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Anni Albers

Anni Albers fue una filósofa que escribió varios libros que reflexionaban sobre el tejido y el diseño, reflexiona Patricia Martin.

Anni Albers fue una de las artistas textiles más importantes del siglo pasado. Nació un 12 de junio de 1899 en Berlín, en el seno de una familia judía. Desde chica le atrajo el arte y estudió pintura en varios talleres. Cuando llegó a la Bauhaus en 1922, Annie (entonces Annelise Fleischmann) quería estudiar pintura y vidrio pero sólo le ofrecieron un lugar en el taller de textiles, el cual tomó, y más tarde dirigió. En 1925, se casó con Josef Albers, quien era profesor en la Bauhaus, y tras el cierre de la institución por los nazis en 1933, se trasladaron a Carolina del Norte, donde fueron profesores en el Black Mountain College, escuela independiente que se convertiría en referencia del formalismo en Estados Unidos.

Es muy reciente, al menos en la escena europea y estadounidense, el reconocimiento de los textiles como una forma de arte, y el aporte de Albers fue crucial: su exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1949 fue la primera en mostrar arte textil o fiber art.

Los Albers, dos de las figuras más importantes del modernismo, hicieron entre 1935 y 1967 varios viajes a América Latina, donde se interesaron en las técnicas locales, y donde empezaron a reunir una importante colección de objetos prehispánicos. Igual que otros artistas de vanguardia, como los surrealistas, buscaron modos de expresión no contaminados por el academicismo occidental, y México ejerció una fuerte influencia en ellos. "México es la tierra prometida del arte" escribió Josef Albers a su colega Vasily Kandinsky en 1936, en tanto que Anni introdujo colores, formas y técnicas mexicanas, ampliando así las estrictas reglas que habían dominado su trabajo realizado en la Bauhaus.

Anni Albers fue una filósofa; mantuvo a lo largo de su vida una veta pedagógica, escribió varios libros que reflexionaban sobre el tejido y el diseño, así como sobre lo que significaba ser judía o estar casada con un artista tan celebrado como su esposo.

Las alfombras o los telares que creó son objetos que no están destinados a la contemplación, sino que tienen alguna función, como aislar el frío, impedir el paso de la luz, mitigar el ruido, o simplemente decorar, y además podían ser producidos en serie y de forma industrial. Su búsqueda de nuevos motivos, sus innovaciones en las tramas y en los tejidos replantearon también la figura del artista como un diseñador que trascendía una labor asociada tradicionalmente a la artesanía y a las mujeres. Los textiles de Albers plantean el arte como un producto, como un quehacer que se contrapone con la idea de una "esencia" artística, con la figura del genio asignada exclusivamente a los hombres, y que al día de hoy sigue siendo un bastión de la propaganda machista. Textil y texto tienen la misma raíz: remiten a la elaboración de un producto mediante la combinación de signos que se van superponiendo, que se van complejizando, que se van reforzando, y que al final pueden convertirse en una alfombra o una novela.

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