nuevo Presidente. Sigue latente el riesgo de que grandes expectativas podrían traducirse en grandes desilusiones.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.