Monreal le pone el cascabel al gato
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Monreal le pone el cascabel al gato

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Monreal le pone el cascabel al gato

01/10/2018
Actualización 01/10/2018 - 8:30

El líder de la bancada de Morena en el Senado tuvo el acierto de proponer una modificación constitucional a fin de disminuir a la mitad el financiamiento público a partidos políticos.

Han sido muchos años de excesos que no se justifican desde ningún punto de vista.

Con la iniciativa de Ricardo Monreal habrá un recorte, sólo por lo que significa al financiamiento del INE a partidos, de casi dos mil 500 millones de pesos.

Les iban a dar cinco mil millones de pesos a través del INE, sólo para 2019, año en que no hay elecciones federales.

Los partidos no gastan en publicidad en radio ni en televisión, donde nos marean con millones de spots vacíos de contenido.

Tan sólo en la elección pasada tuvieron a su disposición, únicamente para las elecciones federales, 22 millones 268 mil 538 spots.

Más otros tantos millones para las elecciones locales.

Y no pagaron un peso por ellos, pues lo toman de manera gratuita del tiempo aire de radios y televisoras que interrumpen sus espacios noticiosos, comerciales o de entretenimiento, para dar paso al huracán de comerciales de gorra.

Esas fiestas no son gratis. Alguien las paga, y no son los partidos que reciben financiamiento público.

Pagan las empresas de radio y televisión que, por perder espacios que deberían generar ingresos o audiencia, ven mermados sus recursos y se obligan a hacer ajustes de personal.

Siempre han dicho que el espacio radioeléctrico es del Estado y por eso se anuncian gratis.

También lo es el espacio aéreo, pero no por eso se le deben dar boletos de avión gratis a los funcionarios ni dirigentes de partidos.

¿En qué gastan los partidos?

Falso que inviertan en escuelas de cuadros, porque con tanto dinero a su disposición, hacen lo mismo que la mayoría de los equipos de futbol: en lugar de formar jugadores con la identidad y mística del club, los compran en otros lados porque les sale más barato.

De esta forma los partidos no invierten en preparación de jóvenes, y los compran, a veces literalmente, en otras agrupaciones políticas y llegan al Congreso a dar pena o a cargos públicos a enriquecerse más.

El 46 por ciento de los nuevos legisladores no tiene siquiera licenciatura.

Todos los partidos habían ofrecido, en distintos momentos, que propondrían recortar el subsidio a los institutos políticos, pues era un exceso que no tenía justificación alguna.

Ninguno lo hizo jamás, porque no les conviene, y sólo les aflora la vocación solidaria cuando hay alguna catástrofe natural. Y eso, de dientes para afuera, porque la mayoría no cumple.

Monreal le puso el cascabel al gato, y hay que reconocerlo con la misma claridad con que se formulan las críticas.

Desde la reforma de 1996 viene mal la fórmula de reparto de dinero a los partidos, porque se les dio en exceso.

Ni se ha frenado la incursión del narco en las elecciones, como se dijo que ocurriría con el reparto millonario de recursos, ni ha mejorado la calidad de nuestra clase política.

Esa apertura ostentosa de la cartera presupuestal a los partidos, en la época de la peor crisis económica de las últimas décadas, se hizo para comprar lealtades al debilitado gobierno en turno.

Acostumbró a los partidos al exceso de dinero, al derroche y a la compra de votos.

De prosperar la iniciativa de Morena, habrá un hasta aquí en el dispendio de los partidos políticos. No se van a quedar en ceros, pero habrá racionalidad.

Faltan otros aspectos por rectificar en la malhadada legislación electoral.

Habría que permitir a particulares comprar espacios en radio y televisión durante las campañas electorales.

Los partidos tendrían que pagar su propaganda.

Pero lo que hizo Morena en el Senado es un buen inicio, y no es justo demeritarlo por lo que falta por modificar en las leyes electorales.

Viene un paso plausible, acertado y en la dirección correcta. Enhorabuena.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.