La democracia tiene una prueba esta semana
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La democracia tiene una prueba esta semana

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La democracia tiene una prueba esta semana

25/09/2018

Morena no reconoce una derrota apretada ni recontando los votos.

No va a ser fácil quitarles el poder por la vía de las urnas, pues no están dispuestos a admitir su veredicto.

Y como la única vía legítima y admisible para acceder al gobierno es a través del voto, se van a quedar indefinidamente en el poder.

Así lo demuestra su comportamiento en Puebla, donde no admiten el triunfo de la candidata panista a la gubernatura ni siquiera con recuento de votos.

Primero pidieron que se contara voto por voto y casilla por casilla, una segunda ocasión (la primera se hizo el día de los comicios).

El Tribunal Federal Electoral se sacó de la manga causales y dijo que sí, que volverían a contar voto por voto como quería Morena, pues la ley les faculta para ello.

¿Cuál fue la respuesta de Morena a la decisión del Tribunal que accedió a su petición?

Negativa. Lo que quieren es que se anulen los comicios y la gente vaya a votar de nuevo.

Y así sucesivamente, ad infinitum, hasta que gane Morena.

Porfirio Muñoz Ledo cabildeó con cuatro de los cinco magistrados del Tribunal, y por lo visto los convenció de que era necesario recontar voto a voto.

Los argumentos fueron baladíes. Que la panista Martha Erika Alonso había ganado sólo por cuatro puntos porcentuales al abanderado de Morena, Miguel Barbosa.

Dijeron los morenistas que era irregular que el PAN haya ganado la gubernatura si AMLO triunfó en Puebla por un alto margen en la presidencial.

Curiosamente pidieron que se recontaran sólo los votos de la gubernatura, a pesar de que los ciudadanos que contaron los sufragios en esa elección son los mismos que contaron los de la presidencial y de congreso estatal. Ahí no hay problema. De maravilla, porque ganaron.

Pero ahora resulta que tampoco van a aceptar el resultado del recuento… si no lo ganan.

Se trata de un asunto local que tiene derivaciones nacionales, por lo que pueda ocurrir dentro de seis años.

A Morena no se le podrá ganar por cuatro puntos, pues desconocerá los resultados. Y con la fuerza del poder federal en la mano, no habrá forma de quitárnoslos de encima.

En Puebla se equivocaron de candidato. Barbosa resultó un mal aspirante. Eso le pasa a cualquier partido, y lo admite hasta tener la revancha cuando vuelva a haber elecciones.

Pero con Morena no es así. No son demócratas. Sólo confían en las elecciones cuando ganan. En las autoridades electorales, cuando les dan razón. En el recuento voto por voto, cuando al final los triunfadores son ellos.

Las elecciones en Puebla deberían ser una causa para todos los demócratas del país.

Si el recuento le da el triunfo al PAN, sea uno panista o no, habrá que defenderlo. De lo contrario estaremos dando carta blanca a futuras tropelías contra las instituciones electorales y contra el voto universal en el país.

Lamentablemente el PAN pasa por un pésimo momento interno y no ha tomado este caso como emblemático para prevenir futuras imposiciones al margen de la voluntad popular.

Están enfrascados en un pleito interno al que no se le ve salida tersa, pues el acuerdo logrado entre planillas ha dado muestras de ser muy frágil.

Recién este fin de semana el ex presidente panista Damián Zepeda, autonombrado coordinador de los senadores de Acción Nacional, declaró que “sería una falta de respeto” quitarlo de la coordinación.

Estamos hablando del dirigente que peores resultados ha dado en la historia de Acción Nacional, y ahora se atornilla en el cargo de coordinador de los senadores aunque ello implique la ruptura definitiva de su partido.

Allá el PAN y sus pleitos, pero el tema Puebla no es sólo asunto suyo, sino de todos los que creen en el voto como la vía para el relevo o permanencia de partidos y autoridades en los puestos de elección popular.

Si se deja pasar ésta y, no conforme con el voto por voto, Morena obliga al Tribunal a anular comicios, estaremos ante un golpe brutal a la democracia del que nos vamos a arrepentir dentro de seis años y los que siguen.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.